Aunque durante años los grandes medios se nutrieron de la «rivalidad» entre The Beatles y The Rolling Stones, pocas veces hablaron del respeto mutuo y genuino que se profesaban. George Harrison, el Beatle más silencioso y muchas veces subestimado, fue uno de los que mejor entendió la química detrás de esa competencia amistosa. Y si había una canción de los Stones que él reconocía como intocable, era «(I Can’t Get No) Satisfaction», sobre la que dijo: «No se puede superar ese riff».

En los primeros años, Harrison era mucho más que «el beatle tímido”. Su pasión por el skiffle y el rock and roll había sido el puente que lo unió a Paul McCartney en 1957, aunque el desafío mayor fue convencer a John Lennon. La convocatoria, realizada en la parte superior de un double decker (colectivo de dos pisos), terminó cuando Harrison tocó el riff de «Raunchy», el instrumental de Bill Justis. Ese gesto lo convirtió en el guitarrista de la banda y, con el tiempo, en el arquitecto de algunos de los temas más memorables: “Taxman”, “While My Guitar Gently Weeps”, “Here Comes the Sun” y “Something”.

Keith RichardsKeith Richards.

Ese oído quirúrgico para los riffs de guitarra explica también su respeto por Keith Richards. A diferencia de la narrativa que los medios fabricaron en los ’60, Beatles y Stones no vivieron enemistados; incluso los primeros les regalaron “I Wanna Be Your Man”, uno de los éxitos tempranos de los londinenses. Entre bastidores había camaradería y una admiración mutua. «Creo que es uno de los mejores guitarristas rítmicos del rock ‘n’ roll. No creo que sea muy bueno como guitarrista líder, pero… no puedes vencer el riff de ‘Satisfaction’”, dijo sobre Richards.

Para Harrison, no hacía falta ser un virtuoso para destacar. «Satisfaction» era un riff tan simple como imbatible. El propio Mick Jagger reconocería en 1995 que la canción «transformó a los Rolling Stones en un monstruo global». Por su parte, Keef siempre defendió a Harrison: «Tienes a Jimi Hendrix, a Eric Clapton… pero después están los tipos que pueden tocar con una banda». Para Richards, Harrison era un músico de equipo, un artista y un artesano.