Una microbiota abundante en bacterias productoras de un compuesto llamado butirato podría mejorar la eficacia de la terapia CAR-T frente al linfoma no Hodgkin. Así lo han demostrado investigadores del Hospital 12 de Octubre de la Comunidad de Madrid y de la Universidad Complutense de Madrid.
El estudio, que ha utilizado datos y muestras de 84 pacientes con linfoma no Hodgkin de cuatro hospitales de España, sugiere que se podrían administrar nuevas terapias con probióticos o compuestos como el butirato para complementar la inmunoterapia con el fin de mejorar la supervivencia.
El linfoma no Hodgkin de células B es un grupo de cánceres en los que los linfocitos B crecen de manera descontrolada en los ganglios linfáticos o en otros órganos. En España, tiene una incidencia aproximada de unos 20 casos nuevos por cada 100.000 personas al año. Aunque la supervivencia a cinco años vista es superior al 60 %, cuando los pacientes recaen o no responden al tratamiento inicial el pronóstico empeora.
“Lo primero que hemos visto es que cuando estos pacientes reciben antibióticos antes del tratamiento, las respuestas son peores, confirmando lo encontrado en otros trabajos”, ha explicado Roberto García-Vicente, investigador del Instituto de Investigación i+12 del Hospital 12 de Octubre y primer autor del trabajo, que ha sido publicado en la revista científica Clinical Cancer Research. “Pero lo más relevante que hemos observado es una asociación entre la diversidad y la riqueza de la microbiota y la respuesta a las terapias CAR-T. Es decir, que aquellos pacientes que tengan una microbiota más diversa y más rica son los que generan respuestas a más largo plazo”, ha añadido.
«Lo más relevante que hemos observado es una asociación entre la diversidad y la riqueza de la microbiota y la respuesta a las terapias CAR-T».
A partir de aquí, los investigadores han identificado un grupo de bacterias cuya abundancia era mayor en los pacientes con buena respuesta a las células CAR-T. Más concretamente, bacterias productoras de unas moléculas denominadas ácidos grasos de cadena corta; en especial, uno llamado butirato.
De esta manera, el butirato se posiciona como un biomarcador que predeciría la respuesta del paciente a la administración de la terapia CAR-T. Además, la investigación ha demostrado también en modelos in vitro e in vivo (de ratones) que este compuesto podría mejorar la eficacia de las células CAR-T.
En palabras del doctor García-Vicente, “cuando los linfocitos CART, que son unas células del sistema inmune del paciente y modificadas en el laboratorio para reconocer al tumor, se exponen a esa molécula hay una mayor activación de los linfocitos y una mayor capacidad de eliminar el tumor”.
«Cuando los linfocitos CART, que son unas células del sistema inmune del paciente y modificadas en el laboratorio para reconocer al tumor, se exponen a esa molécula hay una mayor activación de los linfocitos y una mayor capacidad de eliminar el tumor”.
“Aún faltaría hacer estudios clínicos para poder validar estos resultados”, ha indicado María Linares, investigadora de la Universidad Complutense de Madrid, del Grupo de Hematología del Instituto de Investigación i+12 del Hospital 12 de Octubre e investigadora principal de este trabajo. “A priori pensamos que mejorar la dieta podría tener un beneficio importante en la respuesta a las terapias, en concreto a la terapia con CAR-T y también podría tener un impacto muy relevante utilizar directamente compuestos como el butirato”, ha reconocido.
LAS CAR-T Y LA MICROBIOTA
Las células CAR-T se han convertido en una importante alternativa terapéutica para pacientes con linfoma no Hodgkin de células B, logrando tasas de remisión completa del 40-53%.
A pesar de estos resultados alentadores, la doctora Linares ha advertido que entre el 18 y 48% de los pacientes no responden inicialmente al tratamiento y otros recaen en los primeros meses tras su administración. “Por esta razón, tenemos una necesidad urgente de identificar biomarcadores y factores asociados con la respuesta para estratificar a los pacientes que podrían beneficiarse más de la terapia”, ha subrayado la especialista.
Aún así, y consciente de que queda mucho trabajo por hacer, “son resultados muy prometedores”, ha concluido la doctora Linares.
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