Carlos Prieto comenzó en el mundo de la pintura muy joven, siendo casi un adolescente. Se centró entonces en el óleo, a través de los consejos de Manolo Coronado, con el que empezó a recibir algunas lecciones, pese a que destaca que no fue «nada demasiado formal». Fundamentalmente autodidacta, el artista ha decidido ahora emprender un nuevo camino, centrándose en dibujos trazados en grafito sobre tela. El próximo viernes 12, de 18.00 a 21.00 horas, mostrará el resultado de esa nueva vía estética, que se escapa de sus trabajos más conocidos. La cita será en su propio estudio, en la calle Pere Nolasc 7A, donde ya presentó algunas propuestas anteriores.
«Creo que funciono mejor en el trazo suelto y en el dibujo, la verdad. Me parece que soy más yo, pero me ha llevado mucho tiempo reconciliarme y darme cuenta de que era justamente esto lo que debía hacer», destaca el pintor, que viene de trazar atmósferas decadentes y bohemias, relacionadas con «el París de finales del XIX y con una estética que ahora mismo veo más alejada de mis intereses». El autor explica que en su nueva producción se decanta por cuadros de carácter más «sobrio y minimalista» y que, pese a ser grandes formatos, «se resuelven solo con el blanco y el negro del dibujo».
La acción prevista mostrará también ese apartarse de la estética de los lugares que retrató en el pasado, a través de una forma simbólica de decir «adiós a los bares». En la exposición se podrán ver los visuales del artista sonoro Xisco Cabello (NTRVL), que realizará un mapping sobre la obra de Prieto para ofrecer «una experiencia multisensorial» en la que «la pintura se unirá a la luz y el sonido», según detalla el pintor. «Habrá una obra de gran formato, que es como la pieza beta de este nuevo proyecto, que imagino que tendrá más incidencia que mis piezas anteriores y que inaugura esta nueva estética», afirma el creador mallorquín.
A nivel temático, lo que subyace en estas obras es «la idea de la metamorfosis y la evolución, esa manera de renacer». Así, las formas trazadas remiten a la idea de la crisálida y la mariposa, que aparecen superpuestas encima de los rostros femeninos elegidos y dibujados por Prieto. A nivel técnico, destaca también el uso del óleo de forma secundaria, como una fórmula con la que realizar veladuras. «Las aplico sobre una laca que se usa normalmente para suelos y que me descubrió Ricard Chiang», señala el artista, que se siente «mucho más libre» con esta nueva manera de trabajar. Al aplicar el producto se crean unas dimensiones que le dan otra historia y otros volúmenes a la pieza».
Prieto reconoce, en esta nueva vía de su trabajo, sus propios límites técnicos en una apuesta honesta que le llevó a revisar su propia carrera y sus objetivos. «No he tenido un maestro ni he ido a clases de pintura. Siempre he sido muy intuitivo en el uso del color: primero meto algunos pigmentos, los verdes o los azules. En ese sentido no necesito la mezcla perfecta», destaca el creador, que ha decidido centrarse en «la magia de esos primeros trazos» y apostar, ahora, por este blanco y el negro que dará forma a su renacer como artista. Una evolución que va desde la crisálida de la decadencia decimonónica a la mariposa del minimal de sus trabajos actuales.