Hasta ahora se pensaba que las células
eran invadidas por virus, pero no es así: ellas ayudan
activamente a los virus a entrar en ellas porque son engañadas
por su comportamiento, y lo hacen a través de una especie de
danza que sólo ahora se pudo observar, gracias a una técnica
desarrollada en Japón.
La investigación coordinada por las Universidades de
Hokkaido y Nagoya y realizada en colaboración con el Instituto
Federal Suizo de Tecnología (ETH) de Zúrich.
Publicados en la revista Proceedings of the National Academy
of Sciences (PNAS), los hallazgos podrían convertirse en una
nueva herramienta para probar la eficacia de los medicamentos
antivirales en tiempo real y ayudar a estudiar el comportamiento
de otros virus y vacunas.
Las técnicas empleadas hasta la fecha para investigar estos
procesos proporcionaron imágenes simples o tuvieron una
resolución espacial demasiado baja para distinguir con precisión
los mecanismos implicados. Sin embargo, el nuevo método
desarrollado por investigadores coordinados por Nobuaki Sakai,
de la Universidad de Hokkaido, y Yohei Yamauchi, de la
Universidad de Nagoya, permite un seguimiento detallado de la
dinámica de entrada del virus en la célula.
Los autores del estudio se sorprendieron con lo que
observaron: las células eran todo menos espectadores pasivos.
Naturalmente, las células no se benefician de esta
participación activa, que facilita la entrada del virus, pero
esto ocurre porque los microorganismos pueden controlar un
mecanismo normal que se utiliza para absorber sustancias
vitales, como hormonas, colesterol y hierro, a diario.
Al igual que estas sustancias, los virus deben unirse a
moléculas específicas en la superficie celular, y cuando
encuentran el punto de entrada ideal, se forma una depresión en
la membrana que envuelve al microbio y lo atrae hacia el
interior.
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