Desde hace siglos, la humanidad ha perseguido no solo la extensión de la vida, sino también la posibilidad de atravesar los años con plenitud física y emocional. En la actualidad, la noción de longevidad saludable ha cobrado un significado aún más profundo: vivir más tiempo debe ir acompañado de un cuerpo que funcione de forma armónica, capaz de sostener energía, bienestar hormonal y calidad de vida. Dentro de esta mirada integral, la salud reproductiva dejó de percibirse como una cuestión que atañe únicamente al deseo de tener hijos para convertirse en un indicador clave del equilibrio orgánico general. Las hormonas sexuales, la función gonadal y los procesos metabólicos que las sostienen participan tanto de la fertilidad como del envejecimiento saludable, dos dimensiones que hoy se consideran estrechamente vinculadas.

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En este marco, la infertilidad se ha posicionado como una problemática sanitaria de creciente relevancia global. Se define como la incapacidad de lograr un embarazo tras mantener relaciones sexuales regulares sin protección durante al menos un año, y actualmente afecta a cerca del 15% de las parejas en edad reproductiva en el mundo. Y no se trata de un fenómeno aislado ni exclusivo de un solo sexo: cerca del 35% de los casos involucran exclusivamente factores femeninos, un 30% responden a causas masculinas, alrededor de un 20% comprometen a ambos integrantes de la pareja y un 15% siguen siendo catalogados como de origen incierto.

“Durante décadas se puso el foco casi exclusivamente en la edad, las infecciones o determinadas patologías orgánicas, pero sabemos que existen otros elementos de enorme peso que impactan directamente sobre la salud reproductiva”, explica para Estetic la Dra. Natalia Gennaro Della Rossa, ginecóloga experta en medicina antiaging y regenerativa, y miembro de la Junta de la Sociedad Española de Ginecología Estética, Regenerativa y Funcional (SEGERF). Entre ellos destacan el rol de la microbiota, la alimentación, el estrés crónico, el sedentarismo y la exposición cotidiana a toxinas ambientales.

«Sabemos que existen otros elementos de enorme peso que impactan directamente sobre la salud reproductiva»

LA FERTILIDAD MASCULINA Y FEMENINA, A EXAMEN

Según detalla la especialista, la fertilidad masculina enfrenta un deterioro documentado en países desarrollados, donde se ha observado una disminución aproximada del 60% en el conteo espermático en las últimas décadas. “Esta caída se vincula al tabaquismo, el consumo de alcohol y cannabis, el uso de esteroides anabólicos, el estrés emocional, la contaminación ambiental, la exposición a pesticidas y metales pesados, además de hábitos como el sedentarismo o la exposición prolongada a altas temperaturas”, señaló. Todos estos factores confluyen en procesos de inflamación testicular y oxidación celular que alteran la calidad del semen.

En las mujeres, aunque la edad continúa siendo el predictor más relevante debido a la disminución progresiva de la reserva ovárica, otros elementos también influyen de forma directa. “El estrés oxidativo ovárico, la obesidad, las dietas desequilibradas y patologías como el síndrome de ovario poliquístico o la endometriosis impactan tanto en la calidad de los óvulos como en la ovulación”, indicó la Dra. Gennaro Della Rossa. A esto se suman los disruptores endocrinos presentes en cosméticos, envases plásticos o productos de higiene que interfieren en el equilibrio hormonal.

LA EVALUACIÓN PREVENTIVA, DETERMINANTE

La evaluación preventiva también ocupa un lugar central en esta estrategia. En hombres se recomienda realizar análisis de semen que permitan medir concentración, motilidad, morfología y fragmentación del ADN espermático, perfiles hormonales que incluyan testosterona y ecografías testiculares para descartar alteraciones estructurales. En mujeres, los estudios hormonales como FSH, LH, estrógenos y progesterona, la ecografía transvaginal para evaluar la reserva ovárica y la medición de la hormona antimülleriana resultan herramientas clave. “La valoración de la microbiota intestinal y genital, y de marcadores de inflamación sistémica, se suma cada vez más como componente esencial del abordaje integral”, añadió.

En este contexto, el rol de la nutrición ocupa un capítulo decisivo. “Las dietas occidentales, con excesos de glucosa y grasas trans, generan desequilibrios metabólicos que deterioran la fertilidad tanto en hombres como en mujeres”, señaló. En contraposición, una alimentación rica en fibra, grasas saludables, proteínas de calidad, frutas, verduras, cereales integrales y frutos secos aporta antioxidantes fundamentales como vitaminas C y E, zinc, selenio, coenzima Q10, omega-3, polifenoles y melatonina, nutrientes que participan en la protección del ADN de los gametos y en la función mitocondrial.

«Las dietas occidentales, con excesos de glucosa y grasas trans, generan desequilibrios metabólicos que deterioran la fertilidad»

Además, el estrés crónico también emerge como un enemigo silencioso. “El aumento sostenido del cortisol altera la homeostasis hormonal necesaria para la reproducción; además, la ansiedad y la depresión reducen el deseo sexual y pueden disminuir la frecuencia de las relaciones, limitando las posibilidades de concepción”, señaló la especialista. Por ello, recomendó integrar prácticas de manejo del estrés como la meditación, el yoga o el acompañamiento psicológico.

El ejercicio físico moderado completa el pilar preventivo. “La actividad regular reduce la inflamación, mejora la circulación y modula rutas metabólicas esenciales para la fertilidad”. Sin embargo, la experta aclara que el exceso de entrenamiento en mujeres puede provocar amenorrea hipotalámica, por lo que el equilibrio vuelve a ser la clave. Con todo, no cabe duda de que “informarse es fundamental, siempre evitando caer en la ansiedad reproductiva”. Adoptar hábitos saludables, realizar chequeos periódicos y conversar en pareja sobre los proyectos reproductivos permite tomar decisiones a tiempo y cuidar no solo la posibilidad de tener hijos, sino también la salud hormonal que es clave para vivir más y mejor.

 

*Los contenidos de ConSalud están elaborados por periodistas especializados en salud y avalados por un comité de expertos de primer nivel. No obstante, recomendamos al lector que cualquier duda relacionada con la salud sea consultada con un profesional del ámbito sanitario.