En los años 50, el matrimonio Martín Gaite adquirió en el municipio de El Boalo un terreno, con la intención de construir una casa que sustituyera a la que la familia acababa de vender en la localidad orensana de San Lorenzo de Piñor. Afincados en una vivienda del número 35 de la calle de Alcalá desde hacía años, el padre y la madre de Carmen y Ana María Martín Gaite habían decidido no embarcarse más en esos largos y agotadores trayectos que requería un viaje a Galicia, por lo que una casa en las cercanías de la capital resultaba mejor solución.

A partir de entonces, la vivienda, construida con ese característico estilo arquitectónico de granito y madera de la sierra madrileña, se convirtió en el lugar para pasar fines de semana, puentes, vacaciones y, posteriormente, temporadas más largas. “A partir de que don José se jubilase, pasaban varios meses aquí y regresaban a la casa de Madrid cuando empezaba a hacer frío. Luego, cuando los padres fallecieron, la que se hizo cargo de la casa fue Anita, la hermana de Carmen”, apunta Patricia Caprile Trucchi, amiga de la familia, vicepresidenta de la Fundación Martín Gaite y encargada de la visitas guiadas que, una vez al mes, se organizan para conocer la casa.

Entrada de la casa.

“Empezamos a hacer las visitas ya en vida de Anita. La gente se presentaba y entraba porque ella siempre tenía la puerta de la cancela abierta y, claro, había veces que se presentaban a deshoras, como a la hora de comer. Aunque fuera su casa y su intimidad, Anita nunca sabía decir que no —recuerda Patricia Caprile—. Por eso decidimos que, una vez cada poco tiempo, dábamos cabida a una visita. Al principio, ella enseñaba la planta baja, que era donde vivía, y a mí me mandaba a la parte de arriba, a enseñar la torre, que es donde están todas las cosas de Carmiña, aunque ese espacio ella no llegó a conocerlo, sino que fue un espacio que Anita hizo para albergar todas esas pertenencias después de que ella muriera”.

A pesar de que El Boalo era la vivienda familiar y de que Carmen Martín Gaite acudía con frecuencia, la escritora nunca ocultó su preferencia por la vida de la ciudad y por su piso de la calle Doctor Esquerdo. De hecho, tras la muerte de sus padres y de su hija, Marta Ferlosio Martín, la escritora decidió no volver a El Boalo por una larga temporada.