Una caída de Van der Poel ahora podría cambiar el destino de muchas cosas
Hay quien dice que es fortuna, otros hablan de un dominio del oficio como pocos.
Sea suerte, sea instinto, sea la magia que le acompaña desde cadete, lo cierto es que Mathieu Van der Poel volvió a burlar al destino en una de esas escenas que quedan grabadas: entrenando en Jávea, donde lleva años afinando la pretemporada, el campeón neerlandés se salvó de una caída que podía haber sido muy fea.
Todo ocurrió cuando iniciaba un sprint junto a Anatole Leboucher.
Apretó el líder del Alpecin-Premier Tech, se puso en modo animal, y entonces el cambio decidió traicionarlo.
Un latigazo seco, brutal, de esos que tumban a cualquiera.
La bici se cruzó, serpenteó, y Mathieu bailó sobre el abismo, sosteniéndose en equilibrio gracias a algo que no se entrena en el gimnasio: una habilidad técnica fuera de lo común, capaz de enderezar lo que para otros sería caída segura y daños severos.
Si se salvó fue por reflejos, sí, pero sobre todo por ese manejo innato que lo ha acompañado toda la vida.
Y la escena deja otra reflexión inevitable: lo mucho que arriesga esta gente.
Entrenan a velocidades indecentes, juegan con mil variables, conviven con el peligro como si fuera un vecino más.
Cada salida es una ruleta, y aun así siguen empujando, porque en ese riesgo reside también su grandeza.
Quizá por eso esta salvada tiene un peso especial.
Porque lo que se juega Van der Poel en las próximas semanas es enorme.
En el horizonte inmediato asoma el ciclocross, su terreno sagrado.
El domingo próximo debutará en Namur, una catedral del barro.
Allí comenzará a perseguir algo mayúsculo: su octavo título mundial, un logro que lo colocaría en un pedestal reservado a los elegidos de verdad. Ocho. Casi irreal.
Pero la temporada no termina ahí. Cada susto como el de Jávea puede comprometer algo aún más delicado: su camino hacia Milán–San Remo, una carrera que obsesiona por igual a él y a Tadej Pogačar.
Para enfrentarse al esloveno en la Via Roma hace falta llegar al 110%, sin un milímetro de error.
Un accidente ahora, en pleno invierno, podría descuadrarlo todo.
Por eso la salvada de hoy no es anécdota.
Es aviso. Van der Poel camina sobre el filo de la historia… y del peligro.
Y cada vez que logra mantenerse en pie, seguimos teniendo permiso para creer en lo extraordinario.
Imagen: A.S.O./Billy Ceusters


