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«Es un torpedo en la línea de flotación del sanchismo y no lo vamos a soltar». Es la advertencia que sale de la dirección del partido que cree que el caso Salazar puede ser la puntilla a los escándalos sexuales y de corrupción que acechan a Pedro Sánchez y que puede suponer un golpe definitivo en el voto femenino que le llevó a Moncloa. Un escándalo que los populares atribuyen también a vendettas, luchas internas y fuego amigo en el peor momento del sanchismo.
Para empezar, el PP va a citar en la comisión de investigación del caso Koldo en el Senado a Paco Salazar, al que han rebautizado como «el quinto del Peugeot», para que explique «por qué Sánchez le protegió» y no le dan ningún valor al cese de su número dos, Antonio Hernando. «Sánchez quiere silenciar el escándalo sexual con ceses de tercera, pero las víctimas no merecen que se esconda», advertía la portavoz en el Senado, Alicia García.

«Lo grave para Sánchez es que llueve sobre mojado», continúan los populares que recuerdan el bache en el apoyo de las mujeres que reflejaron los sondeos tras filtrarse las vomitivas conversaciones entre Ábalos y Koldo sobre mujeres prostituidas. Y, por si no hubiera sido suficiente, ahora estalla un caso que afecta al corazón de la presidencia del Gobierno
«No es un caso aislado. Sánchez se rodea de hombres con un patrón determinado de conducta», destacan desde la dirección popular que creen que este último caso deja herido de muerte el discurso feminista del presidente del Gobierno y del PSOE. Los populares ven prácticamente irreversible que muchas mujeres puedan volver a confiar en el sanchismo, por mucho que ahora «hagan el paripé de culminar el expediente contra Salazar que, al final se va a ir de rositas».
La Fiscalía: la prueba del nueve contra Salazar
«Todo lo que no sea llevar a Salazar a la Fiscalía, es encubrirle». Este va a ser el gran argumento de los populares en su cruzada contra las denuncias de acoso sexual contra Paco Salazar. Qué ahora Sánchez alegue que el PSOE no lleva esas denuncias a la Fiscalía porque pondría en el «disparadero» a unas mujeres que quieren conservar su anonimato, contradice además toda la doctrina socialista contra el acoso sexual: hay que denunciar para que los acosadores no queden impunes.

Y aquí es donde surgen para los populares las grandes incógnitas de este escándalo sexual: ¿Qué teme Pedro Sánchez para no llevar a Paco Salazar ante la fiscalía?, se preguntan desde la dirección del PP. No hay que olvidar que Salazar era un hombre de la más estricta confianza de Sánchez y de los pocos que tenía acceso directo a él. En este contexto, es más que elocuente la comida que mantuvo la ministra Pilar Alegría con Paco Salazar a principios de noviembre cuando ya era público es escándalo.

Y la otra gran pregunta que se hacen los populares también va directa a la línea de flotación de este escándalo: ¿qué lleva a unas trabajadoras de Moncloa a denunciar de manera valiente a Paco Salazar y unos meses después no querer llevarle a la fiscalía? Para los populares, está es la incógnita para la que buscan respuesta porque no parece una actitud muy «coherente». En el nuevo destino laboral al menos de una de ellas, se puede encontrar la explicación.
Los daños colaterales del caso Salazar
La denuncia de acoso sexual contra Salazar, y a la espera de ver cómo se zafa el sanchismo de llevarlo a la Fiscalía, está dejando daños con nombres y apellidos, además de la profunda herida que ha abierto entre el PSOE, las feministas y el voto de las mujeres.
Para empezar dos ministras y candidatas a las próximas elecciones en Aragón y en Andalucía, se ven afectadas de lleno. Pilar Alegría, no solo por defender en un primer momento a Salazar sino porque comió con él a principios de noviembre cuando las denuncias de acoso ya eran públicas.
El PP va a buscar también que la relación de complicidad de María Jesús Montero con el asesor áulico de Sánchez impacte en su candidatura a la Junta de Andalucía y más cuando en su federación se ha producido otro caso de acoso, esta vez protagonizado por el secretario General de Torremolinos, Antonio Navarro.

La indignación en el Partido Socialista se dirige también a Rebeca Torró, secretaria de Organización, para quién no solo mujeres sino también afines al sanchismo, reclaman su cabeza por la pésima gestión de la crisis y su completa inacción. La delegada del Gobierno en la Comunitat Valenciana, Pilar Bernabé, con máximo responsable de igualdad. Un escándalo de vendettas internas, fuego amigo en el que internamente se ve incluso el jaque mate definitivo de Pedro Sánchez.