Hasta cinco personas han muerto y otra ha desaparecido en los últimos días tras los golpes de mar que han azotado Canarias. A pesar de que se encontraban activas las prealertas por fenómenos costeros, los servicios de emergencias no pudieron impedir la tragedia en un accidente que ya se alza como el más grave de este tipo en los últimos 15 años en las islas, pero, ¿qué ocurre? ¿Por qué sigue muriendo gente por este motivo?
La realidad es que el 65 % de las víctimas mortales de este año en el archipiélago se metió en el agua o acercó a la costa de forma peligrosa cuando había activa una prealerta o alerta meteorológica. Así lo explica Sebastián Quintana, presidente de la plataforma de concienciación sobre los peligros del mar Canarias, 1.500 km de Costa, que desde hace más de una década recopila datos sobre este tipo de accidentes y realiza charlas en colegios
A su juicio, se trata de «una prueba del algodón» que indica el grado de imprudencia e inconsciencia y pone de manifiesto el desconocimiento del turista de que las olas llegan a la costa por series: piensan que en los dos o tres minutos en los que el mar se queda quieto ya no van a llegar más olas «y es entonces cuando se acercan a hacerse un selfie».
Falsa sensación de seguridad
Quintana advierte de que el 95% de las víctimas en entornos como las piscinas naturales son turistas. Los cuatro que perecieron en la piscina natural de Isla Cangrejo, en Los Gigantes (Tenerife), también lo eran, como el resto de los que estaban bañándose en ella este domingo, a pesar de que estaba vallada y clausurada. Estas zonas de baño naturales de Canarias (hay unas 200 en el archipiélago) atraen cada año a miles de bañistas, pero generan una falsa sensación de seguridad, sobre todo en los turistas extranjeros, la mayoría europeos.
«Los turistas ven que hay mala mar fuera del entorno de esa piscina natural, ven oleaje, corriente y viento, pero consideran que dentro del perímetro de la piscina natural están a salvo y seguros«, detalla. No obstante, cuando hay una prealerta o alerta, estas piscinas naturales se convierten en «trampas mortales«, alerta.
El presidente de la asociación explica que, cuando hay mar de fondo o viento, las olas que llegan a estos entornos naturales aumentan la masa de agua en su interior y se eleva el nivel de mar, perdiendo los bañistas la sujeción de los pies en el fondo. «Esa masa de agua se expande en forma de abanico a gran velocidad y con gran fuerza y, al tocar tierra, rebota contra las rocas, se orienta en sentido contrario, desde tierra a mar adentro, y ahí todo lo que coja en medio lo va a arrastrar de forma rápida y violenta», detalla.
Quintana indica que la piscina natural en la que fallecieron este domingo cuatro personas es una zona volcánica rodeada de arrecifes y rocas afiladas: «Son auténticamente cuchillos«. De modo que, cuando los bañistas son expulsados hacia mar abierto por el golpe de mar sufren traumatismos en diversas zonas del cuerpo, especialmente graves si son en la cabeza. «Eso va a hacer que pierdas el conocimiento y vas a perder la vida irremediablemente por ahogamiento», explica. Además, indica que en este mismo lugar, hace unos 20 días, entre siete y ocho personas resultaron heridas y hace unos meses murió otra persona.
Falta de comunicación y ‘modo avión’
También ha fallecido este lunes, en el sur de Lanzarote, un italiano mientras pescaba, arrastrado por un golpe de mar junto a otro compañero, que pudo sobrevivir. Estos dos accidentes tienen lugar después de que el 8 de noviembre otras tres personas murieran en Tenerife y 15 más resultaran heridas por golpes de mar en varios accidentes ocurridos en la misma jornada.
El más grave sucedió en el muelle de Puerto de la Cruz, cuando una gran ola arrastró al mar a 10 personas, una de las cuales falleció. Dada la situación, el presidente de Canarias, 1.500 kilómetros de costa reconoce que no comprende el comportamiento de las víctimas, en el sentido en que estos espacios están vallados durante las alertas y hay carteles de advertencia. Además, todos son adultos de entre 35 a 60 años.
Pero señala que, en el caso de la piscina de Santiago del Teide, no hay socorrista, lo que considera una medida que podría tener un efecto disuasorio. Quintana también explica este comportamiento señalando que los turistas llegan a pasar sus vacaciones a las islas en ‘modo avión’; es decir, «en su cabeza no pasa la posibilidad de un riesgo, un accidente y menos la muerte» porque están «absolutamente relajados».
Considera, igualmente, que las alertas no llegan a los turistas y propone que en los hoteles habiliten unos carteles en la recepción que adviertan: «Hoy no acuda a la playa, no se bañe en la costa o no se acerque a estos puntos de costa porque puede sufrir un accidente». El fundador de esta plataforma de prevención de ahogamientos remarca que las costas Canarias son seguras y que es el problema estriba en los comportamientos imprudentes y negligentes. «Los medios de atención de emergencias, sanitarios y de socorrismo en Canarias son de primer nivel internacional, pero no podemos poner a un socorrista detrás de cada bañista», concluye.