«Al oeste en Filadelfia, crecía y vivía sin hacer mucho caso a la policía». Si no has leído esta frase cantando, seguramente seas demasiado joven para conocer ‘El Príncipe de Bel-Air’, la mítica serie de los 90 que dio a conocer a Will Smith al mundo entero.

En la ficción creada por Andy Borowitz y Susan Borowitz y producida por la cadena NBC, el actor y rapero estadounidense interpretaba a un adolescente también llamado William Smith, que no paraba de meterse en líos. Así, tras tener problemas con un matón de su barrio, su madre le envía a vivir en Bel-Air con unos parientes ricos para evitar que se meta en problemas y, a la vez, pueda tener una buena educación que ella no puede darle.

Sin duda alguna, fue una de las producciones que más huella dejó en televisión. Ahora, casi tres décadas después, Will Smith ha vuelto a retomar su papel, con un cameo en la serie Bel-Air, una reinvención de la comedia original. Creada por Morgan Stevenson Cooper junto a Malcolm Spellman, TJ Brady y Rasheed Newsony, fue llevada a la pantalla por Peacock TV en 2022.

La aparición se ha producido esta semana, cuando se ha emitido el episodio final de la cuarta temporada, que ha visto al intérprete en los minutos finales, actuando como una versión de su yo futuro para convencer al joven Will de que cometer errores es parte de la vida. «Créeme, vas a meter la pata y a hacer algunas tonterías. Pero eres humano: aprenderás, crecerás», se le escucha decir. «La vida pasa rápido, tío, intenta disfrutar del viaje».

Para disipar las preocupaciones del joven Will sobre regresar a Filadelfia como estudiante de la Ivy League en Pensilvania, junto al temor de perder a la persona en la que se ha convertido durante sus años en Bel-Air, el experimentado Will le asegura un futuro brillante. «Te contaré un pequeño secreto: todo va a ir bien», le comenta mientras contemplan Los Ángeles y chocan los puños.

En definitiva, un emotivo encuentro en la pantalla que, más allá de ser un simple guiño para los seguidores de la producción original, sirve como el broche de oro simbólico para cerrar una temporada más de ‘Bel-Air’.