Rusia es el país más grande del mundo. Un territorio vastísimo de 17 millones de kilómetros cuadrados y sin montañas al oeste. Una vulnerabilidad geográfica histórica que, según el periodista británico Tim Marshall, es una de las razones que explican por qué Vladímir Putin decidió invadir Ucrania el 24 de febrero de 2022. En este nuevo capítulo del podcast ‘Diario de Ucrania’ analizamos las claves geográficas de la guerra con el autor del libro ‘Prisioneros de la geografía’, que acaba de reeditar la editorial Península.

Marshall juega en su libro a imaginarse a Putin obsesionado con la forma de un gran trozo de pizza. Esa es la forma de la Gran Llanura Europea que comienza a ensancharse en Francia hasta que se estrecha en Polonia. «Por ese hueco es por donde Rusia ha sido atacada históricamente. Una vez que se atraviesa Polonia se abre de nuevo un terreno llano muy amplio, donde están Bielorrusia y Ucrania. Controlar esa zona ha sido la gran obsesión histórica de los líderes rusos. Rusia siente que no puede controlar Polonia, así que intenta controlar Ucrania. Y como no puede controlar Ucrania, toma medidas drásticas, que es lo que ha ocurrido con la invasión», explica Marshall.

El periodista considera que el principal objetivo de Putin con la invasión de Ucrania es volver a tener una zona de protección en el oeste. «Es lo que siempre ha sido. Ucrania es un país muy grande y si lo controlas tienes una enorme zona de seguridad antes de llegar a Rusia. Los dos centros de poder de Rusia, San Petersburgo y Moscú, se encuentran en esa llanura que se extiende hasta los Urales, por eso es importante para los rusos que delante de esos dos centros de gravedad haya una zona de protección».

¿Qué más busca Putin en Ucrania?

Además de protegerse en el flanco occidental de su frontera, Marshall cuenta que otro de los objetivos de Putin es encontrar más salidas al océano. Actualmente solo controla un puerto de aguas cálidas, el de Sebastopol, en Crimea. «Rusia se siente bastante encerrada y siente la necesidad de expandirse. Porque para poder llegar al océano tiene tres opciones: o atravesar la capa de hielo del norte o salir a través del mar Báltico o del mar Negro, y eso implica pasar por delante de zonas controladas por países de la OTAN», recuerda.

Hay más razones. Controlar Ucrania significa tener acceso a sus minerales y a su trigo. Y algo más simbólico que material. «Para Putin es vergonzoso tener una democracia incipiente al lado. Ucrania es una democracia imperfecta, un país corrupto. Sin embargo, es una democracia joven que intenta crecer. Y si tuviera éxito, dejaría a Putin en mal lugar por comparación», añade.

Marshall explica en su libro que Rusia ha suplido en las últimas décadas esas vulnerabilidad geográfica con su petróleo y su gas, lo único que, según él, han permitido al país no ser una potencia mucho más débil. Pero esa arma ha ido perdiendo fuerza desde que comenzó la invasión. «Los europeos fueron muy miopes y débiles al apostarlo todo por el gas y el petróleo rusos. Los alemanes creían que si comerciaban con Rusia, Rusia cambiaría. Y los rusos atrajeron a todo el mundo con acuerdos razonablemente buenos y suministros relativamente baratos y fiables y, cuando llegó el momento, utilizaron ese poder para impedir que tomáramos medidas más firmes de las que podríamos haber tomado».

El despertar de Europa en febrero de 2022

Europa ha aprendido esa lección y poco a poco ha ido encontrando suministros alternativos para no depender de Rusia, pero es el mejor ejemplo, según Marshall, de que los europeos llevaban años dormidos hasta que se despertaron abruptamente en febrero de 2022. «Cuando acabó la Guerra Fría, la mayoría de los europeos se tomaron unas vacaciones de la historia. A medida que van pasando las décadas y no hay guerras, Europa piensa que eso es lo normal. Cuando en realidad, ese maravilloso periodo post Guerra Fría fue lo anormal. No se pueden analizar los últimos 30 años sin tener en cuenta los últimos dos mil años. Y si ignoras los 1970 años de problemas que hemos tenido en Europa, no vas a entender que tarde o temprano esos problemas van a volver», razona Marshall.

Europa reaccionó entonces con rapidez y contundencia, ofreciendo a Ucrania apoyo político, económico y militar, pero cuatro años después, la sensación es que el letargo está volviendo al Viejo Continente. «El problema es que nos estamos cansando de nuevo y sí, parece que volvemos a dormirnos. Después de cuatro años ayudando a Ucrania, hay una clara división en Europa a raiz de que Estados Unidos nos haya dejado claro que este es un problema nuestro. Hay una división entre países más cercanos a Rusia, como Polonia o los bálticos, y otros como España o Portugal, que lo ven desde más lejos y se preguntan hasta qué punto tienen que involucrarse».

El objetivo de Trump

Marshall cree que la propuesta de paz de Trump ejemplifica que hemos dejado atrás la era posterior a la Guerra Fría y hemos entrado en una nueva era en la que Estados Unidos ha dejado de estar preocupado por Rusia y quiere fijar su atención en China y el Pacífico. «Estados Unidos ha llegado a la conclusión de que Rusia no es una amenaza. Según esa lógica, Trump se pregunta: ‘¿por qué vamos a subvencionar a los europeos para defender parte de Europa?'».

Y añade otra razón: la de que Trump sigue creyendo en las esferas de influencia. «Él entiende que América Latina es el patio trasero de Estados Unidos y que Europa sigue siendo una zona de Rusia. Además, lo entiende todo bajo un prisma comercial, no se trata solo de lo que es moral y correcto, sino de si Estados Unidos puede sacar un buen provecho económico», subraya, Marshall, que cree que es fundamental que Ucrania y los europeos no se plieguen a las exigencias de Trump.

Marshall incide en la importancia de que Ucrania no ceda a Rusia «el cinturón fortaleza del Donbás» porque es muy valioso desde el punto de vista estratégico. «Es la única zona elevada que les queda. No es particularmente alta, pero es más fácil de defender. Las ciudades son defendibles y por eso a los rusos les está costando tanto tomarlas. Cederlas sería como abrir una puerta y decir: ‘Cuando volváis, la puerta estará abierta, no habrá nada que os lo impida y podréis atravesar todo el país». Si los ucranianos firman un acuerdo que cede esos territorios, lo único que estarán haciendo será escribir una larga nota de suicidio».

El periodista también ve fundamental que el acuerdo recoge unas garantías de seguridad sólidas que disuadan a Rusia. «Si no hay garantías de seguridad, Rusia nos dará unos pocos años antes de volver a empezar, y la próxima vez estarán en la frontera polaca. E incluso entonces puede que no se detengan ahí. Tenemos que decirle a los rusos: si nos invadís de nuevo, lucharemos», concluye.