A Constantina Asunción Varela Castañeda todo el mundo la conocía por Tinuca, vecina ejemplar, trabajadora, entregada a los suyos y siempre con tiempo para los … demás, siempre pensando en los que la rodeaban y los que no, especialmente en sus hijas, Tina y Reyes, como demostró hasta el último minuto de su vida.

Murió por una sufrida y larga enfermedad, esclerosis lateral amiotrófica, ELA, y tras decidir que había llegado el momento, por no poder asumir el coste familiar y económico que suponían sus cuidados. Un gesto más de la generosidad de una mujer que trasmitió ese espíritu de lucha a sus hijas, eso y sus tremendas ganas de vivir.

Nació en agosto del año 1955 en Los Corrales de Buelna, en el barrio de Lombera, en su casa. Era hija de Gildo Varela, en su día apodado ‘el alcalde del Bardalón’, otro de los viejos barrios de Los Corrales. Dos lugares que han llorado el fallecimiento de una mujer a la que echaban de menos por la alegría que trasmitía, pero a la que seguían de cerca, preguntando por una enfermedad que apenas la dejaba ya moverse.

Al poco tiempo de tener a sus dos hijas enviudó y fruto de su arrojo y coraje dio un paso adelante para salvaguardar su familia. Desde ese momento dedicó todos sus esfuerzos a convertir a Tina y Reyes en las mujeres queridas y reconocidas que hoy son, tan trabajadoras y generosas como lo fue su madre, que no ocultaba el orgullo que sentía por ellas. Valientes y con coraje, como lo fue ella.

Trabajó en el Hotel Suances como gobernanta hasta que se detectó su enfermedad. Dentro y fuera fue querida por todos los que la trataban por su carácter bondadoso y afable, su amor por la familia y su desinteresado afán por hacer el bien allá donde estaba.

Una vida marcada también por un sentido del humor que se contagiaba, a pesar de los embates que le dio la vida. Algo que se notaba en las redes sociales, porque se movía con soltura (mientras sus manos se lo permitieron) en Tiktok.

«No ha hecho otra cosa que vivir para sus hijas, algo que dignifica aún más su último sacrificio, renunciar a una traqueotomía que podría haber alargado su vida, pero también, como ella creía, la agonía de Tina y Reyes». En sus últimas horas pudo ver pájaros en su ventana del Hospital de Sierrallana, la estación espacial internacional sobrevolando el edificio a las 07.30 horas de la mañana, y nieve y granizo en toda Cantabria. De su querida Virgen de las Nieves y la de Santa María la Mayor. Señales, por cielo y tierra, de la marcha de una mujer buena.