En 1990, Nueva York estrenaba el primer alcalde negro de su historia, David Dinkins. Un incendio intencionado en un club del Bronx mató a 87 … personas, la mayoría inmigrantes, y la epidemia de crack alcanzó su pico. Hubo 2.245 homicidios, récord histórico, y las escuelas más conflictivas de la ciudad instalaron detectores de metales en la entrada. Aquel año, tres artistas vascos se empapaban de una energía que con la eclosión de internet y la globalización ya nunca volvería a ser la misma.

Txomin Badiola, Darío Urzay y Pello Irazu habían coincidido en la (todavía) Escuela de Bellas Artes de la UPV. «Recuerdo perfectamente el día que conocimos a Pello, que es un poquito más joven que nosotros, a la salida de una asamblea», rememora Urzay. «Desde entonces hemos mantenido una relación de amistad muy estrecha». Su huida de la Euskadi de los 80, sumida en el paro, la crisis y el terrorismo, tuvo como primera parada Londres. Allí expusieron juntos por primera vez en los Riverside Studios en 1989. Ahora lo hacen por segunda vez, 36 años después, en la galería Michel Mejuto de Bilbao.

La muestra ‘Txomin Badiola, Pello Irazu, Darío Urzay. Nueva York, primeros años 1990-92’, abierta hasta el 31 de enero, reúne una veintena de obras creadas en la ciudad de los rascacielos en aquel tiempo. Badiola y Urzay aterrizaron en enero de 1990 y compartieron un loft en la calle 4, lo que hoy se conoce como el barrio chic del NoHo. Irazu llegó dos meses después y alquiló un espacio en la calle Chambers. «Vivimos allí los mismos años, siempre muy cerca y con bastante relación cotidiana. Era casi como vivir en Bilbao», ironiza Urzay.

Darío Urzay en Nueva York en 1990.

Darío Urzay en Nueva York en 1990.

El Correo

Los tres son hoy artistas consagrados, cuya carrera no hubiera sido igual sin la década que pasaron en Nueva York. «Las 19 obras expuestas tienen diferentes formatos y están hechas con técnicas variadas, aunque interactúan entre ellas. Sus personalidades son muy distintas, pero curiosamente el conjunto está armonizado», remarca el galerista Michel Mejuto. Algunas se han visto en museos como el Guggenheim y el Reina Sofía; otras, como las que pertenecen a Urzay, permanecían inéditas. «Los tres tienen una trayectoria consolidada, con obra en museos y colecciones privadas. Los tres han sido maestros de artistas y son una referencia del arte vasco. Nueva York supuso un momento de giro, de cambio de ciclo. Hasta entonces, la referencia para nuestros artistas había sido París. Y ellos entran en contacto con el arte y la sociedad norteamericana en un momento de primera madurez, a los 30 años», explica Mejuto.

La Guerra del Golfo, el sida, Clinton y Lewinski, Rodney King, O. J. Simpson… El trío de artistas vascos vieron en vivo a Nirvana y Sonic Youth. Recorrieron el MoMa y el Metropolitan, Tower Records y el CBGB. «Nueva York fue para nosotros una experiencia artística, pero sobre todo vital», remarca Pello Irazu. «Vivimos allí una década en una ciudad muy activa en todos los niveles. Haber vivido eso es una experiencia muy importante». Tuvieron además la fortuna de exponer muy pronto en galerías estadounidenses. «Visto con distancia, te das cuenta ahora de que estabas en el mismo caldo de cultivo que artistas americanos. Hicimos una vida naturalizada con el lugar, con el arte como vehículo. Estuvimos vivos», agradece el artista de Andoain.

«Nueva York era el sitio al que había que ir. Era América pero no lo era», matiza Irazu. «Esta exposición no quiere ser nostálgica, pero nos sirve para medir cómo afecta el tiempo a nuestro trabajo». ¿Por qué volvieron a Euskadi? «Hay una cuestión existencial, vivencial. Nueva York es un sitio para vivir en un momento, el momento que coincida con cada uno. Cumples ciclos. No hay mucha gente que dure en Nueva York. Y ha habido un cambio brutal, ahora es otro mundo, hay más turismo y el dinero manda. Nosotros asombrosamente pudimos vivir de una manera natural, entonces el dinero era necesario, pero no fundamental».

Darío Urzay, Pello Irazu y Txomin Badiola en la galería Michel Mejuto junto a algunas de las obras expuestas.

Yvonne Iturgaiz

Imagen principal - Darío Urzay, Pello Irazu y Txomin Badiola en la galería Michel Mejuto junto a algunas de las obras expuestas.

Imagen secundaria 1 - Darío Urzay, Pello Irazu y Txomin Badiola en la galería Michel Mejuto junto a algunas de las obras expuestas.

Imagen secundaria 2 - Darío Urzay, Pello Irazu y Txomin Badiola en la galería Michel Mejuto junto a algunas de las obras expuestas.

Los tres amigos llegaron a Nueva York coinciendo con la muerte de Keith Haring. Andy Warhol lo había hecho tres años antes y Jean-Michel Basquiat dos años atrás. «Nosotros tenemos más que ver con la siguiente generación, la de Cindy Sherman, Sherrie Levine, Jeff Koons, Julian Schnabel…», enumera Txomin Badiola.En la era preInternet, el mercado del arte no estaba globalizado y todavía era posible mezclarse con artistas locales en galerías y exposiciones. Ellos fueron la cuña que abrió el camino a la siguiente generación de artistas vascos. A finales de los 90, Badiola también sintió que era tiempo de volver tras vivir «la etapa más feliz» de su vida. Si hubiese mantenido el loft que compró en la calle 4, hoy sería rico.

«Los alquileres eran tan altos que salía mejor hipotecarte. Pero en 1998, tras volver de dar un curso en Arteleku, me hice la gran pregunta. ¿Quería vivir en Nueva York toda la vida? Hay extranjeros que se quedan colgados allí, que no saben por qué viven», justifica. Su loft pasó de ser ocupado por artistas a yuppies que lo compartimentaron. «Hoy esa casa solo es asequible a millonarios».