Desde Arkale retrocedemos para bajar a Oiartzun y tomamos una carretera asombrosa: la que lleva a Lesaka por los puertos de Aritxulegi y Agina, recorriendo 19 kilómetros por unas montañas en las que apenas hay unos pocos caseríos desperdigados, con un trazado sinuoso que se sumerge en los bosques, se apoya en muros y contramuros para bajar a los barrancos, y atraviesa un túnel de fama negra. Cuatro mil presos abrieron este itinerario endiablado con pico, pala, dinamita y carretillas, como ruta militar alternativa para desplazar tropas al valle fronterizo del Bidasoa si tocaba repeler una invasión. El túnel de Aritxulegi, justo en la cima del puerto, fue el escenario de los sufrimientos más atroces. Los presos picaban el granito a mano para colocar cartuchos y volar la piedra. Debían perforar sesenta centímetros diarios, bajo amenaza de castigos, jornadas nocturnas, más hambre. Segundo Pagadizabal, un carretero que vio a Franco cuando vino a inaugurar el túnel en 1948, recordaba cómo a veces aparecía algún esclavo en su caserío: