La bajada de tipos que ha llevado a cabo la Reserva Federal ha quedado en un segundo plano tras conocer los detalles de la decisión que ha tomado el banco central en la reunión de diciembre. El organismo también ha anunciado que empezará a comprar bonos del Tesoro de nuevo, una decisión que recuerda a los programas ‘Quantitative Easing’ del pasado, pero con un matiz importante: sólo comprará bonos de corto plazo, principalmente letras del Tesoro. La Fed ya había anticipado la posibilidad de empezar a hacer esto, y la lectura de las actas de la reunión de octubre dejaron claro que estaba en las intenciones de la institución. Se trata de un movimiento con varias implicaciones, para los mercados financieros, para el Gobierno estadounidense, pero, sobre todo, para la banca, que lleva ya meses dando señales de una escasez de liquidez que preocupa al banco central.

Wall Street había recibido la bajada de tipos con un bostezo, pero la ‘letra pequeña’ del comunicado de la Fed ha desatado una subida superior al 1%. ¿Por qué? La clave está en que el banco central ha dado un paso para flexibilizar aún más su política monetaria: anuncia que las compras de bonos del Tesoro estadounidense comenzarán de inmediato, un movimiento que aumentará la liquidez de los mercados y que supone un estímulo encubierto.

Powell ha explicado que se comprarán principalmente bonos de corta duración, sobre todo letras del Tesoro, algo que encaja con la intención del banco central de evitar inflar su balance de nuevo con bonos con vencimientos largos. Esta posibilidad estaba sobre la mesa en las últimas semanas, después de que la Fed haya visto señales de tensión de liquidez en el mercado interbancario estadounidense.

En las actas de la reunión de octubre, el banco central ya recogió las preocupaciones del Comité por las señales de falta de liquidez que estaba dando el mercado, algo que se ha apreciado al ver cómo el tipo de financiación garantizado a un día (el SOFR, el precio que pagan los bancos por la liquidez a un día) se mueve de forma constante por encima del tipo de interés que paga la Fed a los bancos por dejar su dinero en reservas del banco central, el llamado IORB, o tasa de interés sobre los saldos de reserva. Esto suele ser una señal de escasez de liquidez para la banca, y la Fed, como organismo supervisor del sector, ha querido cortarlo de raíz.

La decisión del banco central flexibiliza aún más su política monetaria, y se basa en que las reservas bancarias ya no son «abundantes», sino que son «amplias», un grado menor en su escala. Powell ha explicado en la rueda de prensa que «las compras de bonos pueden ser «elevadas» durante varios meses, antes de que empiecen a desacelerar, e insiste en que esta decisión sólo se ha tomado para mantener un nivel de reservas «amplio» en el futuro, algo pensado para evitar problemas de liquidez en la banca.

Comprará bonos de corta duración

El anuncio de la Fed recuerda a los programas ‘QE’ del pasado, pero tiene una diferencia importante frente a estos: las compras que llevará a cabo el banco central sólo serán de bonos de corta duración, «sobre todo letras del Tesoro», en palabras del propio Powell. La decisión de no comprar bonos de larga duración puede tener que ver con las consecuencias negativas que tuvo en el pasado el inflar el balance de la Fed con vencimientos largos: cuando se empezó a desmantelar el balance, en el año 2022, para intentar contrarrestar la inflación desbocada, la reacción del mercado fue muy virulenta, dando lugar al peor año de la historia para la renta fija, con pérdidas que superaron el 20% para los inversores conservadores.

De hecho, el impacto de la corrección fue tan fuerte que incluso contribuyó a desencadenar la crisis bancaria de 2023, cuando Silicon Valley Bank quebró por el deterioro de precio que experimentaron los bonos de largo plazo con los que había plagado su balance. Powell y el Comité de la Fed no quieren volver a generar un problema similar, y en el pasado ha quedado claro que el organismo asumió su parte de culpa.

El impacto de la decisión

Las consecuencias de la decisión de la Fed son varias. La primera y más evidente, como ha querido dejar claro Powell al insistir en que este es el motivo por el que han aprobado este movimiento, es para la banca americana. El aumento del balance de la Fed se traduce en un incremento en las reservas bancarias en el sistema, algo pensado para evitar que se pueda producir cualquier crisis de liquidez en el sector, que termine contagiando al resto de los mercados financieros y / o a la economía real.

En segundo lugar, para los mercados, supone una inyección de liquidez que ha animado a los inversores, tanto en bolsa, como en el mercado de renta fija, especialmente en los tramos más cortos: el bono con vencimiento a 2 años lidera las compras este miércoles, con una caída de su rentabilidad de 7,9 puntos básicos, mientras que el bono a 10 años la recorta en 4,9 puntos básicos.

En tercer lugar, la decisión de la Fed también apoya de alguna manera al Gobierno estadounidense, que ahora podrá emitir deuda a corto plazo con intereses más bajos, gracias a que el mercado sabe que la Fed estará apoyando con sus compras de estos títulos.

Esto, eso sí, no gustará del todo a Trump, ya que una de las exigencias de la Casa Blanca, y en la que había incidido en su nombramiento Stephen Miran, el ‘hombre de Trump en la Fed’, era bajar los intereses que paga el Tesoro de EEUU por financiarse a largo plazo. La clave está en el olvidado ‘tercer mandato’ del banco central: sus obligaciones, según la ley que lo regula, son «promover los objetivos del máximo empleo, precios estables y unos tipos de interés a largo plazo moderados». Trump lleva meses insistiendo en que la negativa de la Fed a bajar los tipos por debajo del 1%, como repiten insistentemente el magnate y Miran, ha costado «billones de dólares» en intereses extra por la deuda.

Sin embargo, la decisión de comprar bonos a corto plazo, al contrario que en el famoso ‘QE’ durante la crisis financiera, no afecta tanto a los precios a medio y largo plazo. El bono a 10 años ha reaccionado a la noticia con caídas de 4 puntos básicos hasta el 4,14%, mientras que los bonos a un año caen 5 puntos básicos, y el de dos años se hunde 7 puntos básicos. De hecho, la deuda a uno (3,57%) y dos años (3,55%) ya son más ‘baratas’ que la deuda a un mes (3,7%) y tres meses (3,68%).

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