A José Antonio Ramos Basteiro le ha dicho su mujer, Manuela, que esta vez celebrarán la cena familiar en el restaurante de Golf Domaio.
–¿Allá arriba?
–Me lo han recomendado.
Nada sospecha José Antonio. Ni siquiera cuando descubre en el aparcamiento el coche de su sucesor en la presidencia del Club Ciclista Teis, Enrique Vaz. Al fin y al cabo es de la zona. Una feliz coincidencia, piensa José Antonio. Solo detrás del biombo que tapa la puerta de uno de los salones descubrirá la sorpresa que Manuela le ha estado ocultando. Directivos y ciclistas de todas las generaciones que ha apacentado se han reunido ese 22 de noviembre para tributarle un homenaje. También el concejal vigués de Deportes, Manel Fernández, y representantes de la Federación Gallega.
«Tardé algunos minutos en reaccionar. Me emocioné muchísimo», reconoce José Antonio y las imágenes grabadas lo confirman. Pasea entre las mesas, sonriente pero estupefacto mientras se acaricia la calva. «Es de agradecer. Se ve a la gente que tuve y que me apreció». El cartel de un expositor explica las razones que han congregado a tantos: «Hoy rendimos homenaje a una persona que lo ha sido todo para nuestro Club Ciclista Teis: presidente, director deportivo, mecánico, arreglatodo, compañero y amigo». José Antonio timoneó la entidad durante 23 años, rescatándola. Traspasó el cargo a Vaz hace un año, cansado de las complejidades burocráticas de la gestión actual, pero sin retirarse del cuidado de los más pequeños. «Yo aún sigo», confirma, cumplidos los 73.

Jóvenes ciclistas, con José Antonio, en su homenaje. / .
Sigue José Antonio, en fin, igual de enamorado de la bicicleta que en su infancia en A Estrada, aunque ese artefacto mágico se le antojaba al principio un sueño inalcanzable. No montó en ninguna hasta que, con 12 años, a su tío se le quemó el motor de dos tiempos y 38 cc de una VeloSólex. Se lo quitó y le regaló a su fascinado sobrino el armazón restante.
José Antonio rodó sobre ella por los caminos tabeirenses con los amigos de la pandilla. Algunos se fueron federando. «Yo era de una familia humilde y nunca tuve la oportunidad», relata. A Vigo se mudó a los 18, tras una estancia intermedia en Cataluña. Y ya fue con 27, instalado en oficios de automoción, que se sacó al fin la licencia de cicloturista. No ha vuelto a bajarse de la bicicleta, las que se han ido sucediendo a lo largo de su vida. Como la de paseo que usa ahora, mayormente en sus desplazamientos por la ciudad, exigiéndole a sus bien engrasadas prótesis de cadera.
Si A Estrada habita en sus recuerdos como el paraíso arrebatado, Teis se erige como el hogar que manos callosas como las suyas han edificado y del que el club es emblema. Aunque vecino, él militaba en el Beiramar en 1999 cuando su hijo, igualmente José Antonio, quiso iniciarse en el ciclismo. Enroló entonces a ambos en la escuadra de la barriada. Comenzó a frecuentar las carreras, se ofreció a reparar los coches que renqueaban y en 2000 ya lo habían incluido en el organigrama directivo.
Un año más tarde el C.C. Teis afrontó una encrucijada crítica. El presidente, Alfonso Portilla, había enfermado y anunció su marcha. Apenas quedaban una docena de chavales en las escuelas. «El club cerraba. La verdad es que no me lo pensé mucho. No sabía dónde me estaba metiendo», reconoce.
–Pues lo cojo yo.
Casi un cuarto de siglo después, José Antonio observa con orgullo el trayecto recorrido. No el propio, sino el colectivo. «He tenido directivas muy buenas, que me apoyaron. El tesorero, Manolo, y el secretario, Ángel, también delegado de cicloturistas, han estado desde el inicio conmigo. Todo ha sido muy gratificante». También la relación con las camadas que ha ido criando: «Muy buenos ciclistas y muy buenos niños, que siempre se han portado muy bien».
Aquel Teis moribundo presume hoy de musculatura. Con Vaz han retomado la categoría júnior, en la que no habían competido desde 2004, e incluso la élite. «Han corrido la Copa de España, que para mí era impensable, y han realizado una temporada muy buena», elogia. Le preocupa, sin embargo, que se haya reducido el ritmo de captación en el necesario proceso de relevo. El C.C. Teis ha bajado del centenar de licencias que llegó a alcanzar. «Algunos han subido de categoría y no está entrando mucho por debajo. No tienen muchas ganas».
No es un problema específico sino general, según José Antonio ha detectado. Los niños ya no piden su primera bici a los Reyes Magos ni la quieren cabalgar en busca de aventuras por aldeas que se han despoblado o descampados que han sido urbanizados. «Hay menos vocación debido a la tecnología. Nosotros no teníamos cosas ni mi hijo, móvil o consola. Ahora lo tienen todo y es más difícil». Si alguno aún se imagina, sin embargo, pedaleando hacia el horizonte en busca de aventuras, allí estará José Antonio dispuesto a guiarlo sobre una bicicleta que siempre será la penúltima.
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