La geometría de esta vivienda en Matadepera nace de una condición muy concreta del lugar. La parcela, una esquina de 600 m² con vegetación madura y orientación sur, ofrecía a una joven pareja la posibilidad de construir su primera casa dentro del terreno familiar, pero también exigía preservar la intimidad respecto a las dos viviendas vecinas y garantizar un comportamiento climático eficiente durante todo el año. El estudio Alventosa Morell decidió resolverlo mediante una estrategia modular que estructura la casa en nueve piezas idénticas, dispuestas en un eje escalonado de este a oeste para adaptarse a los árboles existentes y abrir cada estancia posible hacia la mejor orientación.
Una sucesión de módulos
Ese desplazamiento progresivo de los módulos genera una secuencia espacial continua que parece moverse con naturalidad hacia el jardín. De esta forma, la vivienda puede vivirse como un único ambiente o como fragmentos independientes gracias a las múltiples conexiones entre módulos, una cualidad que responde al deseo de los clientes de contar con espacios compartidos sin renunciar a zonas más privadas y con capacidad de adaptación para futuras necesidades. El trazado escalonado también amplifica las relaciones visuales. Desde casi cualquier punto, la mirada avanza en diagonal a través de huecos enfrentados que aportan amplitud sin aumentar la superficie construida, que se fija en 143 m².
El módulo central se eleva por encima del resto para resolver dos cuestiones esenciales. Por un lado, aumenta la captación solar durante el invierno, permitiendo que la radiación incida a una mayor profundidad y contribuya a la estabilidad térmica. Por otro, funciona como extractor natural en verano gracias a la ventilación cruzada, que se activa con la apertura simultánea de los huecos inferiores y las ventanas superiores.
Ladrillos y pavimento continuo
La construcción responde a esta lógica de sencillez y eficiencia: muros de carga de ladrillo, pavimento continuo de hormigón y techos abovedados apoyados en vigas metálicas. La masa térmica del ladrillo visto y del hormigón permite almacenar calor en invierno y mantener la inercia fresca en verano, lo que, unido a la ventilación natural y al control solar que proporciona el módulo elevado, conforma un sistema pasivo de regulación climática. Los techos abovedados, repetidos en cada módulo, proporcionan una identidad matéricamente coherente y subrayan la profundidad del espacio sin necesidad de aumentar la altura libre.
Noticia relacionada
La propuesta de Norman Foster para el Bernabéu que el Real Madrid rechazó en 2014
El interior mantiene la misma franqueza constructiva. No hay revestimientos añadidos que oculten la estructura; los muros muestran la modulación del ladrillo, los encuentros entre piezas y la ligera variación cromática del material. La carpintería de madera introduce una textura cálida que equilibra la contundencia de los muros, mientras que el mobiliario ligero y la presencia de vegetación interior suavizan la contundencia geométrica del esquema modular. En la cocina, una franja cerámica blanca actúa como superficie de trabajo y como elemento de transición entre la masa del muro y la ligereza de los armarios de madera clara.
La relación con el exterior se consolida mediante pérgolas vegetales que prolongan la retícula estructural hacia el jardín. Estas piezas de sombra filtran la luz y crean espacios intermedios pensados para ser usados en diferentes momentos del día, funcionando como refugios climáticos que complementan la estrategia pasiva de la vivienda. Desde el comedor, desde la zona de estar o desde los dormitorios, la salida al exterior es directa, sin cambios bruscos de nivel, reforzando la idea de habitar la parcela más allá del interior construido.
Si quieres estar al día de todo lo que publicamos en www.arquitecturaydiseno.es, suscríbete a nuestra newsletter.