El pasado 5 de diciembre el mundo de la arquitectura perdió a uno de sus mayores maestros, Frank Gehry, el encargado de transformar el metal en olas y de convertir edificios en esculturas urbanas.

El Guggenheim, además, ha perdido a la persona que proyectó Bilbao al mundo, y que convirtió la ciudad en un destino de turismo cultural de referencia. «Le estaremos siempre profundamente agradecidos a Frank Gehry. Su espíritu y legado quedarán para siempre ligados a nuestra ciudad», lamentan desde la institución tras conocer la noticia.

El impacto de Gehry, sin embargo, abarca mucho más allá de la ciudad vizcaína: aunque difícil de cuantificar, su huella sigue inspirando discursos y reflexiones en el mundo de la arquitectura. No sorprende, por lo tanto, que numerosos arquitectos hayan destacado su audacia creativa y la revolución metodológica que supuso su obra.

Panorámica Museo Guggenheim Bilbao

Museo Guggenheim de Bilbao, uno de los iconos más reconocidos del arquitecto canadiense. 

Foto: Museo Guggenheim Bilbao
Salón blanco moderno con cuadro azul

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Seis lecciones que la profesión reconoce en la trayectoria de Frank Gehry

Entre quienes han reflexionado sobre el legado de Gehry se encuentra DmasC Arquitectos, un estudio con sede en Madrid que destaca por su apuesta por el diseño a medida y la innovación constante. Con una filosofía basada en la cercanía, la experimentación y la investigación, su equipo multidisciplinar trabaja siempre con una mirada contemporánea y creativa, alimentada por figuras como la de Gehry.

«Su trabajo cambió procesos, introdujo nuevas formas de pensar el diseño y amplió los márgenes entre lo posible y lo construible», reconocen desde el estudio, y explican que, más allá de los edificios icónicos, el arquitecto canadiense implementó transformaciones profundas en la forma que, hoy en día, estudios de todo el mundo entienden la arquitectura.

1. La aplicación del software aeronáutico para asistir el diseño arquitectónico

Gehry fue pionero en incorporar CATIA, un software procedente de la ingeniería aeronáutica, que él mismo adaptó para materializar formas geométricas de gran complejidad. Su uso anticipado abrió la puerta a la arquitectura digital y a las herramientas de modelado avanzado que hoy forman parte del estándar profesional.

2. La legitimación técnica de la arquitectura no ortogonal

Con sus proyectos, quedó demostrado que curvas, torsiones y superficies irregulares podían ejecutarse con la misma precisión de un proceso industrial. El trabajo con ingenierías especializadas y el cálculo estructural permitió que, aquello que parecía delirios creativos inviables, se consolidara como una alternativa constructiva real.

3. La implantación de la maqueta física como parte esencial del diseño

A pesar de su dominio de lo digital, Gehry nunca renunció al trabajo manual. Las maquetas siguieron siendo el laboratorio de ideas desde el que explorar formas y conceptos, en diálogo constante con las herramientas digitales que validaban esas intuiciones. Este equilibrio redefinió la metodología de numerosos estudios, hasta nuestros días.

Maqueta Museo Guggenheim Bilbao

A pesar de ser pionero en implementar la tecnología digital en su trabajo, Gehry nunca dejó de lado la representación manual de las maquetas. 

Foto: Museo Guggenheim Bilbao
salon sofas curvos blanco rojo cuadro

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4. El material como pieza clave del diseño urbano  

La elección del titanio para el Guggenheim no obedecía solo a una cuestión estética: respondía a la luz, a la escala industrial y a la naturaleza portuaria de Bilbao. Con ello, Gehry demostró que el material puede formar parte de la narrativa urbana y no limitarse a funcionar como un simple revestimiento.

5. La arquitectura como motor cultural y urbano

Aunque el caso de Bilbao es, por cercanía, uno de los más reconocidos, en ciudades como Los Ángeles, París o Minneapolis, sus edificios también transformaron la percepción colectiva, impulsaron actividades culturales y se convirtieron en hitos para el turismo internacional. Así, además de dotar a sus obras de valor poético, les dio la capacidad de ser moldeadoras de identidad.

6. El diálogo con el contexto (y con el cliente) como eje principal

Sus proyectos nacen siempre de una lectura atenta del entorno. Esa actitud de escucha (también hacia el cliente) se ha convertido en un principio fundamental para muchos estudios actuales: procesos colaborativos, fluidos y centrados en necesidades humanas concretas.

Casa Danzante de Frank Gehry

La Casa Danzante, otro referente arquitectónico, diseño de Gehry, en Praga. 

Foto: Museo Guggenheim Bilbao
«No es posible tomar un avión, ir a Madrid y diseñar un edificio. Es necesario sentirlo y tener una cierta sensibilidad»

En línea con esta última idea, su proyecto estrella refleja a la perfección su manera de entender la disciplina: más allá de dar forma al Guggenheim, su trabajo se asentó en la construcción de una arquitectura tejida a partir de la identidad vasca, de la memoria del lugar y del paisaje que la envuelve. Para ello, Gehry reconoce haberse sumergido en la cultura local, estudiando su literatura, comprendiendo la industria que la sostenía y explorando el arte que la había marcado.

Ya en los años 70, casi tres décadas antes de la finalización del museo, el arquitecto había tenido su primer contacto con Bilbao. Así lo contaba en una entrevista concedida al diario El Mundo: «Estuve un tiempo recorriendo España en coche, aún me acuerdo de la Guardia Nacional. Fui a Guernica, presenté algunas ideas para un concurso que había. Estaba obsesionado con toda la historia de España. Leía a Lorca, estudiaba la guerra civil española… Ese tipo de cosas».

La importancia del tiempo como herramienta de trabajo

Gehry reconocía que, a pesar de que siempre trabajaba desde el mismo enfoque, dependiendo del contexto geográfico, de la escena política del lugar y de sus problemas sociales, el producto final podía variar mucho: «No es posible tomar un avión, ir a Madrid y diseñar un edificio. Es necesario sentirlo y tener una cierta sensibilidad. Hay que dejar pasar un cierto tiempo para absorber el ambiente y entrar en él», explicaba en una entrevista con Warren James, corresponsal de ARQUITECTURA NY.

Precisamente en el tiempo estaba, para él, la clave de todo: tiempo para madurar una idea, para dejar que se asiente, para someterla a examen. “La calidad de la idea es como los recortables de Matisse. Usted puede imaginar a Matisse como un señor mayor con unas tijeras y unas cartulinas, haciendo aquello con una gran autoridad. Cuando lo hizo pensé que era algo senil”, explicaba, y añadía: “Ahora, cuando los contemplo, veo otras cosas. Es algo así como una línea muy fina. Era la época de la preocupación visual y la coordinación entre la mano y el ojo con las tijeras hizo posible esas formas bellas y elocuentes. Y pienso que ese es el objetivo. Mejorar las ideas y habilidades, ser capaz de trasladarlas al edificio. Eso es lo más difícil

Y eso lleva tiempo. Es precisamente en la durabilidad, en la permanencia de su trabajo en la memoria colectiva, donde residía el interés de Gehry. “Todo lo he hecho sin ninguna sensación de inferioridad. Lo que me interesa es la permanencia, pero sin rigidez. Me gustaría que a la gente le gustara mi trabajo”.

Hasta siempre, Gehry.