La mexicana se ha convertido en la artista femenina más cara de la historia y este fin de semana ha desatado el furor en Art Basel Miami con una miniatura que había que mirar con lupa valorada en 15 M$. ¿A qué viene esta locura inversora?
Frida Kahlo es la artista de récord por excelencia. No solo por su desdichada vida, el número de veces que engañó y fue engañada en el amor, o las operaciones que sufrió. Lo es también por haber alcanzado el puesto número uno en el ranking de creadoras femeninas más caras de la historia. En realidad, ella ya ostentaba su propia marca personal gracias a Diego y yo, la obra latinoamericana con el precio más elevado alcanzado en una subasta (34,9 millones de dólares en 2021), pero dudo que ese récord ‘compartido’ con su marido le hiciera especial ilusión.
Ahora ha superado esa marca gracias a El sueño (la cama), vendido recientemente por 54,7 millones de dólares –tasas incluidas– en una subasta neoyorquina. Ha desbancado a Georgia O’Keeffe, que hasta este momento ostentaba el título de artista femenina más cara, después de que en 2014 su Weed/White Flower n.1 se vendiese por 44,4 millones. No sabemos qué pensaría de este resultado la propia Frida; ella, que ni siquiera pensó en dedicarse a la pintura hasta el fatídico accidente.
La pintura en cuestión es una escena doble pintada en 1940 en uno de los escasísimos momentos de felicidad que tuvo. Por aquel entonces estaba con el fotógrafo húngaro Nickolas Muray y quiso regalarle una obra como símbolo de su amor. En la parte de arriba representó un esqueleto con cartuchos de dinamita, mientras que en la de abajo se autorretrató en la cama, entre ramas y raíces. Dos de los temas más recurrentes en su producción: muerte y enfermedad. Pero como todo en la vida de la artista acabó en tragedia, esto no iba a ser una excepción. Y cuando estaba a punto de darle el cuadro a su amante –entonces en Nueva York–, este le escribió para contarle que se iba a casar. Kahlo se deshizo de la tela en cuanto pudo, vendiéndola por 400 dólares, antes de escribir en su diario: “He sufrido lo indecible y mucho más ahora, que tú te fuiste”.
Aquella pintura malvendida entonces por despecho, multiplicó su valor hasta los 51.000 dólares en 1980, y ha volado hasta los casi 55 millones actuales. Frida Kahlo se ha coronado así como la figura latinoamericana de referencia y la mujer más poderosa del mercado del arte.
No es casualidad que justo 15 días después del récord la galería Weinstein se apresurara a sacar del cajón los tesoros que guardaba de la artista. Casi como un resorte, llevó a Art Basel Miami no una, sino tres obras de Kahlo: dos dibujos y una miniatura que casi había que mirar con lupa. Un Autorretrato de apenas cinco centímetros que hasta el pasado domingo 7 de diciembre ha colgado de su stand. ¿Y qué pintaba esta pieza de una artista fallecida en la feria contemporánea? Pues poco, sobre todo si lo comparamos con los irreverentes perros-robots de Beeple. Por eso Weinstein presentó la minúscula obra bajo el reclamo de ser la única miniatura pintada por la autora del momento. No era ni mucho menos desconocida, pues ya se había paseado por la Tate de Londres, el Art Institute de Chicago o el Museo de San Francisco. Al parecer el galerista lo compró en 2011 después de que el lote quedase desierto en una subasta, entonces ofrecido por entre 800.000 y 1,2 millones; ahora pretende venderla por nada menos que 15 millones (tres millones el centímetro de miniatura, si lo pensamos bien). La novedad y rareza de la pieza hicieron que muchos de los 80.000 asistentes que tuvo la feria en esta 23º edición se acercaran a ver este autorretrato de bolsillo para que el amante de Frida de entonces, el poeta catalán José Bartoli, lo llevara bien cerquita del pecho. “Para Bartoli con amor, Mara”, reza la inscripción del reverso.
Junto a esta diminuta obra, la más pequeña y también la más cara de esta edición de Art Basel Miami, se encontraban un par de dibujos que causaron revuelo entre el público mexicano. Pertenecían a la colección Gelman, el productor de cine y socio de Cantinflas, que había manifestado su intención de mantener sus tesoros indivisibles para donarlos a un museo (local, por supuesto). La búsqueda infructuosa de una institución que aceptase el conjunto y la muerte de la hija del coleccionista, provocaron la salida del país de Máscaras (Carma I) y 11:25 (Carma III). Ya se ofrecieron el año pasado con una estimación conjunta de unos 500.000 dólares y ahora se vendían, en pareja, por 950.000 dólares. Una auténtica locura que dice mucho de las modas del mercado del arte, como ya hemos visto con otras autoras actualmente codiciadas, como Artemisia Gentileschi.
En el caso concreto de Kahlo, esa revalorización tiene que ver con el hecho de que el Gobierno mexicano declarase toda la obra de la pintora “tesoro nacional” y restringiera la salida del país de cualquier pieza u objeto que tuviese mínima relación con ella. Esto ha reducido considerablemente la presencia de la artista en las casas de subastas, que han ofrecido lotes suyos a cuentagotas. Christie’s, por ejemplo, a duras penas ha conseguido sacar tres lotes en los últimos cuatro años: Autorretrato (muy fea), Retrato de Cristina, mi hermana y Aparador en una calle de Detroit.
El arte de Frida Kahlo es un arte tan visceral, que se adora o se aborrece, no hay término medio. México decidió amarlo sin ambages, convirtiendo a la pintora en un icono inmortal, ejemplo de superación y adalid del feminismo con un fervor solo a la altura de la Virgen de Guadalupe. Una devoción fetichista que se ha extendido a gran parte de la población mundial. Como si el arte, ese que está en los museos y alimenta el alma, viviese al margen del mercado, o como si este último no entendiese de tendencias pasajeras, calculadas operaciones garantizadas u oportunidades creadas. Pues sepan algo, ¡los récords también se fabrican!