Aitor Echevarría

Viernes, 12 de diciembre 2025, 00:40

Dentro del gran momento que vive el equipo entre victorias europeas y ligueras, siempre con el indispensable empuje de su afición, en el Surne Bilbao hay tres jugadores que representan como nadie el espíritu combativo de Miribilla. No son estrellas, no llenan portadas ni lideran rankings, pero sostienen al equipo desde un lugar mucho más profundo; el del trabajo invisible, el de la defensa, el de la intensidad y el de la incomodidad que imponen al rival. Margiris Normantas, Martin Krampelj y Stefan Lazarevic son, en esencia, los hoplitas espartanos anónimos del Surne. En la antigua Esparta, los hoplitas eran soldados sin nombre en los poemas, guerreros que no aspiraban a la gloria individual, pero que mantenían la línea de combate con disciplina, sudor y sacrificio. La ciudad sobrevivía gracias a ellos. El Surne, de alguna manera, también.

Krampelj, en nueve partidos de ACB, ha capturado 28 rebotes (3,1 de media), cometido 32 faltas (3,5 por encuentro) y recibido otras 28 (3,1). Cifras que hablan de un jugador que vive en el contacto, que se mueve en la zona donde el baloncesto duele y que acepta cada choque como parte de su responsabilidad. Ha disputado 164 minutos (algo más de 18 por partido) y su producción ofensiva, con 8,4 puntos de media y porcentajes del 50 % tanto en tiros de dos como en triples, lo convierten en una pieza más importante de lo que aparenta. Pero su valor real se mide en la estabilidad que le da al equipo. No es casual que Ponsarnau decidiera darle descanso en la FIBA Europe Cup ante el Sporting. La estructura del Surne está diseñada para funcionar con él en la trinchera.

Lazarevic es otro tipo de guerrero. En nueve partidos suma 34 rebotes (3,8), 26 faltas cometidas (2,9) y 10 recibidas (1,1). Ha jugado 166 minutos en total, una media de 18,4. Sus números ofensivos (3,3 puntos con un 45,5 % en tiros de dos y un 18,2 % en triples) son discretos, pero su impacto real no está ahí. Su presencia transforma al rival, incomoda, ahoga, limita, dificulta. Su valoración media es de 3,1, pero basta verlo en la pista para entender que sus acciones no se explican bien en una estadística. Es, quizá más que nadie, el ejemplo perfecto del hoplita; imprescindible sin necesidad de reconocimiento.

Normantas completa el trío. En nueve encuentros acumula 20 rebotes (2,2), 14 asistencias (1,6), 10 recuperaciones (1,1), 15 faltas cometidas (1,6) y 20 recibidas (2,2). Es el más polivalente de los tres y también el que más minutos ha jugado: 173, una media de algo más de 19 por partido. Anota 6,7 puntos por encuentro con un excelente 59,1 % en tiros de dos, aunque su efectividad en triples (14,7 %) sigue siendo su asignatura pendiente. Si el equipo necesita pausa, se la da; si necesita intensidad, también. Sin hacer ruido, sostiene la circulación ofensiva y da forma a la identidad defensiva.

Entre los tres suman 82 rebotes y 73 faltas forzadas en sólo nueve partidos de ACB

Sin hacer ruido

Los tres, juntos, son el engranaje que hace funcionar al Surne desde las sombras. Aunque sus estadísticas sean discretas, su aportación es indispensable. Sin ellos, el equipo no tendría la misma dureza, la misma estructura ni la misma capacidad competitiva. Como aquellos hoplitas espartanos que no buscaban gloria personal, sino mantener el muro firme para que la polis siguiera en pie. En Miribilla ocurre algo similar. El brillo de otros depende del sacrificio constante de jugadores como estos. Y aunque no aparezcan en las portadas, la victoria del Surne empieza en ellos. Los tres serán indispensables en el devenir del equipo. Hiopos Lleida les visita este domingo, y Ponsarnau volverá a utilizar a sus tres guerreros, porque con ellos en la rotación, todo funciona mejor.

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