Un estudio integra por primera vez datos sísmicos y de satélite para caracterizar la compleja frontera entre las placas euroasiática y africana en el Mediterráneo occidental, delineando con mayor precisión los procesos de colisión y escape cortical que están deformando el suroeste peninsular.

La península ibérica, un bloque aparentemente estático anclado al suroeste de Europa, está inmersa en un movimiento de rotación constante y extremadamente lento, un giro en el sentido de las agujas del reloj que ahora queda confirmado y cuantificado con un nivel de detalle sin precedentes. Esta conclusión es el resultado central de una investigación liderada por Asier Madarieta Txurruka, investigador del Departamento de Geología de la Universidad del País Vasco (EHU), cuyo trabajo ha logrado caracterizar los procesos dinámicos más relevantes que se desarrollan en la frontera difusa y extraordinariamente compleja entre las placas tectónicas euroasiática y africana al sur de la península.

El estudio, financiado por el Gobierno Vasco y que cuenta con la colaboración de investigadores de la Universidad de Palermo y la Universidad de Granada, se basa en el análisis integrado de dos fuentes de información fundamentales para la geodinámica moderna: los registros de terremotos ocurridos en las últimas décadas y los datos de deformación de la superficie terrestre obtenidos mediante observación satelital.

La convergencia entre la placa euroasiática y la africana, que avanza a un ritmo de entre 4 y 6 milímetros anuales, no se distribuye de manera uniforme a lo largo de su extenso límite. Mientras que en el océano Atlántico y en la zona de Argelia esta frontera es nítida, al sur de la península ibérica se difumina en una región de interacción caótica y de alta sismicidad donde el dominio de Alborán juega un papel determinante.

peninsula iberica rota lentamente tectonica placasGeodinámica de la Península Ibérica. Crédito: A. Madarieta-Txurruka et al. 2026

Este dominio, una microplaca o zona de litosfera con comportamiento propio, se desplaza hacia el oeste, configurando el arco activo de Gibraltar que enlaza las cordilleras Bética y del Rif. La naturaleza exacta de la frontera en esta zona ha sido objeto de debate científico durante años. El trabajo de Madarieta y su equipo aporta ahora una imagen más clara al haber calculado y comparado los campos de esfuerzo, derivados de la sismicidad, con los campos de deformación, medidos desde el espacio. Los primeros informan sobre las fuerzas profundas que actúan en la corteza terrestre; los segundos, sobre cómo responde y se deforma la superficie ante dichas fuerzas.

La comparación sistemática revela una dinámica diferencial a uno y otro lado del estrecho de Gibraltar. Al este del estrecho, la deformación generada por la incipiente colisión entre los bordes de Eurasia y África es absorbida de manera eficiente por la corteza que compone el propio arco de Gibraltar. Este mecanismo actúa como un amortiguador, impidiendo en gran medida que los esfuerzos compresivos se transmitan hacia el interior de la península ibérica. La situación cambia radicalmente al oeste del estrecho. Allí, según los datos presentados en este estudio, se produce un choque más directo entre el bloque ibérico –que forma parte de la placa euroasiática– y la placa africana.

Este contacto frontal, sin la misma capacidad de absorción que muestra el arco de Gibraltar, favorecería la transmisión de los esfuerzos tectónicos hacia el suroeste de Iberia. El resultado es un empuje persistente sobre esa región que, al actuar sobre una geometría continental no rígida, genera el par de fuerzas necesario para impulsar la rotación en sentido horaria de toda la masa peninsular. El giro, de magnitud milimétrica anual pero constante a escala geológica, es la respuesta observable a esta configuración de fuerzas asimétricas.

peninsula iberica rota lentamente tectonica placasModelo geodinámico de Iberia y el noroeste de África. Se representan los cuatro sectores a lo largo del límite de la placa Eurasia-África. Los recuadros representan los ejes de tensión y deformación más representativos de cada región. El número junto a los estereogramas indica la relación de tensión (R). Crédito: A. Madarieta-Txurruka et al. 2026

Más allá de confirmar este movimiento, la investigación tiene una implicación directa y práctica para la evaluación del riesgo sísmico. La identificación de las fallas activas, aquellas estructuras geológicas capaces de generar terremotos en el presente, representa un desafío en regiones de deformación difusa como el suroeste de Iberia. Existen zonas, señala Madarieta, donde se registra deformación significativa o donde ocurren sismos, pero se desconoce qué estructura tectónica concreta los está causando. Los nuevos campos de esfuerzo y deformación obtenidos actúan como un mapa de orientación para los geólogos, indicando hacia qué áreas deben dirigirse los estudios de detalle para localizar y caracterizar estas fallas ocultas.

El objetivo último es poder determinar la geometría exacta de estos pliegues y fallas, prever su cinemática, estimar el tipo de terremotos que pueden generar y calcular la magnitud potencial que podrían alcanzar. Este es un paso esencial para proyectos como la base de datos de fallas activas cuaternarias de Iberia (QAFI), que aún tiene lagunas importantes en regiones como el oeste de los Pirineos o, precisamente, en el sector occidental del arco de Gibraltar, entre las provincias de Cádiz y Sevilla. El estudio subraya la imperiosa necesidad de llevar a cabo investigaciones geológicas y geofísicas exhaustivas en estos territorios para identificar y evaluar el potencial sísmico de las estructuras responsables de la deformación medida.


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Madarieta hace una advertencia crucial sobre la escala temporal en la que se mueve esta ciencia. Los procesos geodinámicos se desarrollan a lo largo de millones de años, mientras que los instrumentos que permiten medirlos con precisión –sismómetros modernos y constelaciones de satélites de navegación y observación– proporcionan datos que, en el mejor de los casos, cubren apenas las últimas cuatro décadas.

Los registros sísmicos de alta precisión se generalizan a partir de 1980, y los datos satelitales de interferometría radar (InSAR) y posicionamiento global (GNSS) de alta resolución solo están disponibles desde 1999. Lo que los científicos observan hoy es, por tanto, una ventana minúscula, un instante geológico dentro de un proceso extraordinariamente largo.

Esta limitación refuerza la validez de la metodología empleada: la integración de todas las fuentes de información disponibles –sismología, geodesia, geología de campo– es la única vía para obtener una imagen fiable, aunque sea una instantánea, de la dinámica actual. La base de datos generada en este trabajo complementa y amplía las existentes, incrementando la robustez de los resultados. El futuro, apunta el investigador, promete un crecimiento exponencial en la cantidad y calidad de los datos, lo que permitirá calcular deformaciones con mayor exactitud incluso en áreas donde hoy la información es escasa.

Actualmente, gracias a una beca posdoctoral del Gobierno Vasco, Asier Madarieta continúa profundizando en esta línea de investigación durante una estancia en la Universidad de Palermo, un centro de referencia en el estudio de la geodinámica mediterránea. Su trabajo, y el de su equipo, dibuja un mapa más nítido de las fuerzas que moldean el sur de la península, y traza el camino que debe seguir la comunidad científica para descifrar los secretos de una de las fronteras tectónicas más enigmáticas y sísmicamente activas de Europa.

FUENTES

Universidad del País Vasco

Asier Madarieta-Txurruka, Juan F. Prieto, et al., New insights on active geodynamics of Iberia and Northwestern Africa from seismic stress and geodetic strain-rate fields. Gondwana Research, Volume 149, January 2026, Pages 314-336. doi.org/10.1016/j.gr.2025.08.020