Volvió el Hestia Menorca del preparador Javier Zamora a la carretera y lo hizo pagando muy caro el desacierto de una primera mitad por momentos caótica en el Pabellón Vicente Trueba de Torrelavega, un escenario emblemático del baloncesto nacional. El partido, tensionado hasta el límite por una grada local intensa y un final de infarto, obligó al Menorca a alcanzar un nivel de concentración y oficio máximo que solo fue capaz de mostrar tras el descanso. Al final, no pudo caer la tercera victoria seguida y derrota 83-80 ante el GA Cantabria.

El grupo de Lolo Encinas golpeó primero y, exprimiendo al máximo su rotación, logró llegar más fresco y con las ideas más claras al tramo decisivo del encuentro. Fue, además, un partido cargado de detalles emocionales y reencuentros especiales que añadieron un matiz emocional al choque: el regreso a casa de Spencer Littleson y, sobre todo, el primer enfrentamiento del ya plenamente recuperado Diego Alderete ante el que fue su equipo durante cuatro temporadas.

Javier Zamora apostó de inicio por Zurbriggen, McFadden y Littleson en el perímetro, dejando a Vicedo y Arteaga el trabajo interior. Encinas respondió con Pérez, Hernández, Johnson, Rodríguez y Yu Jiahao. Los hombres de Zamora saltaron a la pista con la intención clara de alimentar a Arteaga, que castigó desde el inicio el juego interior rival. Cantabria encontró pronto respuesta en la figura del gigante chino Yu y, poco a poco, fue imponiéndose bajo los aros del Trueba.

No ayudaron en nada al Hestia los tempranos problemas de faltas de Wembi. Pérez, Johnson y Lutete, con un triple cada uno, desarbolaron la defensa menorquina y colapsaron un ataque balear que vivía casi en exclusiva de la producción de Arteaga. Menorca no lograba romper el entramado defensivo diseñado por Encinas y solo su pívot encontraba soluciones ante la intensidad cántabra. El primer cuarto, marcado por la agresividad defensiva local y el bajo porcentaje visitante, se cerró con un claro 24-12.

En el segundo periodo, Cantabria no varió el plan y explotó la profundidad de su banquillo para seguir ampliando diferencias. Pérez y el recién llegado Lutete dominaron el perímetro, mientras Johnson —dominante durante todo el encuentro— imprimía el ritmo que mejor define a este equipo. La entrada en pista de Zurbriggen, su conexión con McFadden y la aparición de Sola elevaron el nivel defensivo menorquín. La zona planteada por Zamora comenzó a atragantarse a Cantabria, que vio cómo Menorca, picando piedra, reducía una desventaja que por momentos alcanzó los 18 puntos. Encinas se desesperaba en la banda mientras observaba cómo su equipo se desaceleraba. 43-33 al descanso, con una valoración parcial de 56-35.

Tras los vestuarios

Tras el paso por vestuarios, Cantabria no logró mejorar sus prestaciones. Tan solo acciones esporádicas de Pérez y la aportación de Rodríguez desde el triple contuvieron el empuje balear que, de la mano de Littleson, Vicedo y un McFadden ya liberado de la defensa de Pérez, empezó a recortar la brecha a buen ritmo: 51-50 a falta de 5:20. La salida a pista de Zurbriggen —descomunal el partido del italo-argentino, con 14 puntos, 9 asistencias y 30 de valoración— supuso las primeras ventajas menorquinas y el inicio del drama en el Trueba. Una dirección magistral llevó al Menorca a alcanzar su máxima renta (+6) y a firmar los mejores minutos de juego del encuentro. Encontró respuesta Encinas en la dirección del eléctrico Johnson, imparable para la defensa visitante, y en la eficiencia de Yu desde la línea de tiros libres. Johnson, quién si no, cerró el cuarto con una penetración marca de la casa que dejaba el marcador en 60-60 y todo un último acto por decidir.

Subieron los decibelios en el Trueba y el último cuarto arrancó con toda la carne en el asador. El trabajo incansable de Adams y Littleson sobre la defensa de Pérez mantuvo al Hestia en partido, Vicedo abrió el campo desde el perímetro y Spencer aceptó el reto emocional de su regreso echándose el equipo a la espalda. En el intercambio final de golpes apareció el inevitable Johnson, que asumió el mando con dos canastas inverosímiles, controló el ritmo y terminó por fulminar cualquier esperanza visitante de los menorquines en su visita a tierras cántabras.

Lo peleó hasta el final el Menorca. McFadden tuvo el lanzamiento para forzar la prórroga, pero lo forzó en exceso y esta vez el balón no quiso entrar. 83-80 en un partido decidido en el último segundo y que cayó del lado del equipo que llegó más entero, más lúcido y con las ideas más claras a los instantes finales.