«La deriva es total». Esta frase de un alto cargo socialista resume el estado de ánimo que se está instalando en el PSOE en las últimas semanas. El Gobierno encara el final de año absolutamente agotado, sin capacidad de sobreponerse a los escándalos … que se suceden, y sin iniciativa política, con la mayoría parlamentaria totalmente desactivada. «Vamos de golpe en golpe», se queja un dirigente, que no oculta la sensación de noqueo que invade la formación.
Cada día al partido se le abre una nueva vía de agua y la percepción general es que no hay manos, no se da abasto, para taponarlas todas. «Cuando tratas de cerrar un frente, surgen tres», ejemplifica con desolación un cargo territorial. Todas las fuentes consultadas por ABC comparten el «desánimo» y la «desesperanza» en la recta final de este 2025. Un clima de fin de ciclo que va más allá de agotar el presente ejercicio.
«La sensación es de colapso», reseñan, en un momento muy controvertido, además, por estar a las puertas de un nuevo ciclo electoral en el que las perspectivas del PSOE son paupérrimas y se prevé que encadene seis meses de derrotas en las urnas. Mientras Pedro Sánchez mantiene que llevará la legislatura hasta 2027 «y más allá», con la mirada puesta en 2031, pocos son ya los que comparten que este horizonte sea viable. Al menos, con este nivel de desgaste.
La condena al fiscal general del Estado; José Luis Ábalos, Koldo García y Santos Cerdán; Leire Díez y la otrora mano derecha de María Jesús Montero en la SEPI, detenidos; los casos de acoso sexual de Paco Salazar, Antonio Navarro, el alcalde de Belalcázar y el expresidente de la Diputación de Lugo, unido al cese de Antonio Hernández Espinal por el encubrimiento de los hechos en Moncloa y la salida de Javier Izquierdo de la Ejecutiva Federal. A esto se suma la investigación abierta en la Audiencia Nacional de las cuentas del PSOE. «Y todavía puede ir a peor», pronostica un importante dirigente que ve ya el horizonte del descanso navideño como la única esperanza para poder «resetear» y coger aire.
La sensación que inunda los centros de poder socialista es similar a la que se vivió antes del verano. Entonces fue un golpe demoledor, la implicación de Santos Cerdán en la trama criminal del ‘caso Koldo’; ahora, es por acumulación. Una técnica de desborde, que puede acabar teniendo un efecto narcótico, pero que proyecta una profunda debilidad y una imagen de descomposición. Los casos de corrupción que cercan al PSOE y al Gobierno generan desgaste, pero el golpe demoledor ha sido todo lo relativo a la negligente gestión de los casos de acoso sexual que se han producido en Moncloa y en el partido.
En el Gobierno no ocultan las suspicacias que les despiertan la concentración de casos que se están dando en las últimas semanas. «No creo en las casualidades», dice un miembro del Gobierno. En el Ejecutivo consideran, además, que el PP cuenta con información privilegiada, porque esta semana en el Senado anticiparon las detenciones que se iban a producir. La teoría de la conspiración político-mediático-judicial vuelve a operar como mecanismo de defensa y para tratar de explotar un sentimiento de victimismo de cara al electorado para que tenga una suerte de efecto movilizador. Algo que ya se intentó con la condena al fiscal general del Estado.
En el partido cunde la preocupación y no ven una salida: «Esto solo puede ir a peor»
Más allá de la crisis reputacional, lo que genera esta sensación es un efecto disolvente en la militancia y el electorado, un hastío y una desmovilización que preocupa a los cargos territoriales consultados en puertas de un nuevo ciclo electoral. La receta que dan las fuentes socialistas es «aguantar hasta que escampe». «Hay que esperar a que pase la tormenta», dicen. Aunque parecen atrapados más bien en una ciclogénesis explosiva.
Tras el ‘via crucis’ de Extremadura, Aragón, Castilla y León y Andalucía, están proyectadas las municipales y autonómicas y crece la exigencia interna de que Sánchez se someta a las urnas antes de que lo haga el partido a nivel local y autonómico. No ven posibilidades de remontada y esto sume todavía más en la apatía y el desánimo a la formación. «Estoy hasta el moño de puteros y acosadores». Esta frase de la portavoz socialista en el Parlamento andaluz, Ángeles Ferriz, fue especialmente elocuente y representativa del sentir que recorre el partido.
Los socios aguantan
En este estado de composición lo único que todavía sostiene al Gobierno es que sus socios no le han dejado caer. Aunque de manera interna y también pública critican la gestión que se ha hecho de los casos de acoso sexual, sobre el clima de corrupción que lo inunda todo siguen contemporizando y encuadrándolo en «casos personales».
La línea roja está en la financiación irregular del partido, unas cuentas que están en investigación en la Audiencia Nacional. Aunque hay aliados que ya comparan la situación con los últimos años de Felipe González, siguen sin tener incentivos para promover la caída de Sánchez, porque eso supondría el advenimiento de una entente de PP y Vox en la que ninguno de estos actores políticos tendría la capacidad de influencia que atesora en la actualidad.
Los socios se quejan de que «cada día es una noticia» y asimilan la situación a los estertores del felipismo
Hay quienes reclaman volver a apostar por las medidas sociales, para tratar de recuperar la iniciativa política que se ha perdido. «Cada día es una noticia», se quejan de manera transversal los aliados del Gobierno, sobre los casos de corrupción que copan el debate público. El control de la agenda está fuera de la Moncloa, marcada por el avance de los casos judiciales y de los escándalos sexuales. Y el temor que se extiende entre los socialistas es que esto «no ha hecho más que empezar».
No ven un horizonte de resolución que impida reconducir la situación, sino que creen que «todo es susceptible de empeorar» y que si no se pone freno a la degradación de las siglas, ya no solo se están jugando perder el poder, algo que ya se da por hecho, sino la capacidad de volver a recuperarlo en el futuro. «Esto no va ya de las próximas elecciones, que serán un desastre, esto ya va de cómo de profundo es el pozo para poder salir después», sentencia, contundente, un veterano dirigente.