En un momento en el que muchas viviendas parecen intercambiables, donde el diseño neutro se impone para no molestar, Benedetta Tagliabue defiende lo contrario: las casas necesitan identidad. No una identidad inventada, sino aquella que nace de reconocer quién pasó por allí antes y qué historias perduran en sus rincones.
Desde que fundó EMBT junto a Enric Miralles, su compañero en lo profesional y en lo vital, su arquitectura ha buscado algo más que resolver funciones: ha querido contar historias alejadas de los esquemas convencionales. Juntos dejaron una huella rotunda con obras como el Parlamento de Escocia o el mercado de Santa Caterina, lugares que se han convertido en edificios emblemáticos para sus ciudades.
Desde el piso que compartió con Enric Miralles y que hoy comparte con sus hijos en Ciutat Vella de Barcelona, Benedetta Tagliabue sigue destilando esa mezcla de intuición, experimentación y ternura arquitectónica que marcó su trabajo junto a su pareja. En él, rodeada de objetos con historia, reafirma una idea que encabeza cualquier conversación con ella: una casa no es un contenedor, es un organismo en evolución.
La casa como dinosaurio: una metáfora sobre tiempo, uso y permanencia
Cuando Benedetta Tagliabue dice que una casa es “como un dinosaurio”, no busca una imagen extravagante. Habla de longevidad. De cómo una vivienda supera generaciones y acumula historias que terminan formando parte de su estructura. Por eso, explica en Animals Arquitectes de 3Cat, que su forma de trabajar no consiste en imponer una estética, sino en leer lo que el espacio ya contiene.
En su propio salón conviven piezas que hablan de esa continuidad. Destaca un piano de cola, regalo de boda de Enric Miralles: un objeto que ha pasado de sus manos a las de sus hijos y que resume su idea de permanencia. No es decoración, es biografía. Y ese es el tipo de valor que Benedetta Tagliabue considera esencial en cualquier hogar que aspire a tener carácter.
Por qué una casa no debe ser neutra
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Benedetta Tagliabue insiste en una idea que cada vez cobra más relevancia en el diseño de interiores: una casa con identidad es más duradera, más flexible y más humana. Eliminar sus particularidades en busca de una estética global puede resultar cómodo, pero deja escapar aquello que la vuelve memorable.
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RBA
Los arquitectos más icónicos que marcaron una eraEl hogar como extensión del pensamiento arquitectónico
Su piso en Ciutat Vella funciona como un laboratorio donde se ponen en práctica muchas de sus intuiciones. Allí conviven materiales, texturas y objetos de épocas distintas sin que nada parezca forzado. Para Benedetta Tagliabue, esa naturalidad demuestra que un hogar no necesita un concepto cerrado; necesita coherencia con su propia historia.
En un contexto en el que la arquitectura y el interiorismo residencial tienden a homogeneizarse, la mirada de Benedetta Tagliabue recuerda algo esencial: una casa no es un producto, es un legado. Y ese legado, si se respeta, tiene la capacidad de acompañar a muchas generaciones más.
Y esa manera de leer la casa se refleja en toda su arquitectura: en EMBT nunca buscaron soluciones convencionales, sino explorar formas libres y expresivas. El imponente mercado de Santa Caterina en Barcelona lo demuestra al combinar la fachada histórica con una cubierta contemporánea, creando un diálogo directo entre técnica y memoria urbana.