Visitantes ante una obra de Roni Horn en la exposición ‘Desenfocado. Otra visión del arte’, en CaixaForum Madrid.© Máximo García. Fundación «la Caixa»

Cuando un ser humano se enfrenta a una foto, pintura o grabación desenfocada, normalmente se queda un rato con la mente en ese espacio resbaladizo, pensando qué pueden esconder esos contornos sin forma precisa. Sucede porque nuestro cerebro tiene la necesidad de encontrar la definición, de fijar los límites de lo que está viendo. Y es esta exigencia la que ha llevado a muchos artistas a jugar con el desenfoque para mostrar su mundo desde otra perspectiva. Con un uso variado a lo largo de la historia, la exposición Desenfocado, que se puede visitar en Caixa Fórum de Madrid hasta el 12 de abril, se centra en todas estas cuestiones.

Con 72 obras y comisariada por Claire Bernardi y Emilia Philippot, la muestra parte de Claude Monet y sus nenúfares. De él, el primero en hacerlo –o al menos el más representativo–, dicen los estudiosos que pintó así esta serie de cuadros porque tenía cataratas. Pero, según han dejado escrito las comisarias en el catálogo de la exposición, una vez que se operó los ojos siguió haciéndolo de forma borrosa, por lo que para ellas acabó siendo una elección estética.

derecha: la directora de CaixaForum Madrid, Isabel Fuentes; la directora del Musée de l’Orangerie y comisaria, Claire Bernardi, y la conservadora en el Institut National du Patrimoine de Francia y también comisaria, Emilia Philippot.© Máximo García. Fundación "la Caixa"La directora de CaixaForum Madrid, Isabel Fuentes; la directora del Musée de l’Orangerie y comisaria, Claire Bernardi, y la conservadora en el Institut National du Patrimoine de Francia y también comisaria, Emilia Philippot.© Máximo García. Fundación «la Caixa»

Isabel Fuentes, directora de CaixaFórum Madrid, destaca que en algunos textos suyos se pueden leer frases que demuestran perfectamente esta idea. Como esta que el pintor dejó escrita: “Lo indeterminado y lo vago son medios de expresión que tienen su razón de ser y sus propiedades; gracias a ellos la sensación se prolonga. Ambos son el símbolo de la continuidad”.

A partir de Monet, otros muchos artistas comenzaron a utilizar el desenfoque desde el terreno de la experimentación, una serie de creaciones ligadas a la modernidad. “De hecho, la primera parte del siglo XX está muy asociada a la fotografía y a lo cinematográfico. En estos años utilizan el desenfoque como una elección estética al servicio de entender los mecanismos del inconsciente, como herramienta del psicoanálisis y un largo etcétera de usos más”, prosigue Fuentes. Una serie de obras entre las que se pueden encuadrar los primeros trabajos de Mark Rothko o, en los años 60 y 70, los juegos de percepción visual de Wojciech Fangor.

(Des)enfocar el fin de las certezas

Mircea Cantor, ‘Unpredicteble Future’, 2015. Colección particular, París.© Mircea Cantor, VEGAP, Barcelona, 2025

Si antes de la Segunda Guerra Mundial se utilizó principalmente como experimentación, a partir de ese conflicto –por todo lo que llevó aparejado– vivirá su punto álgido: desde entonces también se empezará a usar como herramienta para narrar lo que no se puede contar directamente. “Con la Segunda Guerra se habla del fin de las certidumbres, por lo que a partir de entonces el mundo queda difuso. Se abre todo un contexto para que muchos artistas experimenten con esa idea de fondo”, explica Fuentes.

Y añade: “Ante el horror de la guerra y los campos de concentración, hay una serie de creadores que utilizan el desenfoque para velar, para hacer menos explícita o restarle definición a una realidad difícil de afrontar. Pero al mismo tiempo, con ese elemento borroso, buscan demandar la concentración del observador para poder hacer frente a esa realidad. Un doble juego de desenfocar para ver”. 

De esta forma, el desenfoque, la visión borrosa, servía para mostrar esa imagen que, nítida, nos sería imposible mirar. Como sucede en la obra del francés Christian Boltanski, quien intentó explicar el horror que supuso el Holocausto a través de rostros infantiles difuminados que acaban teniendo un aire espectral. También se encuentra en la exposición el trabajo del fotógrafo Alfredo Jaar, quien se propuso lo mismo, pero con el genocidio de Ruanda. En su caso, aparece la fotografía de una mujer de espaldas y borrosa como metáfora de que le fue imposible contar esa barbarie. Y el de Thomas Ruff, con Jpeg ny01, un trabajo en el que muestra una imagen del ataque que sufrieron las Torres Gemelas en 2001 muy pixelado.

La identidad y el tiempo escondidos en el desenfoque

Según la directora del museo del CaixaFórum, a partir de entonces, el desenfoque no ha hecho más que crecer para intentar explicar otros aspectos. Como el de la identidad: “Es un concepto en constante cambio que podemos ver en obras de Óscar Muñoz o Bertrand Lavier”. También en el trabajo de la fotógrafa Mame-Diarra Nianang, quien en Morfología del sueño nª 6 de la serie Sama Guent Guii explora la identidad negra a través del desenfoque, consiguiendo así reflexionar sobre qué constituye a un individuo más allá de lo que han impuesto sobre él.

La exposición finaliza con varias obras en las que se pone en cuestión el tiempo actual. Entre todas ellas, hay dos que explican muy bien cómo nos relacionamos con él. La primera es una de Marten Baas, quien a través de un falso reloj digital pone en cuestionamiento el tiempo desdibujado. Y la segunda es una obra de Mircea Cantor, en la que, a través de la frase Impredictable futur escrita  en un espejo con vaho, el autor apela directamente a un futuro incierto, uno todavía por disputar.