“Se trata de una unidad del modelo típico de las colonias periféricas de la época, vivienda en hilera adosada entre medianeras, de dos plantas, con cubierta a dos aguas y con un amplio jardín al fondo del terreno”, cuentan.
Su antigüedad, sin embargo, también confería a la casa una distribución excesivamente fragmentada, con numerosos compartimentos que limitaban el flujo natural entre las estancias. A esto se sumaba la escasa iluminación y ventilación, factores que reducían notablemente la sensación de amplitud y confort. Además, la casa minimalista carecía del aislamiento adecuado y del equipamiento necesario para responder a las exigencias actuales de bienestar, eficiencia energética y funcionalidad cotidiana.

Las tonalidades blanco, gris y arena se extienden por los principales planos interiores —suelos, paredes y techos— envolviendo el espacio con una unidad cromática serena y continua.
Alberto AmoresTrucos para aumentar el espacio de una casa
Ante este panorama, el equipo profesional puso en marcha los cinco pasos de su programa Hiperflex, un método integral con el que lograron dotar a la casa minimalista de mayor luminosidad y una estética plenamente contemporánea. A través de este proceso, no solo modernizaron los espacios, sino que también optimizaron su funcionalidad, generando ambientes más abiertos, coherentes y capaces de adaptarse a las necesidades cambiantes de sus habitantes.
- Liberar el volumen original eliminando tabiques, lo que permitió que el aire y la luz circularan con mayor libertad y ofrecieran una base más abierta para el proyecto.
- Expandir el espacio desde la planta baja, adosando medio volumen a la medianera y configurando el otro medio como un patio simétrico con jardín incluido, lo que amplía las posibilidades de uso y conexión con el exterior.
- Generar una nueva fachada posterior que se abra al patio a través de muros de jardín y una gran superficie de vidrio abatible, capaz de plegarse por completo o en parte, creando así una transición continua entre el interior y el exterior.
- Definir los elementos permanentes, es decir, aquellos componentes fijos y funcionales —los llamados espacios servidores— que estructuran la vivienda y dan soporte a la vida cotidiana.
- Diseñar la parte adaptable, el vacío habitable, los llamados espacios servidos, pensados para transformarse según las necesidades y dinámicas de quienes viven en la casa.