Veinte años después, OBÚS volvió a subirse a un escenario con su formación original y lo hizo donde tenía que hacerlo: en Madrid. La noche del 13 de diciembre se convirtió en una cita muy esperada, marcada por la emoción del reencuentro y por la sensación de estar ante un capítulo importante del heavy metal español, con un Palacio de Vistalegre que presentó una buena entrada, aunque lejos del lleno absoluto.

Desde varias horas antes del inicio, el ambiente en los alrededores del recinto ya avisaba de que no se trataba de una noche cualquiera. Camisetas de todas las épocas, parches, chupas de cuero y público de varias generaciones compartían cervezas y recuerdos.; amigos que no se veían desde hacía años y una atmósfera de expectación creciente anticipaban que el regreso de OBÚS no era un concierto más.
La expectación se había incrementado todavía más tras el reciente estreno de «Siempre Hacia Delante», el primer tema nuevo de la formación clásica en dos décadas, que por cierto, no interpretaron. El regreso fue celebrado por músicos, periodistas y rostros conocidos de la cultura popular, que contribuyeron a dar visibilidad a una reunión muy especial dentro del rock nacional y a reforzar la sensación de acontecimiento único.

A eso de las 20:00h, El Pirata se encargó de calentar motores con una sesión cargada de clásicos del rock. A las 21:30h, con el recinto ya bien poblado y el público entregado, Paco Laguna, Juan Luis Serrano “Tío Luis” y Fernando Sánchez aparecieron sobre las tablas, seguidos de Fortu, que salió el último al escenario. El recibimiento fue caluroso, con gritos y alguna que otra pancarta en las primeras filas, y el mensaje quedó claro desde el primer minuto: OBÚS seguía contando con una base fiel de seguidores dispuesta a acompañarlos en este nuevo capítulo.
El arranque no dio tregua. «Necesito más» abrió fuego, seguida de «La raya» y «Más que un dios», una tríada que sirvió para poner a todo el mundo en órbita y dejar claro que la banda llegaba en buena forma. Con «Dosis de heavy metal» y «Cualquier noche» el sonido ganó aún más cuerpo y las primeras filas se entregaron definitivamente, mientras la pirotecnia y los juegos de luces terminaban de fijar el tono del espectáculo.

A partir de ahí, el grupo fue elevando la intensidad como si midiera cada reacción de Vistalegre. «Pesadilla nuclear» y «Siento ganas» consolidaron el bloque inicial, antes de que «Te visitará la muerte» y «Que te jodan» añadieran el punto más macarra y callejero al repertorio, mientras que «Sin dirección» supuso un pequeño respiro emocional.
Uno de los momentos más celebrados llegó con «Complaciente o cruel». Fortu reapareció tras un cambio de vestuario y Fernando Sancho se sumó a los teclados, aportando un matiz distinto sin romper la dinámica del concierto. A continuación, el grupo encadenó una serie de temas muy coreados: «Juego sucio», «El Que Más», con las pantallas proyectando imágenes de cine quinqui ochentero que situaban perfectamente a OBÚS en el contexto social y cultural del que surgieron, y «Dame amor», en la que la aparición de Luis Cobos al saxo arrancó una ovación sincera y dio al tema un aire festivo que contrastó con la crudeza de otros pasajes.

La parte central del show se completó con «Marilú», «Viviré», «Autopista» y «Cautivos», un bloque que combinó nostalgia, emoción y contundencia. Antes de «Autopista», Fortu se tomó un momento para saludar a su madre desde el escenario, uno de los instantes más emotivos de la noche, recibido con una gran ovación por parte del público que evidenció la conexión intergeneracional de la banda.
Tras este cuerpo principal llegó un breve solo de batería, con baquetas fluorescentes y protagonismo absoluto para Fernando, que mantuvo arriba la energía de Vistalegre y sirvió de puente hacia la traca final. A partir de ahí, OBÚS remató con una sucesión de himnos: «Dinero, dinero», «Va a estallar el Obús» y «Vamos muy bien» convirtieron el recinto en un coro unánime. Fortu pidió apagar las luces y el pabellón se iluminó únicamente con cientos de móviles, dejando una de las imágenes más potentes de la velada.

Después de «Vamos muy bien», el ritmo se detuvo para dar paso a un emotivo homenaje a los caídos del rock español. En la gran pantalla situada detrás de la batería fueron apareciendo músicos, periodistas y figuras clave de la escena, recibidos con respeto y largos aplausos por parte de un público consciente de la historia compartida que se estaba celebrando.
Los bises arrancaron con «Mentiroso», que devolvió la electricidad al recinto, seguida de «Esta ronda la paga OBÚS», convertida en un brindis colectivo entre banda y audiencia. El cierre definitivo llegó con «Sólo lo hago en mi moto», precedida por unas palabras de Fortu agradeciendo a todos los amigos y compañeros que enviaron vídeos para apoyar y promocionar el concierto, completando así el círculo de complicidades que rodeó a esta reunión desde su anuncio.

El concierto terminó entre pirotecnia, serpentinas y humo, con Fortu exhausto sobre el escenario. En las pantallas comenzaron a proyectarse imágenes históricas de la formación mientras los cuatro músicos se abrazaban en el centro del escenario, visiblemente emocionados. No fue una reunión para hacer caja ni para vivir del recuerdo: OBÚS volvió para reencontrarse con su gente y demostrar que su legado sigue vigente. Vistalegre no se llenó, pero la respuesta fue honesta, entregada y ruidosa, como corresponde a una banda que forma parte de la historia de nuestro rock.



