Una isla de cocina puede ser la pieza que vertebra toda la estancia… o el error que la condena al caos. Así al menos lo asegura el diseñador de interiores Alberto Torres cuando dice que «una isla mal diseñada estorba, no aporta y desgasta». Cuando la pieza no se ajusta al espacio, ni respeta los recorridos naturales de una cocina, deja de ser ese punto de encuentro proyectado mentalmente para convertirse en un obstáculo cotidiano. Por el contrario, bien planteada, «una isla estructura la cocina, mejora la vida familiar y eleva el uso del espacio al máximo».
Ojo al triángulo de trabajo y al desorden
Uno de los fallos más comunes es ignorar el triángulo de trabajo. Torres señala que «no respetar el triángulo de trabajo (fregadero-cocina-frigorífico) hace que se camine de más, se cocine mal y todo se vuelva incómodo». La solución exige mantener entre 90 y 120 cm de distancia entre esos tres puntos esenciales. Parece simple, pero una isla mal colocada rompe ese equilibrio y obliga a rodeos constantes que, al final del día, se sienten como una pérdida de energía. Lo mismo ocurre con los espacios de paso. «No crear espacios de paso suficientes —menos de 90 cm entre isla y muebles— imposibilita abrir cómodamente los cajones y crea agobio en cocinas pequeñas», explica. Para evitarlo, la recomendación profesional es dejar entre 100 y 120 cm libres alrededor de toda la isla, un margen que permite trabajar acompañado sin chocar ni interferir.
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Y cuidado con el desorden. Torres recuerda que «usar la isla como cajón desastre sin propósito definido solo consigue desorden visual y desperdicio de espacio». La isla debe pensarse como un punto estratégico según las necesidades reales del hogar: preparar, socializar, desayunar, estudiar, almacenar. Identificar ese uso ayuda a determinar si conviene integrar una placa de cocción, reservarla para desayunos rápidos o convertirla en espacio de trabajo adicional.
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Respeta las medidas y le sacarás un gran partido a tu cocina.
Amador Toril / Estilismo: Cristina Rodriguez Goitia
Hay que adaptar el diseño
La escala es otro de los grandes puntos ciegos. «Diseñar islas demasiado grandes o demasiado pequeñas satura visualmente el espacio y hace que se pierda funcionalidad», advierte. Para evitar errores, propone medidas mínimas muy concretas: 60 cm de ancho, 120 cm de largo y 90 cm de altura estándar. Son dimensiones que permiten trabajar, guardar y moverse sin renunciar a la estética. También es fundamental prever la instalación eléctrica y lumínica desde el inicio: «la falta de enchufes o iluminación adecuada da como resultado una isla que no sirve como espacio de apoyo real«. La recomendación incluye enchufes ocultos, tomas emergentes, iluminación colgante regulable o tiras LED empotradas que aporten luz directa sobre la zona de trabajo.
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Además, el diseño de una isla debe adaptarse al tipo de familia. Para hogares con niños pequeños, Torres sugiere priorizar seguridad y resistencia: «lo ideal son islas con bordes redondeados, superficies antihuellas y resistentes —como Dekton o laminados de alto brillo— y crear un espacio bajo la isla con almacenaje accesible para que los niños colaboren». Esa accesibilidad convierte la cocina en un escenario compartido, más seguro y más educativo.

Con niños, mejor formas redondeadas.
Limdim House Studio
Para todo tipo de familia
En parejas jóvenes sin hijos predominan otras prioridades: estética, impacto visual y versatilidad. «Suelen priorizar la estética y olvidan enchufes o la hacen demasiado grande por moda», comenta. Para ellos, su propuesta es una isla multiuso con placa o zona de preparación y una barra con taburetes para cenas informales, además de enchufes integrados que permitan trabajar con portátiles o cargar dispositivos sin improvisaciones.
En las familias numerosas el reto es distinto: «Los riesgos para familias numerosas son los atascos en horas punta, falta de espacio para sentarse y desorden constante». La solución pasa por almacenaje profundo, cajones XL, encimeras ampliadas para cuatro o cinco personas y dividir funciones dentro de la misma isla: desayunos en un lado, preparación en el otro.

Cuando hay personas mayores, mejor superficies no resbaladizas.
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Finalmente, Torres dedica especial atención a las viviendas de personas mayores o con movilidad reducida. «Hay que evitar una altura única, los materiales resbaladizos y la falta de apoyo«. Sus recomendaciones incluyen alturas escalonadas (90 y 75 cm), superficies con agarre, zonas de asiento estables, espacio libre para piernas y accesos sin obstáculos. Está claro que una isla bien pensada es una herramienta poderosa. Pero antes de dejarse llevar por la estética, conviene detenerse, medir y planificar: ahí empieza una buena cocina.