Durante décadas, la comunidad médica ha debatido sobre el potencial oculto de uno de los fármacos más comunes del botiquín mundial: la aspirina. Si bien su uso como analgésico y antiinflamatorio es bien conocido, su relación con la prevención de tumores ha sido un rompecabezas incompleto.

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Ahora, un nuevo estudio liderado por el Colegio Universitario de Londres (UCL) y publicado en The New England Journal of Medicine parece haber encontrado la pieza faltante: las plaquetas.

Investigadores de la Unidad de Ensayos Clínicos MRC del UCL, agrupados bajo la iniciativa SPARC, han propuesto que el mecanismo clave reside en la capacidad de este medicamento para suprimir la activación de las células sanguíneas encargadas de la coagulación.

El papel de la sangre en los tumores

Para entender el hallazgo, es necesario mirar la función biológica de las plaquetas. Tradicionalmente, se sabe que estas células detienen las hemorragias. Sin embargo, la investigación sugiere que, cuando se activan de forma inadecuada, pueden convertirse en aliadas involuntarias de la enfermedad.

Foto:iStock

Según el estudio, las plaquetas activadas no solo coagulan, sino que fomentan la inflamación y, lo que es más peligroso, pueden obstaculizar la respuesta del sistema inmunológico frente a células malignas que se han diseminado. En modelos animales se observó que este proceso facilita la formación de nuevos tumores, un ciclo que la aspirina logra bloquear.

La profesora Ruth Langley, autora principal del trabajo, destacó la magnitud del esfuerzo conjunto: “Estamos muy entusiasmados con esta nueva colaboración. Además de centrarnos en el mecanismo de acción, reunimos datos de ensayos clínicos mundiales de pacientes que toman aspirina después de un diagnóstico de cáncer”, señaló la experta.

Dosis bajas, resultados prometedores

Uno de los datos más relevantes para los pacientes es la cantidad de medicamento necesaria para lograr este efecto protector. Los hallazgos del grupo SPARC indican que dosis bajas, oscilando entre setenta y cinco y cien miligramos diarios, son suficientes para suprimir la activación plaquetaria.

Esta hipótesis se ve reforzada por el ensayo CAPP-3, centrado en personas con síndrome de Lynch, una condición hereditaria que eleva el riesgo de padecer cáncer. 

El profesor Sir John Burn, de la Universidad de Newcastle, explicó la relevancia de estos datos: “Los resultados recientes a largo plazo del ensayo CAPP-3, que muestran que la aspirina en dosis bajas, cien miligramos diarios, es tan eficaz como dosis más altas para prevenir los cánceres hereditarios del síndrome de Lynch, refuerzan nuestra hipótesis de que el efecto de la aspirina sobre las plaquetas es clave para entender cómo previene el cáncer”.

El camino hacia la medicina personalizada

La investigación no se detiene en la prevención general. Actualmente, el ensayo Add-Aspirin, dirigido por el equipo de Langley, investiga si el fármaco puede reducir la recurrencia de la enfermedad en pacientes ya tratados.

Los primeros análisis mostraron que, tras el tratamiento oncológico, los niveles de activación plaquetaria se mantenían elevados durante meses.

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Además, estudios paralelos buscan identificar quiénes son los candidatos ideales para esta terapia:

  • El estudio ALASSCA en Suecia sugiere que las características genéticas de los tumores determinan qué pacientes se benefician más de la aspirina tras una cirugía.
  • Dentro del ensayo Add-Aspirin se está realizando un análisis similar enfocado específicamente en pacientes con cáncer colorrectal.

Esperanza con precaución médica

Este avance científico representa un horizonte alentador para familias afectadas por predisposiciones genéticas. Tracy Smith, representante de Lynch Syndrome UK, comentó que “comprender cómo la aspirina suprime la activación de las plaquetas nos acerca a saber quién puede beneficiarse más y cómo usarla de forma segura. Cada avance da a los pacientes más confianza, más opciones y más tiempo, y eso no tiene precio”.

Sin embargo, los expertos son enfáticos en que esto no es una invitación a la automedicación. La profesora Langley advirtió que “aún se requiere más trabajo para comprender completamente la relación entre la activación de las plaquetas y la prevención del cáncer”. Recordó además que el fármaco conlleva riesgos serios, como el aumento de hemorragias, por lo que las personas no deben consumirlo de forma regular sin la estricta supervisión de un profesional sanitario.

*Artículo desarrollado con apoyo de IA y revisado por un periodista.