Babe Paley, editora de ‘Vogue’ y casada con William Paley, fundador de CBS; Slim Keith, primera esposa de Howard Hawks; Lee Radziwill, hermana de Jackie Kennedy; C.Z. Guest, casada con Winston Frederick Churchill Guest, sobrino nieto del primer ministro británico; Ann Woodward, esposa de … William Woodward Jr… Todas ellas, mujeres ricas, bellas, elegantes, de la alta sociedad neoyorquina, las reinas del Upper East Side. Son los ‘cisnes’ de Truman Capote, un círculo íntimo del escritor: eran sus confidentes y le acompañaban a las cenas y fiestas más exclusivas. Hasta que las traicionó, revelando públicamente sus secretos más íntimos en su libro ‘Plegarias atendidas’.
Warhol veneraba a Capote. Los ‘cisnes’ de éste recuerdan a las ‘Superstars’ de aquel. Fueron para ambos la llave de entrada a la alta sociedad neoyorquina
Salvando las distancias, la historia recuerda mucho a otra hoguera de las vanidades, en la que ardieron las musas de Andy Warhol, a las que llamaba ‘Superstars’. De hecho, el artista veneraba a Capote. Aunque al principio fue objeto de sus desprecios, acabó sucumbiendo, más por su fama que por su carisma, e incluso lo invitó al célebre baile en blanco y negro celebrado en el Hotel Plaza en 1966. Fuera o no para emularlo, Warhol se rodeó igualmente de un séquito de mujeres. Son las protagonistas del libro ‘Las musas de Warhol’, de Laurence Leamer (Editorial Cántico).
Aunque al igual que los ‘cisnes’ de Capote, las superestrellas de Warhol fueron la llave para entrar en los círculos más exclusivos del uptown, pero no todas procedían de la élite de la Gran Manzana. Eran menos glamurosas, más extravagantes y ‘underground’. La historia (espóiler) acabó como el rosario de la aurora: adictas, con problemas de salud mental e incluso muertas. Los ‘cisnes’ de Capote y las superestrellas de Warhol fueron ‘de usar y tirar’, como unos simples pañuelos de papel. Cazadores de celebridades, ambos las coleccionaban como juguetes o trofeos. Mientras les servían fueron sus musas, pero cuando ya no las necesitaban, se deshacían de ellas sin pudor.
Warhol les daba a sus musas un nombre nuevo, ‘marcándolas’ como si fuesen reses de su propiedad
Warhol fue un paso más allá que el autor de ‘A sangre fría’. Les daba un nombre nuevo, ‘marcándolas’ como si fueran reses, para que todos supieran que eran de su propiedad. Se servía de su asistente Gerard Malanga como señuelo para cazar a sus ‘víctimas’. El cebo, convertirlas en protagonistas de sus películas y lanzarlas al estrellato. Pero esos filmes ‘underground’ distaban mucho del brillo de Hollywood: fiestas salvajes, drogas y sexo desenfrenado campaban a sus anchas en cada esquina de la plateada Factory. Todas ellas jugaron un papel crucial para convertir a aquel niño enfermizo de Pittsburgh, que soñaba con las estrellas de Hollywood, en el artista contemporáneo más famoso del mundo. Las manipuló a su antojo y dejó que se destruyeran sin despeinar su cabellera platino. Ellas pagaron un precio terrible: cayeron en un pozo del que no pudieron salir para recuperar sus vidas.

La despreocupada Baby Jane Holzer (a la izquierda), junto a Mick Jagger y Andy Warhol
David McCabe / Cipolla Gallery
Leamer relata en el libro las vidas de diez de las superestrellas de Warhol: «No eran solo sus ‘Superstars’, eran sus musas artísticas. Ayudaron a transformar al hijo de inmigrantes de Europa del Este nacido en Pittsburg en el artista internacional Andy Warhol. Eran interesantes y complejas, vivieron vidas dramáticas», advierte el autor. El Chelsea Hotel era el hogar de algunas de ellas. Para contar sus biografías se valió, principalmente, de una fuente valiosísima: las transcripciones de muchas de las 3.400 cintas que el artista legó a la Fundación Andy Warhol para las Artes Visuales de Nueva York y hoy se hallan en el Museo Warhol de Pittsburgh. Grabó toda su vida a partir de 1965, sin el conocimiento, al parecer, de las personas que aparecen en ellas.
Edie Sedgwick fue la superestrella más querida por Warhol. Estaba fascinado con ella, la amaba
Una de sus musas fue Jane Holzer. Su sobrenombre, ‘Baby Jane’. Hija de un magnate inmobiliario de Palm Beach, tenía 23 años cuando conoció a Warhol en el lujoso apartamento familiar de Park Avenue en una velada entre cuyos invitados se hallaban Mick Jagger y el fotógrafo David Bailey, uno de los artífices del Swinging London. Era rubia, atractiva y carismática, una mujer poco convencional con alma de bohemia. Participó en varias películas de Warhol, pero «nunca se sintió cómoda entre drogadictos y excéntricos». Acabó siendo sustituida por su nueva superestrella, Edie Sedgwick, quizá la más querida por el artista. «Estaba fascinado con ella, la amaba», dice Leamer.

Andy Warhol y la ‘Superstar’ Edie Sedgwick se alzan tan altos como el Empire State Building
David McCabe / Cipolla Gallery
Su verdadero nombre era Edith Minturn. El escritor la define en el libro como una joven «delgada, con una imagen etérea, andrógina, con grandes ojos, muy maquillada, hipnotizante, ingeniosa, irreverente, carismática, que bailaba como nadie, una fiestera incansable». Pertenecía a la alta sociedad americana. Pero en su familia había antecedentes con problemas mentales: su padre, sus hermanos… Ella era bulímica. Estudió arte en Harvard, era escultora, pero quiso ser modelo. La cámara la adoraba. Llevaba el pelo corto, lucía mallas, abrigos de piel y largos pendientes. Impuso su estilo. Despilfarraba el dinero, vivió descontrolada (sufrió quemaduras graves al incendiarse su habitación, llena de velas) y acabó sumida en una espiral de drogas: heroína, anfetaminas… Murió a los 28 años. Dicen que Warhol, al enterarse, ni se inmutó.
Entre las conquistas de la bella Nico se hallan Bob Dylan, Jim Morrison y Alain Delon, con quien tuvo un hijo, Ari
Isabelle Collin Dufresne fue bautizada como ‘Ultra Violet’. Lucía el pelo pintado de violeta, vestidos morados y cuentan que llevaba una remolacha en el bolso y se frotaba con ella los labios y las mejillas. Fue amante de Dalí. «Tenía un porte aristocrático, un aura enigmática», comenta Leamer de ella. Adinerada, coleccionista de arte, soñaba con Hollywood. Christa Päffgen (una escultural alemana, rubia, de 1,80 de altura) fue modelo y actriz a la que Warhol vio en ‘La dolce vita’, de Fellini, donde tenía un papel secundario, y quedó fascinado por ella. Conocida como Nico (por el director griego Nico Papatakis), su sueño siempre fue ser cantante. Entre sus conquistas, Bob Dylan, Jim Morrison y Alain Delon, con quien tuvo un hijo, Ari, no reconocido por el actor… Pese a las reticencias de Lou Reed (la veía como una impostora sin talento), se unió a la banda The Velvet Underground. A los 49 años, estando en Ibiza salió en bicicleta a comprar marihuana. Se cayó, golpeándose la cabeza. Murió poco después.

Andy Warhol junto al grupo The Velvet Underground (Moe Tucker, Lou Reed, Sterling Morrison y John Cale) y Nico (a la izquierda)
Gerard Malanga
Brigid Berlin, ‘la duquesa’ era hija de Richard E. Berlin, presidente de la Corporación Hearst. Vivían en la Quinta Avenida. Tuvo una vida complicada: problemas alimenticios, alcohólica, adicta a las anfetaminas… Falleció en 2020. Ingrid von Scheven, ‘Ingrid Superstar’, fue un caso especial. No pertenecía a la alta sociedad. De familia modesta y con problemas mentales, la ‘fichó’ Warhol para vengarse de Edie cuando esta lo abandonó por Bob Dylan, a quien Warhol despreciaba. «Lo consideraba un estafador sin talento», escribe Leamer. Quiso ‘fabricar’ un clon de Edie.
Mary Woronov, estudiante de arte, morena, guapa, musculosa, fue ‘bautizada’ como ‘Mary Might’, pero ella se negó a tener un nombre nuevo. Susan Bottomly, ‘International Velvet’, tenía 17 años cuando entra como ‘superestrella’ de Warhol. Su madre, de sangre noble, y su padre era fiscal adjunto de Massachusetts. Susan Mary Hoffmann, ‘Viva’, modelo aspirante a artista, inteligente, ingeniosa, desinhibida… De familia profundamente religiosa, uno de sus hermanos trató de violarla, otro la golpeó brutalmente.
«Merecen ser recordadas por las mujeres que fueron, figuras fascinantes en una época osada»
Laurence Leamer
Autor de ‘Las musas de Warhol’
La última superestrella de Warhol fue James Slattery, la única superestrella trans, bautizada como ‘Candy Darling’. Sufrió acoso en el colegio. Obsesionado con las estrellas de cine, prometió que algún día sería rica y famosa. Ejerció la prostitución e intrigó al artista. Vivió ferozmente y murió de cáncer a los 29 años.
«Merecen ser recordadas por las mujeres que fueron, figuras fascinantes en una época osada», dice Leamer en el prólogo del libro. Fueron las musas de sus películas. Pero Warhol tenía otras superestrellas, algunas de las mujeres más célebres del siglo XX, a las que retrató obsesivamente: Marilyn Monroe, Elizabeth Taylor, Jackie Kennedy… En 1968, otra mujer, Valerie Solanas, una feminista esquizofrénica, disparó contra Warhol. No lo mató, pero ese día empezó a morir poco a poco.