Cuando acudimos a un interiorista para que reforme nuestra casa, lo hacemos movidos por el atractivo de sus proyectos, su reputación, por que coincidimos con su estética y en él depositamos toda nuestra confianza.

Pero ¿qué les mueve a ellos, a los profesionales, a decir NO a un proyecto? ¿Cuáles son sus límites innegociables, lo que nunca harían bajo ningún concepto? Se lo hemos preguntado a 5 interioristas: Pia Capdevila, Rober Quiñones-Her, de The Num Studio, Xavier Martinell, de Luzio Studio, David González, de PortobelloStreet.es, y Josep Boix, de Zentrum. Estas han sido sus contundentes respuestas.

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redflag básica

Parece de cajón, pero conviene recordarlo. Una red flag de primer orden «es empezar un proyecto sin plano a escala y mediciones —explica Josep Boix, de Zentrum,—. Si no cuentas con un moodboard, el pilar del proyecto, apaga y vámonos. Definir la piel interior de la casa y todo lo que proyectamos es fundamental. Y, por supuesto, establecer un presupuesto. No se puede trabajar sin presupuesto. Sin budget es complicado encajar un proyecto. Es imprescindible para llegar al objetivo del cliente».

A lo que añade Rober Quiñones-Her, @thenum_studio: «Nunca inicio un trabajo si el cliente no tiene una intención definida. Un proyecto sin visión está condenado a la improvisación y la improvisación siempre sale cara«. No hay peor red flag que comenzar una obra sin planificación, tiempos, permisos o equipos claros —continúa el interiorista— Antes de comenzar, todo debe estar documentado, ordenado y verificado«.