Lunes, 15 de diciembre 2025, 11:58

Con este frío cuesta, pero recuerden la situación. Posiblemente estaba usted en la playa y en pleno mes de julio miró su móvil y vio la noticia de que un tal Almada fichaba por el Pucela. Ese apellido da juego para un titular: La ‘Almada invencible’ o ‘un equipo sin alma’. Esta temporada empezó con la primera idea, pero eso resultó fugaz. Siguió por la segunda de las opciones y al final Almada ha caído, pero no como se esperaba sino en una «patada hacia arriba» porque justo cuando la grada pedía su dimisión, ha sido él quien ha ascendido. Como ya advirtió en su llegada, venía aquí para ascender a Primera División, aunque las cosas se han salido del argumento previsto. Probablemente ya veía las orejas al lobo porque sus números estaban tumbando su proyecto. Definitivamente era un equipo «sin alma». Seis derrotas a estas alturas hacen que el ascenso directo sea casi una quimera y era necesario un cambio de rumbo para, al menos, no alejarse más de los puestos de promoción.

Si defensivamente el equipo estuvo más o menos organizado, aunque expuesto siempre a las contras por la presión adelantada, para la faceta ofensiva sus números no alcanzaban y tampoco ayudó la confección de la plantilla. Los problemas físicos de Marcos André, ya recurrentes, dejaban el gol en los pies de Latasa y dos chavales de cantera. La llegada del Oviedo solo ha venido a facilitar las cosas, ya que la falta de gol del equipo había desacreditado al técnico uruguayo en Pucela. Almada venía con un aura de prestigio en Latinoamérica, pero tras la derrota ante el Andorra la afición explotó. Ya antes, tras la eliminación del equipo en la Copa a manos del modesto Portugalete CF, surgieron críticas fuertes y empezaron las primeras dudas. La eliminación ante un equipo de quinta categoría generó indignación, con pitos al equipo en el partido posterior en Zorrilla, y en Liga, los resultados tampoco acompañaron porque se encadenaron rendimientos mediocres y varios partidos generando ocasiones sin conseguir concretar. La excepción fue el partido de Huesca.

Decía Almada que él trabajaba con los jugadores hasta el momento de la finalización, pero ha sido precisamente eso lo que estaba «finalizando» su trayectoria en Pucela. Todo eso, al margen de que su salida sea una promoción laboral individual en la que llevará su presión adelantada a un modesto de Primera, con los riesgos que eso conlleva ahí. Bien pensado, que el equipo perdiera el sábado hace esta situación más llevadera pues imaginen que hubiera ganado 4-0 y, tras el 1-4 de Huesca, otros vinieran a quitarnos al entrenador como si fuéramos un filial.




Almada: De la mano de Pachuca vino, y de su mano se va

Curioso también como a la nueva propiedad del club (llegó de su mano) se le ha abierto el cielo. Pareció darle un margen de confianza infinito a su proyecto y Almada también defendió que necesitaba tiempo para adaptar la plantilla y su sistema a la realidad deportiva, especialmente tras tantas incorporaciones. Uno de los copresidentes, Gabriel Solares, dijo que «el equipo ha ido evolucionando a lo largo de la temporada aunque es evidente que nos ha faltado gol». No obstante, respondió con claridad al nivel de confianza en el técnico: «Estamos al cien por cien con él. Para nosotros este primer año es Almada. Ha estado en tres equipos fuera de Uruguay antes de venir acá y en los tres, los primeros meses, nunca fueron los más exitosos». Al ser instado a una respuesta más contundente sobre si podía asegurar que el uruguayo acabaría la temporada, el copresidente afirmó: «Yo, hoy, te diría que sí».

Pues ha sido que no, pero dentro de ese extraño «laberinto» en el que ha sucedido todo. El técnico uruguayo ya no sabía qué tecla tocar, en los últimos minutos del sábado se le vio especialmente desesperado en la banda, sin saber a quien dirigirse ni qué hacer al haber estropeado el partido con sus cambios y sin conseguir, otra vez, que el equipo tuviera gol. Dijo al venir que conocía el fútbol español, pero el único entrenador extranjero de la categoría ha demostrado que no era así. De hecho, Almada jamás analizó detalladamente a un equipo rival en una previa. Eso sí, nunca perdió las formas ante la prensa y su educación ha sido exquisita.

Paradójicamente dejó claro que de darse su cese no estaba «atornillado» al banquillo y matizó que solo cobraría «hasta el día que trabaje», dando así total libertad al club para decidir. También admitió su frustración por la falta de gol del equipo, aunque siempre defendió que la plantilla trabajaba y creía en su proyecto. Su propia declaración de «manos libres» del club dejaba claro que la opción de su cese podría estar sobre la mesa.

Ahora hay que fichar, el mercado se abre el día 2 de enero y, por cierto, el hecho de que Almada se vaya a un Primera como el Oviedo (claras han quedado las buenas relaciones entre Ignite y Pachuca) hace posible que un jugador alabado por el técnico y que cumple contrato, como Chuki, pueda acabar promocionando también porque Almada precisa de futbolistas para su estilo. Necesita, por ejemplo, extremos que se metan por dentro porque en bandas él prefiere centrar con los laterales. Eso aquí no ha funcionado y ahora se espera un cambio de registro de la mano de un nuevo entrenador que consiga dar con la tecla.

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