El Museo de Arte Sacro, situado en la plaza de la Encarnación, expone desde hoy y hasta el 10 de mayo ‘El espíritu de Bizkaia’, … una muestra resultado de su colaboración con el Bellas Artes. Propone un viaje a través de 62 cuadros que representan la identidad social y religiosa en el cambio de siglo, entre 1870 y 1936, «un gran momento en que la religión marcaba la vida pública y privada, un capítulo histórico en el desarrollo del arte entre la tradición y la modernidad», expuso este lunes la nueva directora del Museo de Arte Sacro, Raquel Cilla, en la presentación de la exposición.

Cilla se felicitó por esta nueva colaboración con el Bellas Artes, que ha traído 27 de sus obras para sumarlas a las 11 de la colección propia. Llegan a ser 62 gracias a los préstamos procedentes de particulares y colecciones corporativas de otros museos (Bellas Artes de Álava, la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando de Madrid, Euskal Museoa de Bilbao y Museo de Arte e Historia de Durango), empresas (Banco Santander y Kutxa Fundazioa), instituciones (Gobierno Vasco), entidades (Sociedad Bilbaína) y archivos (Archivo Histórico Foral de Bizkaia y Archivo Smith Arquitectos Bilbao). El director del Bellas Artes, Miguel Zugaza, señaló que es la «colaboración más grande» de ambos museos hasta la fecha. «Hablamos de un momento en que el arte está cambiando, se moderniza con el paso del mundo rural y sus costumbres al mundo urbano que surge de la industrialización».

Las siete secciones en las que se ha dividido la muestra son ‘Creer en la transformación’, ‘Modernizar lo sagrado’, ‘Ocio y devoción’, ‘Alma comercial’, ‘Paisajes místicos’, ‘Nuevas iconografías femeninas’ y ‘Espacios sagrados’. «La Segunda Revolución Industrial (1870-1914) fue una etapa de enormes transformaciones en la que la religión reafirmó su papel como elemento de cohesión social y mantenimiento de la tradición. La Iglesia aparece como centro de gravedad de la sociedad vasca, donde lo mismo se celebraban misas que se comerciaba o se celebraban fiestas y romerías», explicó Javier Novo, coordinador de Conservación e Investigación del Bellas Artes y la persona que ha determinado la selección de piezas expuestas.

Por su parte, Nora Sarasola, directora de Obra Social Fundación Bancaria BBK, patrocinadores de la exposición, agradeció que «el Bellas Artes se haya desplazado al centro de Arte Sacro, un espacio que permite realizar una narrativa adecuada. Esto atraerá a más gente a este museo«.

La exposición se inicia con la sección ‘Creer en la transformación’, que ejerce a modo de introducción generalista con cuadros como ‘Por las víctimas del mar’, de Valentín de Zubiaurre, ‘Misa mayor en la Iglesia de Derio’, de Anselmo Guinea, la ‘Hoguera de San Juan de Bretaña’, de Álvaro Alcalá Galiano, y un óleo que muestra una clase de costura en un típico colegio católico, ‘Sala de mi colegio’, de Asunción García Asarta, entre otras piezas. En el segundo apartado, ‘Modernizar lo sagrado’, se encuentran el ‘Cristo’ en mármol de Quintín de la Torre, una ‘Estatua de San Cosme’ y el cuadro ‘Cristo en el Gólgota’, de José Echenagusia.

El tercer espacio, ‘Ocio y devoción’, se abre con una pantalla donde se proyectan siete minutos de imágenes rodadas por los hermanos Valentín y Ramón de Zubiaurre, donde se ve a la gente en procesiones y celebraciones. De la pared cuelga también una curiosa y pequeña fotografía anónima comprada recientemente por el Bellas Artes en París donde queda retratada una misa de campaña, ‘En el frente vasco durante la ofensiva nacionalista. Milicianos vascos asisten a una misa al aire libre’ (1937). «Se usó como propaganda contra los franquistas que hablaban de los vascos como de laicos y ácratas, cuando el ejército vasco tenía 110 capellanes», explicó Novo.

El recorrido se adentra luego en el fervor popular presente en iglesias y ermitas, vistas también como «espacios de encuentro, celebración y comercio en romerías y mercados», donde destacan el cuadro de Aurelio Arteta ‘En la romería’, y ‘Gitanos en el mercado’, de Manuel Losada. El género del paisaje adquiere protagonismo en piezas centradas en templos, ermitas y santuarios repartidos por toda la geografía vasca, muchos de Durango, Arratia o Zeanuri. Otra de las estancias refleja cómo «la imagen de la mujer queda circunscrita sobre todo a arquetipos de la maternidad, laica o religiosa, y de la ‘nueva Eva’ asociada a una idealización del mundo rural vasco». Aquí es posible disfrutar de la ‘Eva arratiana’ y ‘Mirentxu o María’ de Arteta; ‘La virgen del pescador’ de Isidoro Guinea, o ‘La Anunciación’, de Jenaro Urrutia. El itinerario se cierra con planos, fotografías y maquetas de iglesias y panteones «que manifiestan la importancia que tuvieron los encargos de la Iglesia y la burguesía vasca para el desarrollo artístico de la época».

Los artistas representados en la muestra son Jenaro Pérez Villaamil, Pablo Bausac, Francisco Bringas, Antonio María Lecuona, Alphonse Guiard, Bernabé Garamendi, Juan de Barroeta, Eduardo Zamacois, Severino Achúcarro, Roberto Laplaza, José Echenagusía, Vicente Cutanda, Antoni Gaudí, Eulalia Abaitua, Anselmo Guinea, Darío de Regoyos, Antonio de Guezala, Adolfo Guiard, Manuel Losada, Fernando de Amárica, Francisco Durrio, Álvaro Alcalá-Galiano, Nemesio Mogrobejo, Quintín de Torre, Ricardo Bastida, Valentín de Zubiaurre, Aurelio Arteta, Manuel María Smith, Juan José Rochelt, Felipe Manterola, José Arrue, Ricardo Arrue, Isidoro Guinea, Tomás de Acillona, Jenaro Urrutia, Asunción Asarta, Joaquín Lucarini, Alfonso W. Sena, Fotógrafo Alonso y David Seymour Chim.