La costumbre que calma el cerebro al llegar a casa y funciona como un regulador emocional

Hace tiempo que entendimos que nuestra casa es un lugar seguro y un sitio donde nos calmamos y nos cargamos. De ahí el furor actual por los perfumes de hogar y las infinitas listas de hábitos (muchos de ellos daneses, porque el hygge lo inventaron ellos) para encontrar la calma y la paz mental en nuestro hogar. Y aunque las opciones son infinitas, hay una costumbre muy sencilla y muy potente a la hora de regular nuestro sistema nervioso. Durante el día castigamos a nuestro cerebro con unos cuantos gestos que le pasan factura (estrés, hiperconexión, sedentarismo….) y el momento de llegar a casa y desconectar debería ser casi sagrado. Por eso tiene tanto valor la recomendación que hace Ana de Santos Gilsanz, periodista experta en bienestar y sostenibilidad, autora del libro Vivir sin huella (Zenith) y directora creativa de la vela eL Hogar de la firma española Matarranz. La primera fragancia de esta icónica firma especializada en textiles para casa no ha sido ni una bruma, ni un mikado. Ha sido una vela –se llama eL Hogar– y el motivo, según Ana de Santos, entronca precisamente con esa idea de relajación y de presencia que requieren nuestro cuerpo y nuestra mente al llegar a casa: “Cuando Matarranz me pidió crear el primer perfume de la casa en 114 años, me preguntaron qué formato imaginaba: un mikado, un room spray o una vela. Para mí, la respuesta fue inmediata: tenía que ser una vela. La vela exige presencia: detenerse, encender la llama, mirarla. Ese gesto cambia la energía del hogar… y también la nuestra”, explica. Y continúa con los poderosos beneficios que tiene encender una vela (y que pasamos por alto): “Te obliga a pausar, y esa pausa es bienestar. Es un ritual sencillo pero muy poderoso: baja la luz, cambia la energía y te trae al presente”, explica.

Cómo encender una vela para que funcione como un regulador emocional

La periodista, que resume de forma rotunda los beneficios de este gesto –“Una vela funciona como un regulador emocional silencioso”, dice– tiene una clara hoja de ruta sobre cómo convertir este gesto en un amortiguador del estrés. “Mi ritual es llegar a casa, dejar el móvil lejos, reducir la iluminación y encender la vela. Esa intención marca mi transición del afuera al adentro como cuando vamos a la naturaleza o meditamos. La intención es fundamental”, apuesta. Y define otros dos momentos concretos en los que se debería hacer este ritual:

  • Al caer la tarde, cuando el cuerpo empieza a necesitar calma.
  • Antes de dormir, para preparar el ambiente, bajar pulsaciones y acompañar al descanso.

La vela que huele a hogar (y es sostenible)

El olor de la primera vela de Matarranz (para cuya creación se ha contando también con la perfumista vasca Ane Ayo, que ha trabajado con firmas icónicas como Chloé e Issey Miyake) es olor a casa, a hogar. “Para mí, el hogar huele a madera. Es un olor que siempre he asociado con protección, arraigo y seguridad, como ese refugio al que vuelves para bajar pulsaciones. Y también tiene un componente muy íntimo: para mí el hogar huele a la calidez de una madre. Ese matiz emocional lo representa el jazmín, que aporta luz suave y ternura. Por eso está tan presente en la fragancia”, explica De Santos. La idea, prosigue la experta, era crear un aroma “que acompañe sin imponerse, como una manta ligera o una luz al atardecer”. Para ello han construido un perfume con notas de cardamomo, albahaca, aceite de naranja marca, anís, ciprés, geranio, sándalo, pachulí y cedro.