Acto I. Preludi
La ópera comienza con el famoso «acorde de Tristán», un hito en la evolución armónica de la música occidental: una frase que no se resuelve según las leyes de la tonalidad, dejando flotando una sensación de duda y ansiedad. El preludio presenta, además, diferentes temas que tendrán importancia en la ópera, organizados de manera inestable, creando la sensación de inquietud mientras se espera una solución satisfactoria que, como se comprueba al final de la obra, solo se encuentra en la muerte.
Acto II. Tristany, Isolda
«O sink hernieder, Nacht der Liebe.»
Refugiados en la noche, una premonición de la muerte, y a escondidas del rey Marke, Tristán e Isolda se citan en un jardín para compartir su primer encuentro amoroso. El resultado es el dúo más largo, de unos 25 minutos, y sobrehumano de toda la historia de la ópera. La pareja enamorada busca desesperadamente la satisfacción de su amor. Cuando está a punto de alcanzar esa culminación, más metafísica que corporal, Brangäne interviene: alguien se acerca y el éxtasis sonoro se interrumpe cruelmente.
Acto III. Isolda
«Liebestod»
Después de la muerte de Tristán, Isolda decide seguirlo hasta el lugar donde podrán estar siempre juntos y alcanzar la máxima expresión de su amor inmenso e indescriptible: al otro lado, más allá del mundo carnal. El momento final de la ópera, un aria de una belleza lírica y una tensión dramática incomparables, que la soprano debe afrontar después de cuatro horas de función, es también la resolución del incierto acorde del preludio inicial: las tensiones armónicas se resuelven finalmente en un aria sublime e insuperable.
En el escenario
Mucho antes de su estreno, Tristán e Isolda tenía la ingrata reputación de ser una ópera irrepresentable y difícil de cantar. Esto nunca fue la intención de Wagner: su plan era crear una obra con exigencias escénicas poco complicadas y atractiva para los cantantes, que podrían alcanzar una belleza sublime y arder en una pasión amorosa inigualable. Pero, en la práctica, Tristán e Isolda es un drama metafísico que no puede abordarse únicamente desde la literalidad del libreto, y la música que Wagner propuso era nueva para su época: tensaba la armonía, forzaba la disonancia y densificaba la sensación acústica con una gran cantidad de notas, lo que hacía que las orquestas no supieran cómo interpretarla. Y aunque los cantantes sí podían cantarla, la dificultad consistía en hacerlo en una sola noche, dado que hay pocos personajes y los protagonistas apenas tienen momentos de descanso. Basta recordar la siniestra anécdota que convirtió esta obra en la pesadilla de muchos tenores: el primer Tristán, Ludwig Schnorr von Carolsfeld, murió tres semanas antes del estreno en 1865 por una falla multiorgánica que algunas teorías atribuyen al sobreesfuerzo de preparar el papel.
Clay Hilley
Bryan Register
En pleno siglo XXI, Tristán e Isolda no es ni irrepresentable ni una tortura para los cantantes: de hecho, tiene una reputación mucho mejor, la de ser la mejor ópera de toda la historia, o al menos la que inicia la modernidad tras un largo periodo clásico. Sin embargo, sigue siendo una obra que exige las mejores voces del mundo para mostrar todo su potencial. Tristán, el personaje con más minutos en escena, necesita tenores fuertes, capaces sobre todo de llegar en perfectas condiciones al tercer acto, que para los cantantes de ópera es como terminar un maratón para los atletas. En esta ocasión, contaremos con dos tenores heroicos, el heldentenor wagneriano de primera categoría, los estadounidenses Clay Hilley y Bryan Register, este último en dos fechas, el 15 y 25 de enero. También tendremos dos Isoldas de máxima categoría: Lise Davidsen y Elena Pankratova, también el 15 y 25 de enero.
Lise Davidsen
Elena Pankratova
La presencia de Davidsen es especialmente importante, ya que la soprano noruega, en este momento una de las grandes sensaciones de la ópera mundial y la estrella destinada a dominar el repertorio dramático en los próximos años, debutará en el papel de Isolda en Barcelona en su totalidad. Previamente, en 2024, había cantado el segundo acto en Múnich. Junto a Davidsen estará Ekaterina Gubanova en el rol de Brangäne. Los demás papeles serán interpretados por el bajo inglés Brindley Sherratt, encargado de aportar severidad y rigor al rey Marke, el barítono polaco Tomasz Konieczny como el escudero Kurwenal, y el tenor catalán Roger Padullés como el caballero traidor Melot. Los papeles menores de la ópera, el timonel y el pastor y el marinero, serán interpretados respectivamente por Milan Perišić y Albert Casals. Todas las funciones serán dirigidas por la finlandesa Susanna Mälkki, una de las directoras de orquesta más perfeccionistas del panorama actual. Con esta vertiginosa altura artística, estas funciones apuntan a un resultado innegociable: la excelencia.