La presencia creciente de fauna silvestre en centros urbanos ya no puede explicarse únicamente por la pérdida de hábitat o el avance urbano desordenado. La evidencia científica indica que muchas especies están atravesando procesos de adaptación acelerada a entornos humanizados, donde la selección natural favorece la tolerancia al humano, la flexibilidad conductual y el aprovechamiento de recursos antropogénicos.
Para los médicos veterinarios, este fenómeno redefine el concepto de fauna silvestre urbana: animales que conservan su condición silvestre, pero que interactúan de forma cada vez más estrecha con personas, animales de compañía y ambientes urbanos.
Tolerancia, audacia y riesgo sanitario
Uno de los rasgos más evidentes de la fauna urbana es la reducción del miedo reactivo hacia el ser humano. Estudios en distintas regiones muestran que animales urbanos presentan distancias de huida significativamente menores que sus pares rurales. En términos prácticos, esto se traduce en mayor proximidad, mayor frecuencia de contacto y, por ende, mayor riesgo sanitario.
En Sudamérica, especies como el zorro gris (Lycalopex gymnocercus), el zorro culpeo (Lycalopex culpaeus), el carpincho (Hydrochoerus hydrochaeris) o el coatí (Nasua nasua) ilustran este proceso. No se trata de animales más mansos, sino de individuos con baja reactividad, seleccionados positivamente en ambientes urbanos.
Desde la veterinaria, esta tolerancia plantea desafíos concretos: traumatismos, accidentes de tránsito, transmisión de parásitos, circulación de agentes zoonóticos y conflictos derivados de la alimentación directa por parte de la población.
Adaptaciones fisiológicas y genéticas: una alerta temprana
La sinantropización no se limita al comportamiento. Investigaciones internacionales muestran cambios genéticos asociados a la digestión de dietas ricas en carbohidratos, la regulación del estrés y la función neurológica en especies urbanas. Aunque muchos de estos estudios provienen del hemisferio norte, los patrones observados son extrapolables a procesos similares en Sudamérica.
La selección de individuos con menor respuesta al estrés puede tener efectos sanitarios complejos: alteraciones inmunológicas, cambios en la dinámica de patógenos y mayor estabilidad de reservorios urbanos.
Fauna urbana, cognición y contacto con animales de compañía
La fauna silvestre urbana sudamericana muestra una notable capacidad de aprendizaje. Aves como el chimango (Milvago chimango), palomas (Columba livia) y gaviotas, así como mamíferos oportunistas, explotan basurales, restos de comida y alimento para animales de compañía.
Este aumento de la interfaz fauna silvestre–animales domésticos representa un punto crítico para el veterinario clínico y el sanitarista. La transmisión bidireccional de patógenos, la competencia por recursos y el uso compartido del espacio urbano refuerzan la necesidad de vigilancia epidemiológica activa.
Implicancias para la práctica veterinaria y la gestión pública
La evolución silenciosa de la fauna urbana exige una redefinición del rol del médico veterinario en ciudades sudamericanas. Ya no se trata solo de intervenir ante eventos puntuales, sino de participar en estrategias integrales que incluyan:
– Monitoreo sanitario de poblaciones silvestres urbanas
– Educación comunitaria para evitar la alimentación artificial
– Gestión adecuada de residuos
– Articulación con áreas de ambiente, salud y ordenamiento territorial
El enfoque de Una Salud resulta indispensable para abordar estos escenarios complejos, donde la salud animal, humana y ambiental están profundamente interconectadas.
Para la medicina veterinaria, la sinantropización interpela la formación, la práctica profesional y el compromiso con la salud pública en un contexto biodiverso y urbanizado.
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