Desde el pitido inicial solo hubo un equipo sobre el parqué del coqueto pabellón SH Prievidza, lleno hasta la bandera, donde el Surne Bilbao se … mostró tiránico e intratable para hacerse con su segunda victoria en el Top 16 de la FIBA Europe Cup. El partido solo existió –y poco– en la primera parte, cuando los eslovacos se dedicaron a sobrevivir a golpe de riñón sabiendo que su certificado de defunción estaba escrito y que acabaría firmado por los hombres de negro. Era cuestión de tiempo que los vizcaínos soltaran a los centroeuropeos, que les hicieran desaparecer, ejercicio de superioridad aplastante acreditado en una segunda parte en la que los de Jaume Ponsarnau dejaron al Prievidza en apenas 16 puntos. El mérito no fue tanto conseguir un triunfo que se daba por presupuestado, sino mantener el compromiso con el trabajo, la intensidad y la defensa hasta el final pese a verse con ventajas de casi 40 puntos en el marcador. Lo malo fueron las lesiones de Frey y Sylla, quienes serán examinados ahora para ver si tienen algo importante.
Con el viento en popa, potenciado con tres victorias consecutivas entre ACB y Europa, el Surne Bilbao desembarcó en la pista del Prievidza con la intención de dar continuidad a los buenos resultados y reforzar su candidatura dentro del grupo de cara al pase a los cuartos de final. Logró ambas cosas. De sobra es conocida la fragilidad del equipo lejos de Miribilla, fundamentalmente en la Liga Endesa, por lo que tocaba seguir manteniéndose firme en el escenario continental. Los hombres de negro no tuvieron problemas en sus visitas a las ‘cenicientas’ Kutaisi y Brno y tampoco frente a un buen Peristeri, del que dieron buena cuenta en Atenas, así que Eslovaquia se presentaba como otra plaza en la que ejercer la autoridad del campeón. Los de Ponsarnau cumplieron con los pronósticos y arrollaron a un Prievidza que se deshizo como un azucarillo en el agua en cuanto se puso enfrente de los vizcaínos.
Superioridad manifiesta
Al principio pasó un poco de todo, desde los dos triples seguidos de Jaworski y Lazarevic –magnífico el partido del serbio tanto en anotación como en rebote y defensa– hasta la lluvia de peluches tras la primera canasta del Prievidza que obligó a parar el encuentro unos cinco minutos y el conato de pelea entre Krampelj y Toussaint. El americano zancadilleó y empujó al esloveno, quien se revolvió con ganas de meterle una galleta tamaño XXL. La sangre no llegó al río, los árbitros lo resolvieron con dos respectivas técnicas y mandaron a seguir jugando. Nunca sobra recordar que el arbitraje FIBA merecería una sección fija en uno de esos programas fantasmagóricos de Iker Jiménez, donde aparecen individuos jurando que habían hablado con la niña de la curva y visto a su abuelo fallecido apilando heno en un granero. En fin, que el Surne Bilbao se hizo con el mando del choque desde el salto inicial y con un parcial de 1-13 cerró el primer cuarto 15 arriba (12-27). Solo era el aviso de lo que llegaría después.
Los eslovacos querían pero no podían, conscientes de su inferioridad. Otro triplazo de Jaworski dio la máxima ventaja a los hombres de negro (12-30), reducida por un golpe de inspiración de Tolbert y Lewis. El Prievidza endosó un 7-0 a los vizcaínos, que reaccionaron desde la mentalidad de acero de Lazarevic –llegó al descanso con nueve puntos sin fallo, siete rebotes y dos asistencias– y la calidad de Hilliard. El equipo se marchó al vestuario 13 arriba (30-43), sabedor de que convertiría en polvo a su rival simplemente con cerrar el puño. Lo hizo sin forzar la máquina ni comprometer la salud de los jugadores, y eso que Bagayoko y Jaworski dieron sendos sustos que se quedaron en anécdotas.
Tiros de 2
Tiros de 3
Tiros libres
Rebotes
22+9Defensivos+Ofensivos42+17
Tapones
Balones
OTROS
No fluía el Surne Bilbao desde la línea mágica –acabó con un 8 de 34 en triples–, pero incluso así laminó a los eslovacos porque estaba a años luz del conjunto de Prievidza y porque tiene a Hlinason. El islandés es absolutamente fundamental en el juego del equipo, en defensa y ataque, un factor diferencial que determina el baloncesto de los hombres de negro. Casi todo gira en torno a la figura del pívot, autor de 13 puntos, 7 rebotes, 2 tapones y 22 de valoración, que facilita la vida a sus compañeros, intimida a los rivales, recoge la basura y abre espacios por donde se cuela el baloncesto coral de la franquicia de Miribilla.
En la segunda parte, los bilbaínos concedieron nueve puntos en el tercer cuarto y siete en el cuarto –cinco de ellos fueron de Toussaint–, además de meter 40. Todo el mundo –salvo un fallón Petrasek con un cero de siete en triples– acabó por encontrar y disfrutar de su trozo de tarta, como el joven Errasti. Ya van cuatro victorias seguidas y el pase a cuartos empieza a encarrilarse.

