Hablar de «los peores discos» de The Beatles es, en sí mismo, un ejercicio ingrato. Pocas bandas en la historia del rock han logrado sostener una discografía tan influyente, estudiada y reverenciada como lo hicieron los cuatro de Liverpool.
Sin embargo, incluso dentro de un catálogo casi intocable, hay trabajos que quedaron relegados, ya sea por circunstancias externas, repetición creativa o simplemente por no ser «tan buenos» como las otras obras del cuarteto.
Los siguientes tres discos que presentamos a continuación ocupan el fondo del ranking beatle y no por ser malos en términos absolutos, sino por palidecer frente a la altísima vara que el propio grupo supo imponer.
3. Yellow Submarine (1969)
Más que un disco de estudio propiamente dicho, Yellow Submarine funciona como un artefacto híbrido. Concebido como banda sonora de la película animada homónima -en la que, dicho sea de paso, los Beatles ni siquiera pusieron sus voces-, el álbum combina material reciclado con algunas canciones nuevas y una extensa sección orquestal compuesta por George Martin. El problema no es la calidad aislada de los temas inéditos, sino el conjunto: dos canciones ya publicadas, un puñado de descartes de sesiones anteriores y un lado entero dedicado a música incidental del film.
2. Beatles for Sale (1964)
Grabado en medio del vértigo absoluto de la Beatlemanía, Beatles for Sale refleja el primer desgaste serio del cuarteto. Era su cuarto álbum en poco más de un año y la presión por cumplir plazos se siente en cada tema. El resultado es un disco irregular, con muchas versiones de otros artistas, composiciones originales que parecen demos y apenas algunos destellos del genio que estaba por explotar. Las caras largas y exhaustas de John, Paul, George y Ringo en la tapa funcionan casi como un adelanto de lo que se está por escuchar. Aun así, no es un disco carente de encanto, pero sí uno de transición.
1. Please Please Me (1963)
El debut de los Beatles es, sin menospreciarlo, uno de sus trabajos más flojos en su discografía. Grabado en una maratónica sesión de 13 horas, Please Please Me captura al grupo tal como sonaba en el escenario de Hamburgo y Liverpool. Hay energía de sobra, pero también una falta de refinamiento que el propio grupo corregiría rápidamente en trabajos posteriores. Este no es el sonido de la perfección pop ni del laboratorio creativo que vendría después, sino el de una banda joven tocando al límite de sus posibilidades.