De la fonda familiar a una empresa referente
Los primeros pasos de lo que hoy es Embutidos de Mallorca fueron tan sencillos como entrañables. Los dio Cristóbal Soler, abuelo de quien nos explica esta historia, al habilitar en la parte trasera de su casa una fonda donde vendía los productos que elaboraba de la matanza del cerdo.
Aquellos inicios no fueron en absoluto fáciles, pero Cristóbal Soler aguantó. Unos años después, con la llegada del turismo a Mallorca, la demanda de aquellos productos creció y aquel valiente tuvo que trasladar su lugar de producción y venta varias veces hasta que, en el revolucionario 1968, apostó por una nave en Inca. “Aquella planta representó un salto adelante para la compañía” en plena efervescencia económica y social de la isla, recuerda Pere.
1994, el año del nuevo origen
Dos décadas y media después, en 1994, Embutidos de Mallorca daría otro paso al frente al volver a trasladarse. Esta vez sería a Consell donde inauguró, y hoy mantiene, unas modernas instalaciones de 2.500 metros cuadrados. Fue también en aquel año cuando la compañía decidió especializarse en la elaboración de sobrasada. No sólo eso. También pasó a ser miembro fundador de la Indicación Geográfica Protegida Sobrasada de Mallorca, un sello que desde entonces garantiza el origen y la calidad del producto.
“La sobrasada forma parte de la identidad de Mallorca, y para nosotros era natural apostar por ella, por elaborarla con paciencia, respeto y siguiendo las recetas tradicionales”, explica Pere Soler.
Embutidos de Mallorca produce unas 400 toneladas anuales de sobrasada y embutidos típicos de la isla como el camaiot, el butifarró o la varia, aunque el 90% de su actividad se centra en la sobrasada, que es indiscutiblemente su producto estrella.