Specka está de luto. Una de las salas de electrónica más emblemáticas de Madrid, activa desde 1989, perdió hace un mes a uno de sus fundadores, Santi. Quizá por eso cobra un sentido especial la obra que José Puebla presentará este fin de semana. Y que podemos interpretar como un homenaje a uno de los DJs más especiales y únicos de la capital, que fue capaz de trabajar estilos diferentes, del techno al electro, desfilando por el post-punk o el IDM.

La creación de Puebla ha pasado por espacios tan dispares como la Catedral de Burgos, la iglesia de San Antonio de los Alemanes o la Fonoteca Nacional de México y combina música industrial, arte sonoro, bulería y una profunda huella mística. Su origen está ligado a un periodo vital marcado por el duelo, la búsqueda espiritual y un proceso de estudio musical tan intenso como autodidacta.

La historia vuelve una y otra vez a Aranda de Duero, lugar de origen de Puebla y escenario del acompañamiento a su madre durante sus últimos años. Fue allí donde apareció, casi por azar, un libro fundamental en su forma de entender la vida: La mística, de Evelyn Underhill. «Los años en los que compuse la pieza se dieron varias circunstancias», explica. «Cayó en mis manos el libro de Underhill, que me sirvió para conocer y profundizar en la sabiduría mística». Al mismo tiempo, su madre empeoraba. «Uno no sabe que está viviendo los últimos años de alguien querido. En ese dolor encontré una fuente que te conecta con algo íntimo. El dolor también tiene sabiduría si no lo tapas».

Mientras cuidaba, componía. «No fue una obra que yo buscara desde lo místico. Fue algo que vino a mí. Entre la música, mi madre y la sabiduría mística estaba todo en ebullición». De esa confluencia nació Asun, primero con el nombre completo de su madre y después fragmentado: A Sun. «Separarlo me permitió ver todo de otra forma», cuenta.

La búsqueda de la raíz

La expansión de ese interés lo llevó a Ávila, donde convivió durante tres meses con los Carmelitas. «Siempre voy a la raíz«, resume. «Igual que esta semana tocaré en Specka, que considero es uno de los orígenes de la electrónica madrileña, fui a los Carmelitas porque quería conocer la vida mística en primera persona, no por los libros». Durante ese tiempo asistió a clases de formación mística, estudió textos clásicos y observó de primera mano la vida monástica. «Allí había gente con una búsqueda muy profunda. Yo no soy religioso en lo ritual, pero su forma de buscar claridad interior me resultó de interés».

Sus lecturas se ampliaron a Santa Teresa, San Juan de la Cruz, Simone Weil o María Zambrano. Mientras, continúa hablando de Underhill y de cómo su ensayo, en el que ahonda en la parte más descriptiva de los místicos, le permitió aproximarse de otra forma: «Explica cómo los místicos consiguen vivir con menos contaminación intelectual, buscando un centro interior desde el que gobernarse mejor».

Electrónica y bulería

La convivencia entre mística y electrónica industrial podría parecer algo extraño, casi improbable. Sin embargo, Puebla la explica desde una simultaneidad vital. «Conviven en el tiempo en mí. No está buscado», señala de un asidero que también le llevó a otra decisión: eliminar cualquier texto. «La música sin palabras es más limpia. Una nota despierta emociones más directas que lo verbal».

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La obra se articula sobre el compás de la bulería, fruto de años de estudio del flamenco, iniciados en 2010. «La electrónica es muy rítmica. Cuando estudié bulería me enamoré de lo que permite jugar, de su riqueza», dice, a la vez que le gusta citar como referencias e influencias de su música a figuras como La Niña de los Peines, Manolo Caracol o Son de la Frontera, aunque insiste en que no deben leerse como algo literal. Su imaginario está también marcado por el Omega, de Enrique Morente y Lagartija Nick.

Un vínculo que fue más allá cuando tuvo oportunidad de trabajar con Antonio Arias, miembro del grupo granadino, que, al escucharle, lo invitó a un ciclo en la Fundación SGAE que comisariaba. «Fue un regalo», apunta. En aquella ocasión actuó junto al batería David Fernández, vinculado a La Guardia y a las giras posteriores de Omega.

Recepción de la obra

Asun ha sido interpretada en espacios sacros y centros culturales. En la Catedral de Burgos dialogó directamente con el clero. «Me dijeron que, igual que la catedral reúne arte románico, gótico y renacentista, cada tiempo debe buscar su forma de expresar lo sagrado«, comenta de aquel momento en el que habló con el deán para poder interpretar su pieza en el claustro gótico. Por otro lado, en San Antonio de los Alemanes el montaje requirió distribuir varios altavoces y construir un sonido cuadrofónico que aprovechase la reverberación natural del templo. «El público permaneció inmóvil durante toda la actuación», recuerda

José Puebla. (Luis Pereira)

La pieza, que tiene una duración de menos de una hora, y que oscila entre lo gozoso y lo intenso, es un hallazgo sonoro que tiene recuerdos de artistas como Leyland Kirby, Aphex Twin, Coil, Swans o los madrileños Esplendor Geométrico. «No me gusta decir sufriente, pero sí sujeta, con un peso emocional grande», comenta Puebla. «La creación tiene una parte de misterio que desconozco».

Specka, baile y continuidad

La propuesta se adaptará al formato más club que tiene el artista. «Me parece un regalo que siga abierto y que mantenga su identidad, por eso creo que está bien plantear algo un poco diferente», resume de una interpretación donde lo visual también se adaptará al lenguaje de una sala de baile: luces estroboscópicas, niebla.

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Tras la interpretación, se ofrecerá una sesión de electrónica con referencias como Red Axes, In Aeternam Vale o los primeros años de Jon Hopkins. Cerrará la noche DJ Kristi con un set enteramente a vinilo. El concierto coincide además con la celebración de los 50 años de Puebla. «Quiero dos planos: uno más elevado e inmersivo y otro dedicado al baile. El público que va a un club vive un momento precioso«, señala.

Tras dos años de intensa gira, el productor ya piensa en plantear una nueva etapa de composición. «Quiero ordenar todo esto y empezar algo nuevo», comenta, mientras enumera algunas de las lecturas que tiene ahora, entre ellas, Las Moradas, nuevamente de San Juan de la Cruz. «La vida te saca del centro, pero sigues buscándolo«, concluye.