«De pronto, siendo adolescente, descubres que la vida no es lo que tú creías que era, que tus padres no son héroes y que el mundo no es ideal. Eso puede ser monstruoso». Con el recuerdo de esa revelación juvenil en la memoria se … puso a escribir François Ozon el guion de ‘El extranjero‘, adaptación fiel –voz en off incluida– del «absolutamente inadaptable» clásico de Albert Camus de 1942. «Todo el mundo decía que no se podía hacer porque es un monumento de las letras francesas y porque ese protagonista –apático, pasivo, incapaz de fingir emociones que no siente– es el antihéroe total. Meursault representa realmente todo lo que nos enseñaron que no se debe hacer en el cine: poner a un protagonista que no genere empatía, que no motive nada, que no evolucione…», contaba el cineasta francés a ABC el pasado Festival de San Sebastián.

Pero Ozon, que se quiere a sí mismo todo lo que puede quererse un cineasta parisino con aires de ‘enfant terrible’, sabía que si quería hacer algo interesante era precisamente a través de ese personaje insoportable. «Sé que hay muchos Meursault en el planeta», dice para señalar a una juventud que, criada después de dos crisis económicas y una pandemia, ya ha asumido que lo del futuro no deja de ser una ficción.

«Para mí fue muy importante contar esta historia con los ojos de 2025. Hacer una adaptación como en 1942 no tiene sentido»

François Ozon

Director de ‘El extranjero’

Pero, ¿por qué adaptar ahora ‘El extranjero’? ¿Por qué en 2025, cuando el libro ya cumplió con la posteridad y tuvo su versión de cine con Visconti en 1967, con Marcello Mastroianni dando algo de vida a este apocado ‘extranjero’? «Para mí fue muy importante contar esta historia con los ojos de 2025», explica. Han pasado ochenta años: la guerra de Argelia, la descolonización, la independencia. «Hacer una adaptación como en 1942 no tiene sentido». Así, contextualiza la Argelia francesa –que eran dos departamentos del país, no una colonia– mediante una reconstrucción meticulosa. Y, sobre todo, da voz y nombre a lo que en la novela era «el árabe»: la víctima del crimen ya no es anónima. Su hermana, apenas esbozada en el libro, gana presencia aquí. No lo hace, porque Ozon está en contra, por corrección política gratuita. «La invisibilidad del árabe no significa lo mismo ahora que antes», argumenta Ozon. En tiempos de Camus, llamar «el árabe» era un recurso literario neutro, como decir «el griego» o «el italiano».

Imagen principal - Arriba, Benjamin Voisin y Rebecca Marder, protagonistas de 'El extranjero'; abajo, retrato de su director, François Ozon, y en la última imagen, el protagonista

Imagen secundaria 1 - Arriba, Benjamin Voisin y Rebecca Marder, protagonistas de 'El extranjero'; abajo, retrato de su director, François Ozon, y en la última imagen, el protagonista

Imagen secundaria 2 - Arriba, Benjamin Voisin y Rebecca Marder, protagonistas de 'El extranjero'; abajo, retrato de su director, François Ozon, y en la última imagen, el protagonista

Arriba, Benjamin Voisin y Rebecca Marder, protagonistas de ‘El extranjero’; abajo, retrato de su director, François Ozon, y en la última imagen, el protagonista
Leonidas Arvanitis

El autómata

«Todos nos sentimos identificados alguna vez con el protagonista de Camus cuando piensas que nada tiene sentido […] A mí lo que me interesó realmente de Meursault fue que lo entendía y no lo entendía a la vez. Y también, que en cierto modo me identificaba con él… Un poco como lo hace un director de cine», confiesa Ozon, para quien Meursault, lejos de buscar la simpatía del espectador, lo desafía con su apatía crónica.

Porque Meursault mata «porque el sol», pero también porque el mundo no ofrece un plan mejor. Y aquí entran los actores, claves para dar algo de vida a unos protagonistas inefables. Benjamin Voisin, que ya había trabajado con Ozon en ‘Verano del 85’, recuerda también aquella lectura de ‘El extranjero’ cuando era adolescente, no sabemos si porque en Francia el sistema educativo sí obliga a leer los clásicos o porque en promoción los actores interpretan su propio papel: «Lo leí de joven, antes de descubrir que la vida va a ser un infierno, con horarios aburridos y cotizando para una pensión lejana», recuerda el joven actor, que interpreta a Meursault «sin interpretar»: «Solo viví. Pasé meses sumergido en Camus, no solo ‘El extranjero’, sino toda su obra. Lo difícil fue encontrar vida en alguien que no muestra sentimientos, pero que observa todo». Enfrente, Rebecca Marder, quien da vida a Marie, la pareja del protagonista, es todo lo opuesto a él. «En la novela es descrita por su cuerpo, pero no sabemos mucho de ella. Ozon le da otra dimensión: una mujer adelantada a su época, que busca el placer mutuo». Marder ve en Marie al propio Camus: «Amar en un sentido único puede hacernos sentir vivos, incluso en el sufrimiento. Un especialista dijo que Camus no es Meursault, sino Marie: ella tiene fe en el amor y la vida».

La literalidad de ‘El extranjero’

«Hoy ha muerto mamá. O quizás ayer. No lo sé». El conocido arranque del libro se mantiene en la película. También, el monólogo interior tras el asesinato del árabe. Por supuesto, la insondable insolencia del protagonista escondida bajo una belleza clásica y un aura que a algunos les puede resultar atractiva con el blanco y negro que resalta el calor abrasador del desierto y del Mediterráneo. Y por ahí pasea Meursault, un tipo cualquiera que se deja llevar por la vida sin pestañear, pase lo que pase. El antihéroe perfecto para Ozon, cineasta que siempre ha jugado a llevar al espectador al límite (a un límite, también es cierto, controlado, burgués y parisino). ‘La piscina’, ‘En la casa’, ‘Joven y bonita’, ‘Frantz’, ‘Gracias a Dios’ o ‘Cuando cae el otoño’ son ejemplos de un cineasta hiperactivo, que cada año estrena una nueva película (que él suele escribir, dirigir, levantar la financiación…).

«Cuando uso la voz en off es porque no es la voz de Meursault, es la voz de Camus, que es muy lírica, literaria». Por eso Ozon evita explicar nada demasiado: nada de artificios que faciliten la empatía. El resultado es una película lenta, indolente como su protagonista, pero bella en su sobriedad (y su fotografía). El sol de Argel ciega, la luz abruma, el calor es opresivo. Y desde ese lugar Ozon es capaz de transformar aquel miedo por el peso de la obra que estaba adaptando en una nueva aventura. «Hacer cine es mi manera de luchar contra el absurdo», se autojustifica, igual que Meursault explota cuando tiene que tragar con las consecuencias de su insoportable indolencia. Camús, desde su tumba, aprobaría la adaptación. O, al menos, no se inmutaría.