Fue un noche curiosa con dos récords. El de Mbappé, que empató a Cristiano a 59 goles/año, y el del Madrid: se superó a sí mismo, es imposible hacerlo peor. Récord. ¿Isuperable? Pues quizá no.
No, no recuerdo un Madrid así. Y los he visto a montones. Mejores, peores, ninguno tan desesperante. Ninguno tan lejos del Madrid. Son ya meses con lo mismo. Es eso, todo un récord. Sólo la fe más profunda puede permitir creer en un cambio.
Fútbol no hay. No defiende, no crea, no corta ni ataca. Acaba diciembre. Y tampoco tiene lo elemental: la pasión. La que nunca la faltó al Madrid. Ese trote cochinero, esa dejadez, esa ausencia de todo. Del Madrid vimos otra vez la camiseta y el estadio. Lo demás no apareció. Otra vez.
Ni hubo apenas nada. El partido de Rodrygo felizmente recuperado y ese es otro misterio: si se puede recuperar a un futbolista que parecía perdido, ¿es imposible hacerlo con un equipo? ¿Coserle? ¿Ponerle como debe ser?
Rodrygo fue el mejor socio de M’Bappé en lo suyo. Llegó a desesperarse y abusó más de una vez del remate, estuvo chupón y es natural: recibió la pelota cada media hora, bien una o dos. El francés debe estar entre los tres madridistas más desesperados del mundo.
Courtois hizo otro milagro, bueno, siete u ocho. para que su equipo ganara. Le remató el Sevilla lo que el Liverpool aquella noche en París. A los cinco minutos de partido le había probado tres veces. No fue mejor el Madrid ni tras la expulsión de Marcao.
Que el Sevilla no empatara, por lo menos, es un misterio. Es que tuvo más rato la pelota con uno menos. No es broma: 11 del Madrid contra 10 del Sevilla y pareció que estos eran 12. O 14 Es difícil
Ahora mismo un madridista sensato aconsejaría a su equipo que no se presentara a la Supercopa. Ya será una machada si lo hace contra el Betis, otra vez en el Bernabéu. Igual si vuelve algún lesionado… La fe, ya digo. Cuesta.