El presidente del Gobierno afronta mañana su primer gran examen en pleno hundimiento. Extremadura vota este domingo y pondrá a prueba la resistencia de Pedro Sánchez. Pero todo parece indicar, según las últimas encuestas, que el PSOE va a marcar su mínimo histórico en una región que ha sido un bastión tradicional del puño y la rosa. Las fuentes consultadas explican que el batacazo del PSOE agravará la división interna dentro de Moncloa.
No solo entre los socios de Gobierno, sino entre los propios ministros socialistas, que llevan semanas haciendo movimientos en previsión del inicio de una transición en el partido. La campaña socialista en Extremadura, planificada desde Moncloa, ha llevado al candidato, Miguel Ángel Gallardo –procesado en el caso que afecta al hermano del presidente– a la hiperactividad. El dirigente socialista, consciente de que sus opciones son nulas, ha intentado marcar la agenda con el mismo discurso que emiten las antenas socialistas desde Madrid: el miedo a la ultraderecha. Pero también ha intentado centrarse en lo que el equipo del presidente considera el nudo gordiano de lo que le importa a la sociedad: sus problemas y no los de los políticos. Por eso, Gallardo propuso durante la campaña la construcción de 1.000 viviendas a 90.000 euros. En verdad, el resultado de las urnas pondrá a prueba la robustez de la tesis de los directores de orquesta monclovitas, que viene a decir que los escándalos que sacuden al Gobierno y al PSOE pertenecen a la misma trama y que cualquier novedad sobre los mismos no constituyen un elemento desestabilizador. Es más, sostienen que no el mayor golpe fue la caída de Santos Cerdán. Por eso, «superada» aquella crisis, el presidente está decidido a «culminar la década».
El problema es el ambiente que se respira en Moncloa, donde casi nadie se fía ya de nadie. Algunas fuentes apuntan que la tensión se ha disparado en el complejo tras la avalancha de denuncias de supuesto acoso sexual. El PSOE es un hervidero. Y en el Gobierno se señalan unos a otros como responsables de las filtraciones. Todo, claro está, en previsión de una sucesión en el partido, en pleno hundimiento. En el Ejecutivo y en la cúpula socialista nadie oculta ya que se hacen cálculos para el escenario posterior al fin de la actual coalición progresista. En la Moncloa hay figuras con ambición política que, cuando se acerque la cita con las urnas, estarán aún más activas.
En ese contexto, el ministro de la Presidencia, Justicia y Relaciones con las Cortes, Félix Bolaños, desempeña un papel clave como interlocutor con la oposición y con los distintos resortes del Estado tradicionalmente adversos al Ejecutivo, que no son pocos. Su perfil suscita un amplio reconocimiento: no en vano, ha sido el único ministro capaz de cerrar acuerdos con el PP en lo que va de legislatura. Dentro del PSOE hay quienes le atribuyen la condición de posible bisagra de una gran concertación con el PP, que le ven como un dirigente capaz de tender puentes entre socialistas y populares si el empuje de Vox fuera tan determinante que dejara a Feijóo ante la disyuntiva de gobernar con Santiago Abascal.
Una opción que en Génova se resisten siquiera a plantear.
El ministro de Transportes, Óscar Puente, es otro de los nombres que suenan con fuerza en el partido para intentar hacerse con las riendas. El vallisoletano se ha erigido en una referencia de la militancia socialista. Allá donde va logra más aplausos que nadie. Las fuentes consultadas también avivan la hipótesis de que este movimiento subterráneo del PSOE desemboque en el liderazgo de una mujer cuando Sánchez sea historia; algo que cada vez más en el partido admiten que va a llegar más pronto que tarde, especialmente tras la crisis que se ha desencadenado por los casos de acoso que han sacudido al partido y al Ejecutivo. La guerra soterrada que recorre al PSOE tiene, según admiten distintos dirigentes, un origen claro: la sensación de «fin de ciclo» y la convicción de que quedan cuentas pendientes de hace diez años que toca pagar para continuar. Mañana, el partido contendrá la respiración y empezará a hacer números.