Domingo, 21 de diciembre 2025, 07:41
El debate está servido. Tras más de tres décadas, el Museo de Arte Moderno y Contemporáneo de Santander necesita nueva dirección. El proceso para elegir al responsable de la nueva etapa se desconoce. El Ayuntamiento de la ciudad debe mover ficha. Por el momento, se están manteniendo encuentros con representantes del sector cultural. Voces que se suman a la reflexión sobre los pasos que debe dar la pinacoteca municipal para hacer honor a su condición y que coinciden en tres aspectos: la dirección debe estar avalada por un comité de expertos, el museo debe contar con una financiación adecuada y es obligado tener en cuenta a la comunidad artística local para que se sienta parte del futuro museo.
Marcos Díez
Director de la Torre Don Borja
En busca de una voz y un espacio propio

«El museo municipal tiene que encontrar su voz, su escala y su hueco». A juicio de Marcos Díez, poeta y director de la Torre de Don Borja, el primer paso es dotar de los fondos adecuados a la institución «para que pueda afrontar las contrataciones que sean necesarias, desarrollar una programación digna y cumplir con todas las obligaciones que se presuponen a un museo municipal». Posteriormente, convocar un concurso para la dirección del museo en el que, «quizás, no solo se tenga en cuenta un perfil profesional sino también un proyecto concreto para la institución«. Pero ambos pasos deben ir unidos: «Si se convoca el concurso sin la adecuada provisión de fondos que sostengan la actividad, es como arrancar el coche y no tener gasolina para emprender un viaje».
Desde una intuición personal, «diría que el museo municipal tiene que saber sacar partido a sus fondos históricos, recuperar su identidad como museo de bellas artes de la ciudad y desarrollar al tiempo una programación de hoy que encaje en el entramado de instituciones dedicadas al arte en Santander, que lo complemente y enriquezca». En resumen: que haya «una dirección profesional vinculada a un proyecto» y que la institución «tenga medios económicos para funcionar con solvencia». Lo ideal, concluye, «es que ese equipo llegue, con los fondos adecuados, lo antes posible».
Marta Mantecón
Gestora cultural
Equipos a la altura de la nueva configuración

«Si realmente queremos una región cultural que merezca este calificativo en serio, además de enfrentar la precariedad del sector, es preciso dotar a nuestros centros de arte de direcciones y equipos a la altura de acuerdo con esta nueva configuración, con presupuestos también adecuados. Para ello las convocatorias deben ser exigentes en cuanto a los perfiles y, por supuesto, abiertas y transparentes en los procesos», defiende la gestora cultural Marta Mantecón.
Menciona que hace tiempo «ya anda circulando un nombre» para ocupar el puesto de director. En cualquier caso, desconoce si el Ayuntamiento tiene previsto nombrar directamente a esta persona o va a organizar un concurso público de adorno. Desde su punto de vista, «preferiría que el concurso fuese real, abierto a perfiles con una sólida formación intelectual, una trayectoria contrastada, un profundo conocimiento del sector, experiencia en este ámbito de trabajo y un proyecto propio que involucre al tejido profesional de Santander y Cantabria, conectándolo con contextos nacionales e internacionales». Avanzar con proyectos ya comprometidos por la dirección anterior mientras va poco a poco implementando los propios, será parte de la labor de quien sea designado.
Núria Garcia
Área de Exposiciones de la UC
Transparencia y nuevas colaboraciones

Personal interdisciplinar formado, estable y dotado de herramientas y fondos económicos con los que poder desarrollar sus actividades son imprescindibles para que un museo pueda funcionar, según Nuria García, responsable del área expositiva de la Universidad de Cantabria. «La transparencia en los procesos de designación será vital a la hora de crear un buen ambiente dentro y fuera de la institución», añade. «Nuestro país cuenta con numerosos profesionales capacitados que pueden llevar a cabo con éxito el desarrollo de una nueva etapa junto con el personal del MÁS».
A su juicio, el MAS «debe seguir avanzando hacia un museo del siglo XXI, abierto a la sociedad y comunidad, accesible, inclusivo, sostenible, pero sin perder sus funciones tradicionales de centro de investigación, exhibición y preservación de sus colecciones», incluyendo estrategias digitales aplicadas al trabajo diario, que facilitan esas labores, especialmente tras la pandemia. «Nos facilitan la conservación, difusión y gestión de fondos de nuestro patrimonio cultural, pero a la vez forman parte, cada día más, de las museografías desarrolladas en cualquier proyecto museográfico, en donde el espectador interactúa con los contenidos antes, durante y después de su visita. El MAS no puede quedarse atrás».
De cara a la nueva etapa, García considera clave «buscar nuevas líneas de colaboración entre instituciones culturales públicas y privadas que permitan intercambios expositivos y propuestas más globales que favorezcan la consolidación de la ciudad como un hito de la cultura europea.»
Mónica Álvarez Careaga
Directora de Artesantander
Servir a la ciudadanía y a la comunidad artística

«Si tenemos en la ciudad a la persona perfecta, es un poco ridículo que la validación venga de los responsables de otros museos a los que siempre se recurre», considera Mónica Álvarez Careaga, directora de Artesantander, con un criterio pragmático. «Lo importante del cargo es que se convoque con una duración limitada, aunque prorrogable en caso de éxito».
«Si no está tan claro o se desea abrir el proceso al máximo, una convocatoria abierta de proyectos con un jurado de voces disonantes me parece adecuado», indica.
Una vez aclarado que el Ayuntamiento tiene que nombrar una directora, esa persona debería contar con «formación académica, una cierta experiencia, creatividad, liderazgo… y también muchas ganas de trabajar y de hacer cosas nuevas, incluso cometiendo errores». Comenzar a trabajar con fondos propios y definir después una línea de propuestas con más reflexión sería un buen punto de partida.
El museo debería cumplir su doble misión: «Servir a los ciudadanos -propiciando el conocimiento y disfrute del arte por todo tipo de públicos- y a la comunidad artística local -ofreciendo oportunidades a los artistas, los comisarios y los coleccionistas de Cantabria-», concluye.
«La nueva temporada expositiva podría empezar trabajando con los fondos propios y definir después una linea coherente de propuestas, no solo expositivas, con más reflexión».
Álex Alonso
Director de Fluent
Cumplir con los objetivos fundacionales

Desde fluent, su director, Álex Alonso cree que el concurso para asumir la nueva dirección debe materializarse «de forma rigurosa» con «unos cimientos muy básicos pero imprescindibles, dados los antecedentes del museo». El procedimiento debe garantizar la publicidad y concurrencia del concurso, «atendiendo a criterios de mérito, capacidad e idoneidad al puesto, priorizando la valoración de los méritos y de la propuesta museológica, la capacidad de liderazgo, así como las estrategias, políticas y programas de la nueva dirección», expone. Al tiempo, para Alonso es importante «que se asegure la independencia e idoneidad de un jurado de expertos y profesionales del mundo de la cultura y del arte contemporáneo, evitando cualquier conflicto de interés».
«Tratar de establecer unos programas que cumplan con los objetivos fundacionales del Museo y que los revise según las necesidades de la sociedad actual, generando un cierto hábito de visita en el público», es para Alonso lo más importante, porque permitiría «fortalecer el impacto local del museo, y a la vez trascender sus fronteras». Un trabajo « indudablemente unido a repensar la colección permanente, presentándola con mayor rigor histórico–artístico y cuidando de los relatos que produce».
A partir de ahí, se puede generar una red de comunidades con las que el museo interactúe desde sus programas públicos, su presencia online, sus actividades educativas, su relación con el tejido local y su complicidad con agentes externos, capaces de aportar otras lecturas sobre el conocimiento que el propio museo pueda llegar a producir. «Oscilar entre comisariar revisando y abriendo relatos desde las colecciones y los archivos, mientras se producen proyectos con artistas que permitan transitar desde la institución como ‘estructura fija’ a un espacio maleable que la sociedad sienta como propio».
Con formación en historia del arte y comisariado, echa en falta «una mayor dedicación a la exposición, a su rigor y cuidado; así como una mayor sensibilidad hacia este formato y sus posibilidades» En este sentido, la programación expositiva del futuro MAS «no debería ser la de un contenedor neutral, sino la de un mecanismo para procesar, escenificar y elaborar, concebido a la vez como un cuerpo físico y sensible» que abarque generaciones y contextos distintos. Esta programación debería «abrir un diálogo continuo con el subconsciente social, colándose por los huecos de lo doméstico, lo corpóreo y lo infraestructural, yendo más allá de la tendencia actual a homogeneizar los contenidos culturales y adentrándose en la reflexión sobre los mecanismos que rigen la sociedad».
Carmen Quijano
Gestora cultural
Espacio vivo, plural y contemporáneo

Plantear reuniones con los agentes culturales, asociaciones profesionales y artistas para informar sobre las distintas posibilidades de la institución y poder compartir la opinión fundamentada del sector y qué se espera de esta nueva etapa en el museo, es el primer paso que se debe dar según la gestora cultural Carmen Quijano. «Esto ya está sucediendo, ya que se están convocando distintas reuniones». Añade, además, que el sistema de convocatoria «parece ser el modelo más adecuado para poder elegir un proyecto que aporte una nueva visión más inclusiva, expansiva y contemporánea de la institución».
No hay una, sino distintas cuestiones importantes para Quijano. «Durante muchos años, el museo ha mirado hacia un lugar, y ahora existe la posibilidad de generar otras miradas marcadas por la transversalidad y la inclusividad». Para convertirlo en un espacio «vivo, plural y contemporáneo» de revisarse el proyecto.
«El MAS tiene una gran colección que en muchas ocasiones se desconoce y creo que ese es uno de los ejes fundamentales», valora. Revisar bajo parámetros contemporáneos la colección es «algo primordial». Para la gestora, «conectar con la ciudadanía y dar posibilidad a que la escucha y la reflexión sean el eje» se hace también necesario, uno de los retos, de hecho. «A mí personalmente me sorprende bastante que todavía haya personas que desconocen dónde está el museo, qué colección tiene, qué actividades se desarrollan y creo que ese es uno de los grandes retos ya que vivimos en una comunidad pequeña», explica.
Y todo ello, «no debe estar ajeno al nuevo horizonte cultural de Santander que el próximo año tendrá dos nuevos espacios culturales de gran relevancia; la mirada del museo siempre tiene que darse en una doble dirección». Los cambios «no se generan de la noche a la mañana, pero de cara al futuro me gustaría pensar en dirección artística abierta, plural y con una visión de futuro».
Carlos Limorti
Gestor cultural
Identidad más allá de rendimiento turístico

Leyendo con un poco de atención lo que el Consejo Internacional de Museos (ICOM) entiende debe ser un museo; una institución permanente, sin fines de lucro, al servicio de la sociedad y de su desarrollo, y abierta al público, que se ocupa de la adquisición, conservación, investigación, transmisión de información y exposición de testimonios materiales de los individuos y su medio ambiente, con fines de estudio, educación y recreación, «saltan a la vista las carencias y las áreas más necesitadas de intervención que demanda la actual situación del MÁS», afirma Carlos Limorti.
Para el gestor cultural, «todo empieza por concretar sus órganos de gobierno, el nombramiento de una dirección y definir algo fundamental como es la identidad del museo, que debe de ir más allá de la búsqueda del rendimiento turístico», y que debe sustentarse, dice, «en una atención preferente a la historia de la cultura y del arte de la región, en su estudio, protección, apoyo y divulgación».
Para ello es «imprescindible, contar con un personal formado y en condiciones laborales justas», así como «la existencia de un equipo científico que se ocupe de la adecuada conservación de la colección y del fomento de la investigación» y, además, acometer la ansiada ampliación.
«Eludiendo los voluntarismos del trabajo por amor al arte, tan apropiados en este caso, debe de realizarse una planificación cultural sostenible, que para ser una verdadera herramienta de acción social debe escuchar a la comunidad profesional e institucional afín y fomentar la vinculación con los ciudadanos interesados y visitantes en general», añade Limorti.
En cuanto a la financiación, «que puede compensarse con donaciones y colaboraciones», lo más práctico sería mirar cómo se gestionan otros museos de bellas artes, antes que «volver a contratar nuevos informes que informan de lo que ya estamos informados».
Raúl Reyes
Gestor cultural
Momento de arriesgar sin ser continuista

«¿Y ahora qué?», se pregunta el gestor y comisario Raúl Reyes. «No es momento de criticar la gestión realizada hasta ahora, es tiempo de ponerse manos a la obra de forma colectiva para redefinir la nueva dirección de un espacio afligido por muy diversos condicionantes», valora. Para Reyes, no hay que olvidar que el MAS es un museo, «una institución al servicio de la sociedad cuya función es custodiar, estudiar y compartir la memoria colectiva y la creatividad humana, hacerla accesible a todos y sirviendo de puente entre el pasado y el futuro». Y para ello, este es el momento de «arriesgar, incluso de confundirse nuevamente, pero no podemos ser continuistas».
La identidad del museo es lo importante y requiere «independencia de gestión respecto a los gobernantes municipales, carácter educativo, gestión eficiente y una comisión asesora con nuevos planteamientos, y un tejido artístico local que tiene que verse involucrado en la gestión «porque si no, seguirá ignorándolo».
«Es hora de oír a los gestores culturales y técnicos de la ciudad para intentar diseñar un nuevo proyecto para el MAS adecuado al contexto y al público objetivo de la ciudad», sostiene. Y algo que considera fundamental: «conseguir un espacio diferenciador del resto de las dotaciones existentes y futuras; y abierto, muy abierto, a la ciudadanía, sin muchos fuegos de artificio pero sí con una actividad que sedimente».
Y sobre los artistas, «esos grandes olvidados», confía en que la actividad del MAS no se genere a costa de su «participación solidaria y altruista», porque son la parte fundamental de este entramado y tienen que sentirse cuidados, apoyados y recompensado su esfuerzo, sí, también económicamente.
«Siete años pasaron tras su incendio para poner de nuevo en marcha el MÁS -recuerda Reyes-. Esperemos que no se tarde el mismo tiempo para su refundación y para que encuentre su lugar dentro del múltiple y complicado sector cultural que despunta en la ciudad».
Lidia Gil
Gestora cultural
Dinamismo creativo, amable y abierto

«El debate sobre nuestros museos, y más si se trata de un museo histórico y municipal, es el debate sobre la importancia de nuestra memoria, nuestro patrimonio y su proyección hacia el futuro», argumenta Lidia Gil. Para la gestora, se abre una nueva etapa en la vida del MAS, que «con este nombre propio que, aunque no guste a muchos, ya posee una identidad que habrá que dotar de un proyecto artístico coherente con el pasado y el presente cultural que demanda la sociedad, que lo convierta en la casa del arte para la ciudadanía».
Una casa «con las puertas abiertas, que invite a entrar y ofrezca posibilidades con un dinamismo creativo y amable», confía.
Considera que «investir a un nuevo director o directora debería pasar por una convocatoria pública y transparente para conseguir una figura competente, que domine tanto lo local como lo nacional e internacional y aporte un proyecto sólido que llene de sentido a un museo que ya es muy atractivo y deseable», apoyado por un patronato y un fuerte equipo técnico que cuente con los artistas locales, con trabajadores y trabajadoras del sector y con las asociaciones culturales y que sea muy participativo.
Obviamente, añade que para todo eso hace falta dotación económica. «Hace falta generar un espacio más grande y funcional, esa ampliación que nos prometieron y no llegó: una buena sala de exposiciones temporales para poder dinamizar también los fondos de la colección, un digno lugar para conferencias, actividades y encuentros; una biblioteca o centro de documentación y espacios para mediación y divulgación», enumera.
Y continúa: Priorizar la conexión con la sociedad y los centros educativos, ampliar su visibilidad, enriquecer paulatinamente los fondos, la web y las redes sociales, asumir la tarea con cariño, renovar las energías ya fatigadas en los últimos tiempos… En conjunto, «recibir este momento como una preciosa oportunidad para conseguir -sin tardar demasiado- un proyecto a la vez joven y antiguo que sea de todos y para todos».
Laura Cobo
Directora de Sala Robayera
Permeable, transparente y plural

Para Laura Cobo, el MAS inicia un momento estratégico para definir un futuro modelo de gobernanza que debe ser permeable, transparente, plural y alineado con las buenas prácticas museísticas. Para ello, la responsable de la Sala Robayera considera «fundamental distinguir definitivamente las funciones de la dirección artística y la gestión económico-administrativa». Aunque prevé que el proceso se alargue y con modelos cercanos que funcionan, «Santander tiene ahora la oportunidad de conformar una arquitectura profesional que permita al MAS desarrollar un proyecto artístico y cultural a largo plazo, independiente y sólido».
Teniendo en cuenta los tiempos y procedimientos propios de la administración pública, prevé que «el proceso se alargue»; sin embargo, establecerá las bases orgánicas que abrirán una nueva era para el MAS. «Entiendo que, una vez establecido el marco, se dará un proceso de selección mediante concurso público basado en proyectos evaluados por perfiles profesionales», afirma. Cree que no es necesario viajar muy lejos en la búsqueda de modelos que funcionan -a nivel orgánico y museístico-, como en el caso del Museo de Bellas Artes de Bilbao, «que cuenta con estructuras sólidas y plurales, donde tradición y contemporaneidad conviven con absoluta naturalidad y criterio, aportando personalidad y excelencia». Santander tiene ahora, según señala, «la oportunidad de conformar una arquitectura profesional que permita al MAS desarrollar un proyecto artístico y cultural a largo plazo, independiente y sólido».
Lo más importante en esta nueva etapa es, a juicio de Cobo, que el MAS «articule definitivamente un proyecto ambicioso, aunque realista y dimensionado, acompañado de una línea artística contemporánea y valiente, que dialogue de manera constante con la historia, los creadores, el tejido cultural y, sin duda, con los santanderinos y santanderinas; en definitiva, abierto a la creación y la ciudadanía». La nueva etapa representa para la gestora «una oportunidad para situar al MAS en el epicentro natural de la vida cultural de la ciudad, con un modelo abierto, colaborativo y plenamente actualizado. Sin complejos».
Y entre los debe; una programación coherente, reconocible y dimensionada «sin perder la perspectiva de la ciudad para no caer en programaciones puntuales sin articulación estratégica, fastos curatoriales transitorios que favorezcan una deriva identitaria en una ciudad donde confluirán espacios con programaciones artísticas excepcionales».
Luis Salcines
Gestor cultural
Cercanía con el ciudadano y plazos

Considera Luis Alberto Salcines que el momento actual «puede ser decisivo para elegir el camino que seguirá el MÁS». «Me parece acertado que la alcaldesa se haya reunido con diferentes sectores del ámbito artístico para escuchar opiniones y sugerencias, además de informar de los pasos que tiene previsto», menciona. Comparte la idea de convocar un concurso público «para elegir un director por un periodo determinado» con autonomía en el desarrollo de su programación y con un programa a realizar, valorado por un comité de expertos. «Los proyectos de los candidatos deberían tener en cuenta algunos aspectos pendientes de resolver y otros nuevos».
Entre los aspectos a tener en cuenta en el nuevo proyecto, menciona incrementar los fondos con donaciones y poner los fondos bibliográficos a disposición de los visitantes en una biblioteca abierta, intensificar la relación de los ciudadanos con el museo, configurar el necesario Patronato con personas o instituciones con un reconocido prestigio avalado por su trayectoria o potenciar las publicaciones sobre artistas cántabros de un modo autónomo o en coediciones con otras instituciones y editoriales… «Por supuesto –añade– aumentar su presupuesto económico adecuado a un museo de estas características». Y, en un horizonte «lo más próximo posible, la incorporación de las naves Martínez».
Jesús A. Pérez Castaños
Gestor cultural
Oportunidad para subsanar errores

Coordinador de docenas de muestras, muchas de ellas colectivas de autores cántabros, Jesús Alberto Pérez Castaños considera que los problemas que ha padecido el Museo de Bellas Artes de Santander, «han sido recurrentes desde hace decenas de años». «Incapaz de asumir el deterioro de su función social y la ausencia de correcciones en su errática trayectoria museística -añade- ha estado dominado por una incapacidad estructural, como institución organizativa de eventos culturales y expositivos, que lastraron su desarrollo y credibilidad artística».
El cambio conlleva la lectura de oportunidad «para subsanar tales defectos». Remodelar el sistema de mando para hacerlo «más dinámico», con un responsable en la dirección que no tuviera el carácter de funcionario y fuera contratado por períodos de tiempo adaptados a proyectos expositivos y de activación creativa, acompañado, además de un comité de expertos que asesore en sus decisiones.
Con la coherencia primando entre obras y memoria, «nada confesional y alejado de dogmatismos estilísticos, sin textos discriminatorios y faltos de rigor», consciente de su destino uniprovincial, sin dejar de ser abierto a los cambios. Un museo en el cual «no se personalicen las publicaciones con textos discriminatorios y faltos de rigor, como ha ocurrido frecuentemente», lamenta. «El museo deberá ser la casa transparente y común de las nuevas generaciones, que propondrán nuevas fuentes de conocimiento artístico». Continuaría fortaleciendo la labor de las charlas y conferencias sectoriales, pues han demostrado tener una diversidad de opiniones de necesaria contemporaneidad. Esa vinculación «aparentemente modesta, conlleva valores históricos sumamente interesantes para las generaciones futuras que demandarán un conocimiento evolutivo de su pasado orígen artístico».
Por último, emplazaría a quienes tienen responsabilidades en la gestión del MAS, «a ser posible profesionales y dignos en la toma de decisiones que repercutan en el bienestar de lo público».
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