Quiere el Oviedo, que insiste e insiste y al que no se le puede reprochar la actitud. No esta vez. Pero no puede. Los ecos de una planificación defectuosa siguen pesando a puertas de enero, cuando se abre el comercio de pases invernal. Ya no es que al Oviedo le falte un goleador (Viñas es un gran delantero en muchos aspectos que no tienen que ver con esto), sino que esa capacidad de desbordar en el último tercio, esa chispa, ese detalle que en Primera gana partidos, no existe en el equipo. Desde ahí se explica otro empate, otro en el Tartiere y otro sin goles de un equipo, el Oviedo de Almada, con una correcta puesta en escena pero sin el premio más anhelado, el del gol.

La puesta en escena del Oviedo de Almada fue con novedades seguidas de una correcta presentación. Lo de las novedades se intuía durante la semana de prácticas en El Requexón e incluía un plan de rehabilitación exprés para los olvidados Bailly, Sibo y Brekalo. Con Cazorla esperando en el banquillo, y con el 4-2-3-1 heredado de toda la temporada. Resulta curioso que ni Paunovic ni Carrión, ni parece que ahora Almada, se hayan planteado un toque en el sistema en busca de resultados.

El caso es que el Oviedo salió bien plantado, iniciando desde atrás como en la etapa Carrión, aunque sin problemas para lanzar en largo si la presión del Celta colapsaba la salida. Una idea mixta, mucho más flexible en todo caso de lo visto con Carrión, víctima de ideas inamovibles.

Entró bien el equipo azul, como se decía, superada la tempestad previa, la que se manifestó sobre todo en el Fondo Norte con un mensaje directo a la propiedad («Pachuca: más fútbol y menos negocios”), con buena actitud e ideas claras. No parecía un equipo recién estrenado, la verdad.

Dicho esto, la primera –y más clara de todo el primer tiempo– fue del Celta. Sorprendió Bryan a la defensa mal parada y retó a Lucas, del que se fue tirando de cilindrada para ceder atrás. Rueda, desde el otro costado y con todo a favor, lanzó a las nubes. El Oviedo respiró aliviado: un gol en contra a los 5 minutos hubiera sido una losa demasiado pesada vistas las circunstancias actuales.

Recuperó el hilo el Oviedo con juego rápido, buscando, y encontrando, las alas. Cuando la pelota llegaba a tres cuartos, la orden era clara: centros. Había que buscar el área, la zona donde pasan las cosas más interesantes. Ya había caído Carrión en alguna ocasión en la misma tentación, con escasos resultados. Tampoco en el primer tiempo funcionó, rodeado Viñas por tres centrales celestes. Pero la intención estaba clara: 4 centros al área en los primeros 15 minutos eran la demostración.

A los 20 minutos, el Oviedo trenzó una jugada de mérito, con el añadido de que le llevó al área enemiga. Chaira centró raso, pero nadie entendió sus intenciones. Buen resumen de la temporada. La acción se diluyó con dos futbolistas del Oviedo acudiendo a la misma pelota y dejándola pasar por falta de entendimiento. Buen resumen de la temporada, de nuevo.

Tras esos primeros pasos de color azul, aunque con susto gallego, el choque se serenó entre pases y fútbol control de los de Giráldez, mucho más cómodos con ese escenario. Tampoco es que inquietaran a Aarón, pero al menos Radu vivió tranquilo. La única intervención del meta fue un chut abajo de Chaira con escaso ángulo que resolvió eficazmente.

El inicio de la segunda mitad fue un calco de la primera. El Oviedo se lanzó al ataque, y el Celta puso el susto. Fue una contra dirigida por Bryan que le cayó a Jutglà, ya ante Aarón. El meta se hizo grande para taparle cualquier rendija. Casi de seguido, Marcos Alonso remató un centro desde la esquina y se quedó a poco, muy poco, del premio gordo.

El Oviedo volvió a lo suyo y Chaira probó desde fuera a Radu y con un centro sin rematador de esos que cualquier roce, amigo o enemigo, lleva a la red. Respondió Bryan desde la frontal: buena respuesta de Aarón. El partido, sin dudas, se había agitado.

Más golpes. Buena contra azul, con centro de Colombatto, rechace y zurdazo de Sibo que rozó el palo.

El Oviedo parecía cómodo en el intercambio, aunque consciente de que arriba necesitaba un milagro para acertar. El Celta dio un par de pasos atrás, más conformistas los de Giráldez, quizás conscientes de que cediendo la pelota a los azules se les atascaban las ideas.

Fue un quiero y no puedo el final. Con Cazorla y Rondón ya en el campo, con dominio azul aunque un último tramo de más control vigués. Un empate, en definitiva, que se suma a los firmados ante Osasuna, Rayo y Mallorca, y que ahonda en la misma idea de las últimas semanas, al menos en casa: el Oviedo necesita una reforma que va más allá de un relevo en el banquillo. Con esto no le da. No en Primera.

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