Las altas temperaturas ya no son solo una cuestión ambiental o climática, sino un problema sanitario de primer orden con efectos directos sobre los sistemas de salud. Así lo confirma el último informe de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE), titulado ‘¿Cómo afectan las altas temperaturas a los resultados de salud, a los sistemas de salud y a los costos de los mismos?’, que analiza de forma sistemática el impacto del calor extremo sobre las visitas a urgencias, las hospitalizaciones y los costes asociados. El estudio se apoya en datos hospitalarios de 16 países miembros y constituye, según la propia OCDE, el primer análisis internacional que vincula registros sanitarios con datos de temperatura localizados y de alta frecuencia, lo que permite observar con mayor precisión cómo el calentamiento global se traduce en presión asistencial concreta.
Uno de los principales hallazgos del informe es que las visitas a los servicios de urgencias y los ingresos hospitalarios por afecciones sensibles al calor han aumentado de manera sostenida durante la última década. Este crecimiento no es homogéneo entre países, pero sí lo suficientemente consistente como para evidenciar una tendencia estructural. A medida que las olas de calor se vuelven más frecuentes, intensas y prolongadas, los sistemas sanitarios reciben un número creciente de pacientes con cuadros directamente relacionados con el calor, como golpes de calor, deshidratación, fiebre o alteraciones renales, pero también con enfermedades crónicas agravadas por las altas temperaturas.
Desde el punto de vista sanitario, el informe subraya que el calor actúa como un factor multiplicador de riesgos. Las altas temperaturas provocan estrés térmico directo, dificultan la regulación corporal y favorecen la deshidratación, pero también empeoran patologías cardiovasculares, respiratorias y renales preexistentes. Este efecto es especialmente acusado en los grupos más vulnerables, como las personas mayores, los niños y quienes padecen enfermedades crónicas. La consecuencia es un aumento de las urgencias y de los ingresos hospitalarios que no responde a episodios aislados, sino a un patrón cada vez más frecuente asociado al cambio climático.
El informe de la OCDE cuantifica también los costes hospitalarios directos derivados del aumento de la actividad asistencial durante los periodos de calor extremo. Estos costes varían de forma notable entre países, pero en todos los casos representan una carga adicional para unos sistemas de salud ya tensionados por el envejecimiento de la población y la escasez de recursos. La OCDE advierte además de que estas cifras probablemente subestiman el coste real, ya que el análisis solo incluye un conjunto limitado de diagnósticos directamente atribuibles al calor.
La interrupción de la actividad laboral, las bajas médicas y la menor capacidad de trabajo durante episodios de calor extremo tienen un efecto acumulativo que afecta tanto a la economía como al bienestar social
A estos costes sanitarios se suman las pérdidas de productividad asociadas a las visitas a urgencias y a las hospitalizaciones. Aunque el informe señala que este componente económico es menor en comparación con el gasto hospitalario directo, sigue siendo relevante desde una perspectiva macroeconómica. La interrupción de la actividad laboral, las bajas médicas y la menor capacidad de trabajo durante episodios de calor extremo tienen un efecto acumulativo que afecta tanto a la economía como al bienestar social, especialmente en países con climas cada vez más cálidos.
GRANDES DIFERENCIAS ENTRE PAÍSES
El análisis comparado revela además importantes diferencias entre países. Los efectos del calor sobre las hospitalizaciones son particularmente intensos en países del sur de Europa y del Mediterráneo, como España y Portugal, pero también aparecen de forma significativa en países con climas tradicionalmente más templados, lo que indica que la adaptación histórica al calor no es suficiente para contrarrestar el aumento reciente de las temperaturas. En algunos casos, la OCDE estima que la exposición a las temperaturas más altas puede generar hasta un 3,6% adicional de hospitalizaciones anuales, una cifra nada desdeñable a escala nacional.
El informe también apunta a un problema estructural de preparación de los sistemas sanitarios. Aunque muchos países disponen ya de datos hospitalarios detallados, estos no siempre se utilizan de forma sistemática para anticipar los efectos del calor extremo ni para planificar recursos. La OCDE subraya que mejorar la integración entre datos sanitarios y meteorológicos permitiría detectar señales tempranas de estrés asistencial, optimizar la asignación de personal y recursos, y diseñar estrategias de prevención más eficaces frente a episodios de calor.
Los costes sanitarios asociados al calor podrían incrementarse entre un 15% y un 20% en algunos países de aquí a 2050
De cara al futuro, el informe confirma que si las temperaturas continúan aumentando al ritmo actual, los costes sanitarios asociados al calor podrían incrementarse entre un 15% y un 20% en algunos países de aquí a 2050. Estas estimaciones no incluyen factores como el envejecimiento poblacional ni la posible aparición de temperaturas sin precedentes, lo que sugiere que la presión real sobre los sistemas de salud podría ser aún mayor si no se adoptan medidas de adaptación ambiciosas.
En conjunto, el informe de la OCDE insiste en el cambio climático es ya una emergencia sanitaria, no solo ambiental. El aumento de las temperaturas está teniendo efectos tangibles sobre la salud de la población, sobre el funcionamiento de hospitales y servicios de urgencias y sobre las finanzas públicas, indica el informe. Para la organización, la respuesta debe incluir políticas inmediatas de adaptación sanitaria, prevención y uso inteligente de los datos disponibles para proteger a los sistemas de salud.
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