No hace falta remontarse demasiado atrás. Hace apenas cinco años, cuando acudías a un especialista en nutrición, a un médico o a un entrenador para bajar de peso, una de las recomendaciones estrella era clara y casi incuestionable: salir a caminar. Y lo cierto es que, a día de hoy, ese consejo no ha quedado obsoleto. El movimiento constante sigue siendo una de las bases de un estilo de vida saludable. Pero, y aquí viene el matiz importante, ya no es la única ni la más eficaz solución por sí sola.
@ariana_donovan
Cada vez son más los profesionales de la salud y del deporte que coinciden en algo: caminar es positivo, sí, pero no suficiente si el objetivo es perder peso de forma eficiente, saludable y sostenible en el tiempo. No lo descartan, pero tampoco lo defienden como la única estrategia. Entre ellos se encuentra Judit Bonet, licenciada en Ciencias del Deporte y divulgadora a través de redes sociales como TikTok (@judit_trainer), donde comparte a diario consejos claros y realistas sobre cómo adelgazar, tonificar o reducir esa grasa localizada que tantas veces se resiste, especialmente en abdomen y muslos.
Fue precisamente en uno de sus vídeos donde Bonet abordaba una de las preguntas más repetidas: ¿es posible adelgazar caminando? La respuesta es un sí, pero con condiciones. Según explica desde su experiencia profesional, caminar puede ser un buen punto de partida, siempre que se acompañe de otros hábitos clave:
“Bajar de peso caminando es posible, empezando a caminar a un ritmo ligero, pero para que funcione hay que cuidar lo que comemos y realizar entrenamiento de fuerza para acelerar el déficit calórico.”
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RBA
¿Cómo perder esos kilos de más sin volverse loca?
Estamos a 21 de diciembre. Traducido: polvorones, mazapanes, comidas de empresa, cenas familiares, reencuentros con amigos… y una rutina que se tambalea. Mantener horarios, entrenamientos y cierta organización se vuelve complicado, y no pasa nada. Quizá estos consejos no sean los más aplicables para estas fechas (o quizá sí, según cómo lo mires), pero desde luego lo serán para ese momento tan simbólico que llega tras las fiestas: el 2 o el 7 de enero, cuando decidimos volver a la rutina, afrontar la cuesta de enero o empezar (otra vez) con los buenos propósitos.
Porque si algo está claro es que enero dispara las inscripciones a los gimnasios, las promesas personales… y también las dietas extremas. Por eso, antes de caer en soluciones milagro, conviene escuchar a quienes apuestan por el equilibrio. Judit Bonet lo resume con claridad y sin dramatismos.

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Caminar adelgaza, pero importa cómo lo haces
Según la entrenadora, caminar sí ayuda a perder peso, siempre que se haga a un ritmo ligero. No se trata de pasear sin más, sino de activar el cuerpo: “Si empiezas a caminar a un ritmo ligero vas a consumir entre 3 y 5 calorías por minuto. Es decir, que si caminas 30 minutos al día eso equivale aproximadamente a 150 calorías.”
@lululemon
No es una cifra espectacular, pero sí significativa si se mantiene en el tiempo. Además, caminar no solo quema calorías: favorece la movilización de las grasas, mejora la circulación y reduce el estrés, algo importante cuando hablamos de pérdida de peso. Aun así, Bonet insiste en que el movimiento debe entenderse como un conjunto, no como un gesto aislado.
Alimentación: sin dietas, pero con cabeza
Otro de los pilares fundamentales es la alimentación. Y aquí la entrenadora es muy clara: no habla de dietas estrictas ni de restricciones imposibles de mantener, sino de aprender a comer mejor.
“Cuida lo que comes. Si entrenas pero consumes alimentos ultraprocesados, ricos en azúcares y grasas poco saludables, estarás dificultando el progreso.”
Bonet pone el foco en algo que a menudo se pasa por alto: una alimentación desequilibrada no solo frena la pérdida de grasa, sino que puede provocar pérdida de masa muscular, más cansancio y sensación constante de fatiga. Comer bien no es solo adelgazar, es rendir mejor, sentirse con energía y cuidar la salud a largo plazo.

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El entrenamiento de fuerza, el gran aliado (aunque no lo creas)
Durante años se pensó que el entrenamiento de fuerza era sinónimo de ‘ponerse grande’. Hoy, ese mito ha quedado atrás. Bonet, como muchos otros expertos, insiste en que es una pieza clave en cualquier proceso de pérdida de peso: “El entrenamiento de fuerza va a ser tu mejor aliado para aumentar tu metabolismo basal, es decir, tu gasto calórico, y así facilitar el déficit calórico.”
@alowellnessclub
Más músculo significa mayor gasto energético incluso en reposo. Además, el entrenamiento de fuerza protege los huesos, mejora la postura, previene lesiones y contribuye a un cuerpo más firme y funcional. No se trata de levantar grandes pesos ni de entrenar todos los días, sino de incluirlo de forma regular, al menos tres veces por semana.
El secreto: hábitos sostenibles
Judit Bonet lo deja claro: no necesitas dietas extremas, entrenamientos extenuantes ni rutinas imposibles de mantener. La fórmula es mucho más sencilla, y realista, de lo que parece. Consiste en unir tres pilares básicos: moverte de forma constante (caminar cuenta), llevar una alimentación equilibrada y practicar entrenamiento de fuerza de manera regular.
Con este enfoque, el objetivo no es perder ‘cinco kilos en tres meses’, sino algo mucho más valioso: construir hábitos de vida saludables, sostenibles en el tiempo, que te permitan sentirte bien, fuerte y con energía. Porque al final, más allá del peso, hablamos de salud. Y eso sí que es un propósito que merece la pena mantener.