En las últimas semanas, la hondarribitarra Naiara Goikoetxea ha estado en Maddalen, centro de arte contemporáneo, trabajando en su proyecto ‘470 nanometro’, con el que … se adjudicó la beca ‘Hondarribia Sormen Hiria’, en la que también se impuso Julia Lasa. La exposición se puede ver entre semana de 17.00 a 20.00 y los sábados y domingos, de 11.00 a 20.00 en el local que se encuentra entre el primer y segundo tramo de las escaleras mecánicas.

–Para empezar, cuéntenos cuál ha sido su trayectoria en el mundo del arte.

–Yo estudié Bellas Artes en Barcelona y desde entonces siempre he estado pintando y he seguido formándome. Desde hace unos siete años para aquí ya ha cogido un poco más forma todo este lenguaje plástico que suelo emplear relacionado con el mar y demás. Cada vez puedo dedicarme más a la pintura y soy profesora de secundaria de plástica de arte.

–En sus cuadros destaca la presencia del mar.

–Más que el mar, lo que sobre todo trabajo es la relación que tenemos las personas con el mar. Y lo hago desde un enfoque muy emocional por la importancia que tiene en nuestra identidad, en un sitio como Hondarribia. Con este proyecto he podido elaborar algo más cerrado, donde se incluyen vídeos, escritos… Me ha dado la oportunidad de reflexionar sobre todo aquello que iba haciendo hasta ahora y buscarle un sentido o redondearlo de alguna manera.

–Ganar una beca es una alegría pero, ¿también una responsabilidad?

–De primeras es una alegría, porque te da la oportunidad de trabajar más a fondo aquello que tenías pensado o en lo que estabas trabajando. Es verdad que te hace trabajar de una manera distinta, porque entran en juego los plazos. Ahí hay un punto de stress, pero en esa situación lo que ocurre es que vas redondeando y cerrando más las cosas. Como tienes un plazo, lo tienes que acabar. Así que también tiene una parte positiva.

–Se ha reactivado la beca ‘Hondarribia Sormen Hiria’.

–Sí, hace años se daban becas artísticas y se han recuperado. Es un impulso muy grande, también desde el punto de vista económico, porque te permite no mirar tanto todo el material que se gasta y eso también se nota en la obra. He podido pintar en lienzos grandes, tres de metro y medio por metro y medio que forman una serie. Y en el proceso aparecen cosas muy interesantes, como todo en la vida, en general.

–¿Cómo ha ido la estancia de dos meses?

–Muy bien. Me gustaría agradecer a toda la gente que va pasando por el taller y la comunicación que surge con ellos, que para mí es súper importante, muy enriquecedor.

–¿Ha pasado mucha gente?

–Sí. Entre semana está tranquilo pero el fin de semana hay más tránsito. Y los que pasan te van contando qué les sugiere la obra, vivencias propias, anécdotas… y yo lo suelo anotar, tengo muy presente lo que me van diciendo. Alguno se emociona al ver lugares que reconoce.

–Todo esto no era posible hasta la apertura de Maddalen.

–Yo ya tenía hablado con Judas Arrieta, el coordinador de Maddalen, la posibilidad de una estancia. Entonces, cuando me dieron la beca también contribuyó a que todo cogiese más sentido. Esta residencia nos da la oportunidad de plantearlo como queremos cada artista. En mi caso, utilicé la fórmula de estar durante un mes y medio como taller, con las puertas abiertas y que la gente viese el proceso del trabajo.

–¿Qué ha supuesto Maddalen para los artistas de Hondarribia?

–Ha sido como un punto de inflexión. Mucha gente trabaja en sus talleres o en sus txokos. Para empezar, se han hecho unas exposiciones colectivas y eso ha hecho posible que nos encontremos. O que nos reencontremos. Con Maddalen nos hemos activado y se han construido lazos entre nosotros. Hondarribia siempre ha tenido una trayectoria muy creativa de artistas, artesanos y demás, y durante unos años vimos que eso pegó como un pequeño bajón.

–Incluso cinco artistas fueron al FIG de Bilbao bajo el paraguas de Maddalen.

–Sí. A una feria no vas de forma individual, tienes que estar respaldado por una galería. Y el hecho de que Maddalen sea una galería de arte significa también un impulso muy grande para poder ir a ferias de este tipo. Y es ahí donde pueden surgir más contactos.

–Acabada la estancia, da paso a la exposición.

–Eso es. El proyecto constaba de tres fases. Una que era una recopilación de entrevistas o conversaciones, que he plasmado en vídeos, que se ve también en la exposición. Luego, el tríptico de tres obras grandes. Y luego todos los cuadros pequeños que he estado haciendo desde que supe que me dieron la beca. Más adelante, después de la exposición, haré un trabajo didáctico que se pueda implementar en las aulas de escuelas. También me gustaría exponer en otros lugares.