Cpsulas de la Nakagin Capsule Tower en un almacn

© Akio Kon/ Bloomberg/Getty Images

Cápsulas del tiempo

Liderado por Maeda, el Nakagin Capsule Tower Preservation and Regeneration Project activó una estrategia inédita: rescatar cápsulas y donarlas o venderlas a instituciones. 14 han sido restauradas con sus características originales; una, la A1305, fue adquirida por el Museum of Modern Art de Nueva York. Esa cápsula, que un día coronó la torre en su planta más alta, es hoy el corazón de The Many Lives of the Nakagin Capsule Tower, la exposición abierta en el MoMA hasta el 12 de julio de 2026. Restaurada con piezas originales recuperadas de otras unidades, la A1305 conserva los paneles de control, el sistema de audio y el televisor que en los años 70 prometía modernidad doméstica: una auténtica cápsula del tiempo.

Interior de una cpsula de la Nakagin Capsule Tower

Fotografía A503 I de la serie 1972, disparada por Noritaka Minami y que recoge la evolución de la vida en el edificio desde su construcción hasta el momento de su desaparición.© Noritaka Minami

De Tokio al MoMA de Nueva York

Su restauración, supervisada por Kisho Kurokawa Architect & Associates, combina fidelidad y reinterpretación: algunos elementos se volvieron a fabricar, como la moqueta o el colchón, mientras que la carpintería y la electrónica fueron recuperadas de cápsulas mejor conservadas. “A día de hoy, nos gusta pensar que tenemos la mejor cápsula viva de la torre”, incide Paula Vilaplana de Miguel, una de las comisarias de la muestra. “Todo proyecto contiene múltiples vidas, que van más allá de la visión del arquitecto”, añade.

Con el tiempo, los salarymen de los 70 dieron paso a creativos y jóvenes profesionales, y estas estancias siguieron funcionando con inesperada vigencia. Símbolo absoluto del Metabolismo japonés, la Nakagin materializó, como explica Evangelos Kotsioris, también comisario de la exposición, “una arquitectura guiada por metáforas biológicas, donde solo las partes que perdían su utilidad debían ser reemplazadas, conservando recursos y adaptándose a nuevas necesidades”. Aquella lógica, adelantada medio siglo, resuena hoy con fuerza en los debates sobre sostenibilidad. La torre que quiso ser eterna nunca lo fue en términos materiales, pero su espíritu sigue intacto. En este nuevo renacer está, paradójicamente, su forma de alcanzar la verdadera eternidad.