Sin Marc Madiot el ciclismo pierde uno de los de antes, de los de siempre

Si ayer hablábamos de la vuelta de Andy Schleck, hoy del paso al lado de Marc Madiot.

El ciclismo, a menudo tan falto de personajes que se salgan del guion dictado por el potenciómetro y el marketing de escuadra, pierde a uno de sus tótems en la primera línea de fuego. Marc Madiot deja la gestión general de Groupama-FDJ.

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No es un adiós, pero sí un paso al costado que marca el fin de una era para la estructura más longeva y personalista del pelotón francés.

Tras casi tres décadas al mando, Madiot delega en Philippe Mauduit la gestión diaria, buscando, según sus propias palabras, un necesario “reabastecimiento” personal.

Hablar de la FDJ es hablar de Marc.

Desde aquel 1997, el equipo ha sido el reflejo de su carácter: pasional, a ratos visceral —imposible olvidar sus gritos desde el coche en los kilómetros finales de una clásica— y profundamente arraigado a una identidad francesa que a veces chocaba con la globalización del World Tour.

Madiot no solo dirigía un equipo; custodiaba una filosofía.

Bajo su mando, la estructura pasó de ser un modesto proyecto a un transatlántico que, si bien se le resistió el sueño amarillo del Tour, logró hitos con nombres como Pinot, Démare o Kung.

La decisión, comunicada tras un periodo de reflexión, sitúa a Philippe Mauduit como la cara visible de la operatividad.

Madiot admite que la carga de gestionar una maquinaria de este calibre acaba agotando la reserva emocional.

Sin embargo, su salida de la gestión operativa no implica una desaparición total; se mantiene en una posición de supervisión estratégica.

Es el movimiento lógico de quien entiende que el ciclismo moderno, cada vez más tecnificado y corporativo, exige una energía que quizás el “viejo rockero” prefiere canalizar de otra forma.

Madiot se va de la primera línea dejando un equipo saneado, con una base de talento joven envidiable y una estabilidad de patrocinio (Groupama y FDJ) que es la envidia de medio pelotón internacional.

Su legado es haber mantenido la relevancia de un ciclismo “de autor” en una era de equipos-estado y presupuestos infinitos.

Se retira el gestor, pero queda el símbolo.

El ciclismo francés, y el internacional por extensión, queda un poco más huérfano de esa autenticidad que solo los personajes como Marc saben imprimir desde el coche primero y ahora en otro rol, como Patrick Lefevere y ¿Eusebio Unzué?

Imagen: a.s.o./jonathan biche